Prohibieron el cartel de The Mummy en el metro — pero ya está en tu casa

La ASA británica prohibió el cartel de The Mummy tras 30 quejas por mostrarse en espacios públicos. El director Lee Cronin respondió recordando que su momia ya está en vuestros hogares a través de Netflix. El debate sobre qué público decide a qué público proteger sigue abierto.

✍🏻 Por Alex Reyna

agosto 10, 2026
  • La Advertising Standards Authority del Reino Unido prohibió el cartel promocional de The Mummy tras recibir 30 quejas por exhibirlo en espacios públicos que nadie eligió mirar.

  • El director Lee Cronin respondió con humor negro, recordando que su momia ya vive en los hogares de todos a través de HBO Max.

  • En mi opinión, hay una paradoja fascinante aquí: censuramos en el andén una imagen que millones invitan voluntariamente a su salón, y eso dice más de nosotros que de la película.


Hay algo profundamente curioso en cómo una sociedad decide qué puede ver y qué no. No en las salas de cine, donde uno elige entrar con plena conciencia de lo que le espera, sino en la calle, en el metro, en esos espacios que simplemente existen y que todos compartimos sin haberlos pedido.

El horror, como género, siempre ha vivido en esa tensión: entre lo que queremos sentir y lo que nos negamos a admitir que nos afecta.

Cuando la Advertising Standards Authority del Reino Unido decidió prohibir un cartel de The Mummy, no estaba solo poniendo límites a una campaña publicitaria. Estaba, sin saberlo, abriendo una conversación mucho más interesante sobre dónde termina el arte y dónde empieza la incomodidad.

Y el director Lee Cronin, fiel a su oficio, encontró la respuesta perfecta.

Una imagen que incomoda, y que está ahí para eso

El cartel muestra a Katie Cannon, el personaje de la momia interpretado por Natalie Grace: una niña no-muerta de aspecto realista y perturbador, representada con una crudeza que no busca la distancia segura de lo fantástico, sino precisamente lo contrario.

Eso es lo que hace que funcione. Y también lo que hizo que molestara.

La ASA recibió 30 quejas de ciudadanos que consideraban la imagen angustiante, tanto para niños como para adultos. El problema no era tanto el contenido en sí, sino el contexto: los carteles aparecieron en el metro de Londres y en zonas visibles desde una guardería infantil.

Ese es el matiz que lo cambia todo.

Cuando el contexto lo es todo

Cartel de Lee Cronin's The Mummy prohibido en el metro de Londres por la ASA del Reino Unido

El horror en una sala de cine es un pacto. Uno firma cuando compra la entrada. Pero el horror en el andén del metro a las ocho de la mañana es otra cosa. Es una imagen que no has elegido, que no puedes evitar, y que te acompaña durante el resto del trayecto.

La ASA determinó que la campaña infringía las normas CAP Code 1.3 y 4.2, que regulan precisamente este tipo de publicidad no segmentada. Warner Bros. defendió la decisión creativa argumentando que la imagen ya había sido moderada respecto a la apariencia original del personaje para reducir su impacto.

Es decir, que lo que vimos era la versión suavizada.

Hubo también una queja que afirmaba que la imagen trivializaba la pérdida infantil y los conflictos globales. La ASA descartó ese argumento. Y con razón: si empezamos a prohibir imágenes por las asociaciones que despiertan en distintas personas, entramos en un terreno muy resbaladizo.

Aquí no puedo evitar pensar en la ciencia ficción que tanto me ha marcado. Buena parte de las distopías que adoro —de Blade Runner a Minority Report— giran en torno a lo mismo: quién controla las imágenes que habitan el espacio público, quién decide qué ojos deben ver qué cosa. El cartel de una momia parece trivial al lado de eso, pero es la misma pregunta en miniatura.

La respuesta que nadie esperaba, pero todos agradecemos

Aquí es donde entra Lee Cronin con una de las réplicas más elegantes que ha dado un cineasta ante una controversia de este tipo.

Ante la prohibición, el director publicó en Instagram:

«Odio estropear la fiesta, pero ella ya está dentro de tu casa en @hbomax.»

Pocas frases condensan mejor el espíritu del género. Y pocas respuestas resultan tan apropiadas desde el punto de vista de alguien que entiende de qué va todo esto.

Porque tiene razón. El miedo que la ASA quería mantener fuera de los espacios públicos ya había cruzado el umbral de los hogares. Voluntariamente, eso sí. Pero ahí estaba.

La reacción de fans y críticos fue, comprensiblemente, entusiasta. Es el tipo de humor que solo puede permitirse quien sabe exactamente lo que está haciendo.

Una película que divide, una polémica que une

The Mummy no ha tenido una vida fácil en términos de recepción crítica. Con un 45% en Rotten Tomatoes y algo más de 90 millones de dólares en taquilla mundial, el veredicto es más bien tibio.

Pero hay algo que la controversia del cartel ha conseguido: hablar de la película cuando quizá ya no se hablaba de ella.

Eso también es parte del ecosistema del cine contemporáneo. La polémica como amplificador. El escándalo como marketing involuntario. Y en este caso, con la chispa añadida de la respuesta del propio director.


Al final, lo que queda de toda esta historia no es solo la anécdota de un cartel prohibido. Es una pequeña radiografía de cómo nos relacionamos con el miedo cuando no lo hemos elegido, y de cómo el horror sigue siendo capaz de incomodar incluso antes de que empiece la película.

Confieso que soy de los que pausan una escena para apuntar una frase, y frente a este caso me pasó algo parecido: me quedé pensando en la contradicción durante días. Nos aterra encontrar un rostro perturbador en la pared del metro, pero pagamos una suscripción para tener a ese mismo rostro esperándonos en el salón.

Cronin lo sabe. Y lo sabe con una sonrisa. Hay algo casi filosófico en que la imagen más perturbadora de una película de terror no llegue a través de la pantalla, sino pegada en un andén.

El horror no necesita tu permiso. Solo necesita estar ahí.

Y gracias a HBO Max, ahora también puede estar en tu salón.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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