• Netflix España apuesta por el thriller histórico y el true crime para 2026, con proyectos que van desde el primer asesino en serie documentado hasta el asesinato de Miguel Ángel Blanco.
• Me interesa cómo estas historias usan el género como vehículo para explorar identidad y memoria colectiva, igual que la mejor ciencia ficción usa el futuro para hablar del presente.
• Luis Tosar aparece en dos proyectos clave, consolidándose como el rostro del thriller español contemporáneo.
Hay algo que la ciencia ficción y el thriller comparten: ambos son espejos. Uno mira hacia adelante, el otro hacia atrás, pero los dos preguntan lo mismo: ¿quiénes somos cuando nos enfrentamos a lo incomprensible?
Netflix España acaba de anunciar su catálogo para 2026, y lo que me llama la atención no es la lista de nombres —aunque hay talento de sobra— sino la coherencia temática. Estamos ante historias que usan el crimen y la tensión como excusa para hablar de identidad, memoria y miedo colectivo.
Es el tipo de narrativa que trasciende el entretenimiento puro. Y eso, en tiempos donde el algoritmo suele primar lo seguro, merece atención.
Oriol Paulo y la arquitectura del engaño
Oriol Paulo entiende algo fundamental: un buen thriller, como una buena película de ciencia ficción, se construye con arquitectura narrativa. Cada pieza debe encajar.
En nombre de otro promete ser un thriller donde nada es lo que parece. El reparto —Eduard Fernández, Mario Casas, Blanca Suárez, Alexandra Jiménez— sugiere personajes con capas, ambigüedad moral.
Paulo tiene esa habilidad para hacer que cada personaje parezca sospechoso y víctima al mismo tiempo. Es la misma dualidad que exploran películas como Blade Runner con sus replicantes: ¿dónde termina la víctima y empieza el villano?
El huésped invisible recaudó 25 millones de dólares solo en China. Un dato revelador: la narrativa bien construida no necesita traducción cultural.
El hombre lobo de Galicia: mito y horror real
Alberto Marini dirige Lobo, basada en Manuel Blanco Romasanta, el primer asesino en serie documentado en España. Arrestado en 1852, este sastre ambulante afirmó ser un hombre lobo.
Me fascina este tipo de historias porque funcionan en varios niveles. Por un lado, el true crime puro. Por otro, la pregunta más profunda: ¿qué lleva a alguien a construirse una identidad monstruosa?
Es el tipo de transformación que la ciencia ficción explora constantemente. Pienso en The Fly de Cronenberg, en cómo la metamorfosis física es solo la superficie de algo más oscuro: la pérdida de humanidad.
Luis Tosar encabeza el reparto. Tiene esa capacidad de transmitir violencia contenida, de hacer creíble tanto al héroe como al monstruo. Marini viene de La Unidad y Marbella, series que demostraron su habilidad para construir tensión sostenida.
Lobo podría explorar esa frontera difusa entre lo humano y lo bestial. Entre lo que somos y lo que creemos ser.
Miguel Ángel Blanco: cuando la memoria es resistencia
Jon Sistiaga dirige un documental sobre el secuestro y asesinato del concejal del PP en 1997 por parte de ETA. No es solo un recuento de hechos: es un análisis de cómo un país entero se movilizó durante dos días intentando evitar lo inevitable.
Hay algo profundamente humano en esa desesperación colectiva. En esa sensación de que si gritábamos lo suficientemente fuerte, podríamos cambiar el desenlace.
No pudimos. Pero algo cambió de todas formas.
Sistiaga sabe que estos temas requieren respeto pero también claridad. Es un ejercicio delicado: equilibrar el dolor individual con el despertar colectivo.
Hay heridas que solo se cierran cuando las miramos de frente. Es lo mismo que hace la mejor ciencia ficción con nuestros miedos sobre el futuro: nombrarlos para poder procesarlos.
El resto del catálogo
Salvador, con Luis Tosar de nuevo, explora a un padre intentando sacar a su hija de una banda neonazi. Un thriller familiar con resonancias muy actuales sobre radicalización.
El problema final, basada en Pérez-Reverte y ambientada en los años 50, promete ese sabor a noir clásico. El niño, adaptación de Fernando Aramburu con Belén Cuesta, probablemente jugará con esa mezcla de drama íntimo y contexto histórico que Aramburu domina.
También llegan proyectos biográficos sobre Raphael y Rafa Nadal. Figuras que trascienden su campo, símbolos de una época y de la resiliencia.
Por qué importa todo esto
Lo que Netflix España está construyendo no es solo un catálogo de estrenos: es una conversación sobre quiénes somos como sociedad.
Desde el primer asesino en serie hasta un momento de resistencia colectiva, estas historias usan el thriller como vehículo para algo más grande. Igual que Arrival usa la llegada de alienígenas para hablar sobre el lenguaje y la percepción del tiempo.
El cine español ha madurado en la última década. Ya no se trata de competir con Hollywood, sino de encontrar una voz propia. De contar historias que solo pueden contarse desde aquí.
Netflix parece haberlo entendido. Su apuesta por creadores como Paulo, Marini y Sistiaga es clara: el futuro del audiovisual español pasa por mirar hacia dentro, por explorar nuestras sombras y nuestras cicatrices.
Y yo, desde luego, estaré ahí para verlo.

