• The Mandalorian & Grogu costará 166,4 millones de dólares, convirtiéndose en la película de Star Wars más económica de la era Disney.
• Este presupuesto controlado representa un cambio estratégico tras años de fracasos comerciales y series insostenibles que amenazaban el futuro de la franquicia.
• Favreau demuestra que la creatividad y la tecnología pueden sustituir al dinero: Star Wars vuelve a sus raíces de ingenio sobre presupuesto.
Hay algo casi poético en que Star Wars, una saga que nació de la austeridad creativa de George Lucas, haya tenido que aprender de nuevo el valor de la contención. En 1977, con apenas 11 millones de dólares, Lucas construyó una galaxia entera con maquetas, desiertos tunecinos y actores desconocidos. Esa película cambió el cine para siempre, no porque fuera cara, sino porque tenía algo que decir.
Décadas después, bajo el paraguas de Disney, la franquicia se convirtió en otra cosa: una maquinaria de presupuestos inflados y una búsqueda desesperada por justificar inversiones astronómicas.
Pero quizá algo está cambiando. The Mandalorian & Grogu llega a los cines en 2026 con un presupuesto de 166,4 millones de dólares. En el contexto de lo que Star Wars se ha convertido, es casi revolucionario. Es la película más barata de la era Disney. Y eso no es solo un dato contable. Es una declaración de intenciones.
El problema de los presupuestos desbocados
George Lucas siempre fue un cineasta consciente del dinero. La trilogía original se hizo con presupuestos controlados, y aunque la trilogía de precuelas vio costes más elevados, seguían siendo proyectos rentables. Lucas sabía que Star Wars no necesitaba ser la película más cara del mundo para funcionar.
Disney operó bajo una lógica diferente. El despertar de la Fuerza costó 245 millones. Los últimos Jedi, 317 millones. Y luego llegó Solo, con sus reshoots caóticos y un presupuesto que se disparó hasta convertir la película en el primer fracaso de taquilla de Star Wars bajo Disney.
Las series de Disney+ cayeron en la misma espiral. The Acolyte costó más de 230 millones de dólares. Andor, una serie brillante pero de nicho, superó los 645 millones en sus dos temporadas. Son cifras que hacen que te preguntes: ¿en qué momento perdimos el norte?
La corrección de rumbo
The Mandalorian & Grogu representa algo diferente. Con 166,4 millones de dólares —confirmados a través de documentos fiscales de California—, la película cuesta apenas un poco más que una temporada de la serie original. Para una producción teatral de Star Wars en la era moderna, es casi inaudito.
Lo fascinante es que este presupuesto no parece fruto de recortes desesperados, sino de eficiencia real. Jon Favreau llevó su filosofía de maximizar recursos al largometraje. La producción utilizó la tecnología StageCraft de ILM —esos escenarios LED que crean entornos virtuales en tiempo real— en lugar de costosos rodajes en localizaciones exóticas.
El rodaje transcurrió de junio a diciembre de 2024 sin el caos que caracterizó a Solo o Rogue One, ambas plagadas de reshoots y cambios de dirección. Hay claridad de visión, algo que muchas superproducciones de 200 millones no logran.
¿Qué significa esto para el futuro?
Si The Mandalorian & Grogu funciona —y todo apunta a que lo hará—, podría marcar un punto de inflexión. La siguiente película de Star Wars, Starfighter, dirigida por Shawn Levy y programada para 2027, parece seguir el mismo modelo. Esto sugiere que no estamos ante un experimento aislado, sino ante una estrategia sostenible.
Un presupuesto más bajo significa que la película no necesita recaudar mil millones de dólares para ser considerada un éxito. Puede permitirse ser más modesta en sus ambiciones comerciales, lo que paradójicamente le da más libertad creativa. No tiene que gustar a todo el mundo. Solo tiene que ser buena.
Pienso en Dune de Villeneuve. La primera parte costó 165 millones, casi lo mismo que The Mandalorian & Grogu. Y funcionó porque tenía algo que decir, porque respetaba a su audiencia, porque no intentaba ser todo para todos.
La tecnología como aliada
La tecnología StageCraft merece una mención especial. No es solo una herramienta para ahorrar dinero, aunque lo hace. Es una forma completamente nueva de pensar el cine. En lugar de viajar a Túnez o Islandia, puedes crear esos mundos en un estudio, con una flexibilidad y control que antes eran imposibles.
Y lo más importante: se ve bien. No es CGI barato. Es cine del futuro. La ciencia ficción siempre ha sido un espejo de nuestras posibilidades tecnológicas, y ahora The Mandalorian está construyendo galaxias con pantallas LED. La herramienta cambia, pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué historia queremos contar?
Al final, lo que hace que The Mandalorian & Grogu sea importante no es solo su presupuesto. Es lo que ese presupuesto representa: una vuelta a los principios que hicieron grande a Star Wars. No el espectáculo por el espectáculo, sino el espectáculo al servicio de la historia.
George Lucas construyó una galaxia con 11 millones de dólares porque tenía una visión clara. Favreau está demostrando que esa filosofía sigue siendo válida. Si esta tendencia continúa, Star Wars podría finalmente encontrar un equilibrio sostenible donde las historias importen más que las hojas de cálculo. Y eso, en una industria obsesionada con los números, sería la mayor revolución de todas.

