Supergirl cae al 57% en Rotten Tomatoes y entra en territorio podrido

Supergirl acumula un 57% en Rotten Tomatoes, 26 puntos por debajo del 83% que firmó el Superman de James Gunn. La crítica la coloca en territorio podrido. Analizamos qué dice esto del nuevo DCU.

✍🏻 Por Mario Ortega

junio 27, 2026
  • Supergirl acumula un 57% en Rotten Tomatoes, cayendo 26 puntos por debajo del 83% que firmó el Superman de James Gunn y aterrizando en territorio «podrido» según la plataforma de críticas.

  • La película, dirigida por Craig Gillespie y protagonizada por Milly Alcock, no logra capitalizar el impacto del memorable cameo que la actriz protagonizó en la anterior entrega del DCU.

  • Pese al tropiezo, el nuevo universo DC tiene munición de sobra por delante: Clayface, una secuela de Superman y la Batman de Matt Reeves siguen en camino.

  • Opinión del autor: Es una señal de alerta real, no un colapso apocalíptico. Pero sí un recordatorio de que construir un universo cinematográfico coherente y de calidad sigue siendo, como diría cualquier editor de cómics con cicatrices, extremadamente difícil.


Hay algo casi poético en que el universo cinematográfico que James Gunn ha levantado con tanto cuidado tenga su primer tropiezo serio precisamente con Supergirl. No porque sea la peor película posible, sino porque llega después de un Superman que, por fin, había hecho ilusionar a los fans más escépticos. Y claro, cuando las expectativas suben, la caída duele más.

No es la primera vez que DC nos sube a una montaña rusa emocional. Los que llevamos años siguiendo este universo —desde los días de Adam West hasta las tormentosas aguas del DCEU— sabemos que un solo resbalón no define un rumbo. Pero sí invita a preguntas incómodas que merece la pena hacerse con honestidad.

Un número que pesa más de lo que parece

Supergirl se estrena con un 57% en Rotten Tomatoes sobre más de 230 críticas. Técnicamente, eso la convierte en una película «podrida» según los parámetros de la plataforma.

¿Es ese número definitivo? No del todo. Pero el contexto lo hace especialmente llamativo: el Superman de Gunn, también bajo su paraguas y también con Milly Alcock en el reparto, logró un 83%. Hablamos de una diferencia de 26 puntos. Eso no es ruido estadístico, eso es una señal.

El nuevo DCU había arrancado con una promesa clara: calidad por encima de cantidad. Y Superman la cumplió. Supergirl, de momento, no.

El DCEU llama a la puerta

Cuando ves ese 57%, inevitablemente el cerebro friki empieza a hacer asociaciones. Man of Steel se quedó en un 56%. Batman v Superman cayó hasta un 28% (sí, ese mismo). Suicide Squad rozó el suelo con un 26%. Black Adam no llegó al 40%.

Esos números representan una era —la del DCEU (2013-2023)— en la que, demasiadas veces, se priorizó el espectáculo sobre la narrativa. Y, sin embargo, sería injusto despacharla de un plumazo.

Porque Zack Snyder, le pongas las pegas que le pongas a su ritmo o a su densidad, tenía una ambición visual y un sentido del mito que pocos directores del género se atreven a perseguir. Sus fotogramas parecían viñetas de Alex Ross cobrando vida. Que el experimento no siempre cuajara no significa que no hubiera ahí una mirada de autor genuina.

Y no todo fue irregular, ojo. Wonder Woman sacó un 93% que todavía envidian muchos superhéroes de la competencia. Shazam! llegó al 90% siendo una de las sorpresas más agradables del periodo. Pero la media general fue dura.

Ver a Supergirl más cerca de esos números que del Superman de Gunn es, cuando menos, un aviso.

El problema no era Milly Alcock

La ironía más dolorosa del asunto es esta: Milly Alcock fue uno de los grandes hallazgos de Superman. Su breve aparición dejó al público con ganas de más. Tenía carisma, energía, y ese punto de rebeldía que hace interesante a Kara Zor-El.

El problema no es ella. El problema, según apuntan las críticas —incluyendo las de quienes disfrutaron Supergirl: Woman of Tomorrow, el aclamado cómic de Tom King en el que se basa el guion—, son las decisiones creativas que rodean a ese potencial.

Y eso duele más, porque los ingredientes estaban ahí. La historia de King es íntima, melancólica y profundamente humana; un viaje espacial con alma de western crepuscular. Krypto, el superperro favorito de cualquier lector de Superman de los años 50, también aparece. David Corenswet vuelve a ponerse la capa. El material de partida tenía base de sobra.

Pero los cómics y el cine funcionan con lógicas distintas, y la fidelidad al papel no siempre garantiza éxito en la pantalla. Lo sabemos desde hace tiempo.

El horizonte sigue siendo prometedor

Y aquí toca lo que mejor le sienta a un análisis como este: contextualizar.

DC no está de vuelta en el pozo. Está en un momento de construcción, y los edificios a veces tienen andamios feos.

Clayface se estrena este otoño con una propuesta visual y tonal distinta a todo lo anterior. La secuela de Superman con Gunn y Corenswet ya está en marcha. Y en el horizonte sigue flotando la Batman de Matt Reeves, que en mi cabeza todavía suena con la música de Michael Giacchino de fondo.

El DCU tiene margen. Pero Supergirl es un recordatorio de que ese margen no es infinito.


Hacer buenas películas de superhéroes es complicado. Lo era cuando Tim Burton intentaba equilibrar lo gótico con lo pop, lo era cuando Joel Schumacher lo llevó todo al neón y los pezones en la batarmadura —un exceso que hoy, con perspectiva, hasta tiene su encanto camp—, y lo era cuando Nolan le quitó el color a Gotham. No hay fórmula mágica, ni siquiera con el mejor material del mundo en las manos.

Supergirl no liquida el proyecto de Gunn, pero sí le mete presión. Y quizás eso no sea malo. La presión, bien aplicada, hace que los siguientes pasos sean más deliberados, más cuidados. Si el nuevo DCU aprende más de sus tropiezos que de sus éxitos, podríamos estar ante algo realmente duradero. La historia de DC, tanto en papel como en pantalla, está llena de segundas oportunidades bien aprovechadas.


Valenciano de corazón, fan de DC y de los desayunos largos. Me gusta el cine que emociona, pero más aún el que te deja pensando.

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