Mercy: la IA que decide si vives o mueres en 90 minutos

Mercy imagina un futuro donde una IA juzga crímenes en tiempo real y desnuda nuestra responsabilidad al dejar la justicia y la moral en manos de algoritmos.

✍🏻 Por Alex Reyna

enero 24, 2026
  • Mercy fusiona el formato «Screenlife» con narrativa tradicional para explorar cómo la IA que creamos refleja nuestras propias decisiones morales y responsabilidades como sociedad.
  • La metáfora de la IA como «hija» de la humanidad resulta más inquietante que cualquier distopía de máquinas rebeldes, porque nos obliga a mirar nuestra propia responsabilidad en su desarrollo.
  • La película funciona como parábola urgente sobre justicia automatizada, preguntándonos qué futuro estamos construyendo cuando delegamos decisiones humanas fundamentales en algoritmos.

Hay algo profundamente inquietante en la idea de ser juzgado por algo que tú mismo ayudaste a crear.

No hablo solo de ironía narrativa, sino de esa sensación visceral de perder el control sobre nuestras propias herramientas. Mercy, el nuevo thriller de ciencia ficción protagonizado por Chris Pratt y Rebecca Ferguson, no se conforma con plantear este dilema como premisa de acción.

Va más allá. Pregunta directamente: ¿qué pasa cuando nuestras creaciones tecnológicas empiezan a tomar decisiones sobre vida y muerte? ¿Y qué dice de nosotros que estemos dispuestos a cederles ese poder?

Lo fascinante de esta propuesta no es solo su argumento —un detective acusado del asesinato de su esposa, juzgado por una IA que él mismo contribuyó a desarrollar— sino cómo el director Timur Bekmambetov utiliza el lenguaje cinematográfico para reflejar nuestra realidad digital.

Combina el formato «Screenlife» (ese estilo narrativo que transcurre a través de pantallas, popularizado en películas como Searching) con técnicas tradicionales.

El resultado no es un truco visual, sino un espejo de cómo vivimos ahora: fragmentados entre lo físico y lo digital, juzgados constantemente por sistemas que apenas comprendemos.

Una carrera contrarreloj dentro del sistema

La trama de Mercy es directa pero cargada de tensión conceptual.

Chris Raven es un detective condecorado del LAPD que participó en el desarrollo de Judge Maddox, un sistema de IA diseñado para impartir justicia de forma objetiva. Cuando su esposa Nicole es asesinada, Raven se convierte en el principal sospechoso.

Lo que sigue es una cuenta atrás de 90 minutos. Noventa minutos para demostrar su inocencia antes de que la sentencia —dictada por la propia IA que ayudó a crear— se ejecute.

La premisa recuerda a esos experimentos mentales que tanto me gustan de la ciencia ficción clásica: ¿puede una máquina ser verdaderamente justa? ¿O simplemente replica los sesgos de quienes la programaron?

El formato como mensaje

Bekmambetov lleva años explorando el «Screenlife» como lenguaje cinematográfico. Para él, no es un género ni un gimmick, sino una forma de capturar cómo realmente vivimos.

Y tiene razón. Pensad en cuántas conversaciones importantes habéis tenido por WhatsApp, cuántas decisiones laborales por Zoom, cuántas relaciones que empezaron o terminaron en una pantalla.

Kali Reis, que interpreta a Jaq Diallo, la compañera de Raven, comentó que este formato le dio una sensación de urgencia real durante el rodaje. Esa distancia forzada, esa mediación tecnológica constante, añade una capa de alienación que funciona perfectamente para la historia.

Lo interesante es que Mercy no se queda solo en Screenlife. Mezcla ese formato con cinematografía tradicional.

Es un reconocimiento de que vivimos en ambos mundos simultáneamente: el físico y el digital. Y que las consecuencias de nuestras acciones en uno afectan inevitablemente al otro.

La IA como espejo, no como villana

Aquí es donde la película —y las reflexiones de Bekmambetov— se vuelven realmente fascinantes.

El director rechaza la narrativa simplista de «IA malvada». En su lugar, propone algo mucho más incómodo: la IA como reflejo directo de nosotros mismos.

«La IA no es una amiga, desde luego… Pero tampoco es una enemiga. La IA es una hija. Porque nosotros creamos la IA, y depende de nosotros cómo crecerá», explicó Bekmambetov.

Esta metáfora de la IA como «hija» de la humanidad es potente. Implica responsabilidad, cuidado, educación.

Me recuerda a Her, de Spike Jonze, aunque desde otro ángulo. Allí la IA evolucionaba más allá de nosotros. Aquí, la pregunta es más básica y quizá más urgente: ¿qué le estamos enseñando?

Cada búsqueda, cada clic, cada interacción digital es un dato que alimenta estos sistemas. Somos, literalmente, los padres de esta nueva forma de inteligencia.

Como alguien que pausó Arrival para apuntar frases sobre el lenguaje y la percepción, reconozco en Mercy ese mismo impulso de detener y reflexionar. No sobre extraterrestres, sino sobre algo más cercano: las herramientas que estamos construyendo ahora mismo.

Bekmambetov insiste en que debemos asumir esa responsabilidad también en el cine. Argumenta que los cineastas profesionales deberían entrenar herramientas de IA para mejorar la calidad del contenido.

Es una postura optimista, quizá ingenua, pero coherente con su visión de la IA como algo moldeable.

Justicia automatizada: ¿quién programa la moral?

El corazón filosófico de Mercy está en su exploración de la justicia.

¿Puede un algoritmo ser justo? ¿Qué significa siquiera «justicia» cuando la aplica una máquina?

Chris Sullivan, parte del reparto, señaló que la película plantea preguntas importantes sobre justicia directamente a la audiencia. No ofrece respuestas fáciles. Y eso es precisamente lo que la hace valiosa.

Pensad en los sistemas de reconocimiento facial que ya se usan en algunos países para vigilancia masiva. O en los algoritmos que deciden quién recibe un préstamo, quién es contratado, quién es considerado sospechoso.

Ya estamos delegando decisiones morales en máquinas. Mercy simplemente lleva esa lógica un paso más allá: ¿y si delegamos la decisión final sobre vida y muerte?

Me viene a la mente Blade Runner y su pregunta central sobre qué nos hace humanos. Aquí la pregunta es distinta pero igual de fundamental: ¿qué hace que una decisión sea justa? ¿La lógica perfecta o la comprensión imperfecta de contextos humanos?

La película funciona como advertencia, pero no del tipo apocalíptico. Es más sutil. Pregunta: ¿qué futuro estamos construyendo ahora mismo, con cada decisión que tomamos sobre cómo desarrollar y aplicar estas tecnologías?

El peso del futuro

Bekmambetov reveló que su motivación personal para hacer esta película viene de ser padre. Tiene un hijo pequeño y se pregunta constantemente qué mundo le está dejando, qué debería hacer ahora para asegurarle opciones en el futuro.

Es una preocupación que resuena. La ciencia ficción siempre ha sido, en el fondo, sobre el presente. Sobre nuestros miedos actuales proyectados hacia adelante.

Mercy no es una película sobre un futuro lejano con IA omnipotente. Es sobre las decisiones que estamos tomando ahora, sobre los sistemas que estamos construyendo hoy.

El reparto incluye también a Rebecca Ferguson como Judge Maddox (presumiblemente la voz/interfaz de la IA), Annabelle Wallis como Nicole, Kenneth Choi y Kylie Rogers. El guion es de Marco van Belle, y marca el regreso de Bekmambetov al cine estadounidense de gran presupuesto tras su remake de Ben-Hur en 2016.


Mercy llega en un momento en que las conversaciones sobre IA están en todas partes, pero rara vez van más allá de titulares alarmistas o entusiasmo tecnoutópico.

Esta película, con sus 100 minutos de duración, intenta algo más difícil: hacernos pensar en nuestra responsabilidad. No como usuarios pasivos de tecnología, sino como creadores activos del futuro.

Cada dato que generamos, cada sistema que aceptamos sin cuestionar, cada decisión que delegamos en un algoritmo, es un voto sobre qué tipo de mundo queremos.

La pregunta que deja Mercy no es si la IA nos juzgará algún día. Es si estamos preparados para asumir que, cuando lo haga, solo estará reflejando lo que nosotros le enseñamos.

Y esa, quizá, es la idea más inquietante de todas: que el juicio final no vendrá de una máquina fría y ajena, sino de un espejo perfecto de nosotros mismos.

¿Qué veremos cuando nos mire?


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

Document

Ediciones Especiales

AL MEJOR PRECIO

books

SOLO EN

Ediciones Especiales

AL MEJOR PRECIO

SOLO EN

{"email":"Email address invalid","url":"Website address invalid","required":"Required field missing"}
>