• Spielberg regresa al cine de contacto extraterrestre dos décadas después de La guerra de los mundos, planteando qué ocurriría si la humanidad recibiera pruebas irrefutables de vida alienígena.
• El spot de la Super Bowl apuesta por el misterio absoluto, revelando apenas nada pero lanzando una pregunta filosófica: ¿nos asustaría saber que no estamos solos?
• Con un reparto coral encabezado por Emily Blunt y Colin Firth, Disclosure Day promete ser algo más que espectáculo: una reflexión sobre cómo gestionaríamos colectivamente una verdad de esa magnitud.
Hay algo profundamente inquietante en la idea de que la verdad pueda llegar de golpe, sin preparación, sin filtros.
No como un descubrimiento gradual que la ciencia va desvelando con cautela, sino como un anuncio global, definitivo, que cambia todo en un instante.
Spielberg lleva décadas explorando nuestra relación con lo desconocido. Desde la maravilla infantil de E.T. hasta el terror visceral de La guerra de los mundos. Y ahora vuelve a ese territorio con una pregunta distinta: ¿qué pasa cuando el secreto deja de serlo?
Disclosure Day no es solo el título de su nueva película. Es un concepto, casi un experimento mental.
El spot que se emitió durante la Super Bowl lo deja claro: esto no va de naves espaciales ni de invasiones. Va de nosotros. De cómo reaccionaríamos si alguien nos mostrara, sin lugar a dudas, que no estamos solos en el universo.
Y de quién tiene el derecho —o la responsabilidad— de contarlo.
El misterio como estrategia narrativa
El anuncio dura apenas un minuto. Y en ese minuto, Spielberg y su equipo consiguen algo que pocas campañas de marketing logran: generar intriga sin mostrar prácticamente nada.
Colin Firth aparece pronunciando una frase críptica: «Si haces esto, no hay vuelta atrás». No sabemos quién es su personaje. No sabemos a quién se dirige.
Pero la tensión está ahí, palpable, como si estuviéramos escuchando una conversación a medias en una habitación contigua.
Me recuerda a cuando vi por primera vez el tráiler de Arrival. Esa sensación de estar ante algo importante, algo que va más allá del entretenimiento. Una película que te pide pensar, no solo mirar.
La sinopsis oficial plantea la premisa de forma directa: «Si descubrieras que no estamos solos, si alguien te lo mostrara, te lo demostrara, ¿te asustaría? Este verano, la verdad pertenece a siete mil millones de personas. Nos acercamos al Día de la Revelación».
Es una pregunta que resuena. Porque no se trata solo de si existen o no los extraterrestres. Se trata de qué hacemos con esa información. Cómo la procesamos. Cómo cambia nuestra percepción de nosotros mismos.
En Contact, la protagonista debía enfrentarse no solo al cosmos, sino a la incredulidad y el miedo de su propia especie. Aquí, Spielberg parece estar preguntándose algo similar: ¿estamos preparados para la verdad? ¿Y quién decide cuándo es el momento de contarla?
Un reparto coral para una historia colectiva
El elenco de Disclosure Day sugiere que esto no será una película de un solo protagonista salvando el mundo.
Emily Blunt, Josh O’Connor, Colin Firth, Eve Hewson, Colman Domingo y Wyatt Russell conforman un grupo diverso de personajes que, presumiblemente, representarán distintas perspectivas ante el mismo evento.
Colman Domingo ha comentado que la película tiene «mucho corazón», lo cual es revelador. Porque en manos de otro director, una premisa así podría convertirse en puro espectáculo visual.
Pero Spielberg siempre ha entendido que la ciencia ficción funciona mejor cuando habla de emociones humanas. Pienso en Encuentros en la tercera fase, donde el protagonista abandona a su familia, casi en trance, persiguiendo algo que no puede explicar.
El guion, escrito por David Koepp a partir de una historia del propio Spielberg, promete esa combinación de ideas grandes y humanidad íntima. Koepp ya colaboró con él en Jurassic Park y La guerra de los mundos, así que conoce bien el equilibrio entre espectáculo y sustancia.
Veinte años después de La guerra de los mundos
Es curioso que hayan pasado dos décadas desde que Spielberg abordó por última vez el tema alienígena de forma directa.
La guerra de los mundos era una película sobre el miedo post-11S, sobre la fragilidad de la civilización, sobre un padre intentando proteger a sus hijos en medio del caos.
Disclosure Day parece plantear el escenario opuesto. No una invasión, sino una revelación. No destrucción, sino conocimiento.
Pero quizá el miedo sea el mismo: el miedo a lo desconocido, a perder el control, a descubrir que nuestro lugar en el universo es mucho más pequeño de lo que creíamos.
Vivimos en una época donde la desinformación es moneda corriente, donde la verdad se fragmenta en mil versiones distintas según quién la cuente. La idea de un «Día de la Revelación» —un momento en que toda la humanidad recibe la misma información al mismo tiempo— es casi utópica.
O distópica, según se mire.
¿Qué haríamos con esa verdad? ¿Nos uniría o nos dividiría aún más? ¿Cambiaría algo, realmente, en nuestra forma de vivir?
El poder del silencio en el marketing
Hay algo valiente en lanzar un spot de Super Bowl que no muestra casi nada.
En una era donde los tráilers revelan giros argumentales completos, donde cada fotograma se analiza hasta la extenuación en redes sociales, Spielberg y su equipo han optado por el misterio.
«Todo será revelado», dice el tagline. Pero no ahora. No todavía.
Es una estrategia que confía en el público. Que asume que la curiosidad es más poderosa que la explicación. Y que, en el fondo, todos queremos creer que hay historias que aún pueden sorprendernos.
El 12 de junio sabremos si Disclosure Day cumple la promesa de su premisa. Si consigue hacernos sentir ese vértigo de estar al borde de algo inmenso, irreversible.
Si logra capturar no solo el espectáculo del contacto extraterrestre, sino la complejidad emocional de enfrentarnos a una verdad que cambia todo.
Porque al final, eso es lo que Spielberg hace mejor que nadie: recordarnos que la ciencia ficción no trata sobre el futuro o sobre otros mundos. Trata sobre nosotros, aquí y ahora, y sobre qué hacemos cuando el universo nos obliga a mirarnos al espejo.

