- Marvel lleva meses alimentando la expectativa de Avengers: Doomsday con teasers, vídeos crípticos y apariciones públicas, pero sin lanzar un tráiler oficial que justifique tanta espera.
- El problema no es solo la falta de contenido: ya existe metraje real proyectado en CinemaCon 2026 con reacciones muy positivas, y los fans llevan semanas leyendo descripciones de ese material sin poder verlo.
- La opción más lógica para el gran lanzamiento apunta a la Hall H de San Diego Comic-Con, donde Marvel podría crear un momento épico y memorable para los fans más devotos.
- (Opinión de Clara): Marvel sabe perfectamente lo que hace, pero hay una línea muy fina entre mantener la conversación viva y agotarle la paciencia a la gente que más te quiere. Y esta vez creo que la han cruzado.
Hay algo que los fans de Marvel llevamos años haciendo de forma casi involuntaria: montar teorías, buscar pistas en cada post de Instagram, analizar fotogramas de dos segundos como si fueran los Manuscritos del Mar Muerto. Es parte del juego. Nos gusta. Pero existe un punto en el que ese juego deja de ser divertido y empieza a parecer que te están tomando el pelo.
Con Avengers: Doomsday, Marvel ha llegado peligrosamente cerca de ese punto. Y lo digo yo, que sigo el MCU desde Iron Man con una fidelidad que a veces me da hasta vergüenza reconocer.
Seamos claros: la maquinaria de marketing de Marvel Studios tiene un historial brillante. La Saga del Infinito se construyó con una precisión casi militar, con teasers que llegaban en el momento exacto y trailers que se convertían en eventos culturales. Cuando cayó el primer trailer de Infinity War, la gente lloraba. Literalmente. Yo entre ellas.
Pero con Doomsday, algo ha fallado en la ecuación.
La campaña ha generado más frustración que entusiasmo, y no es solo una percepción mía: si te das una vuelta por redes y foros, el cansancio es palpable tanto entre los fans casuales como entre los más entregados. El problema no está en la creatividad de las acciones, sino en la proporción entre lo que se promete y lo que se entrega.
El ejemplo más llamativo: un vídeo de cinco horas de una silla para ir revelando poco a poco miembros del reparto. Sí, es original. Sí, tiene su punto. Pero también es una prueba de resistencia disfrazada de marketing. ¿Cuánto te importa esta película? Lo suficiente como para quedarte mirando una silla durante cinco horas para descubrir quién sale en ella.
Y ojo, que aquí había material de sobra para volvernos locos sin recurrir a la tortura china. Estamos hablando de la película que corona toda la Saga del Multiverso, con Robert Downey Jr. regresando al MCU no como Tony Stark, sino como Doctor Doom, uno de los villanos más fascinantes que han salido jamás de las páginas de Marvel. Quien haya leído a Victor von Doom sabe que es mucho más que un malo con capa: es orgullo, tragedia y genialidad a partes iguales. Tienes ese caramelo en la mano y, en lugar de enseñarlo, nos pones a vigilar una silla. No me cuadra.
Luego llegó el momento de la aparición de los hermanos Russo en SXSW London. El hype que se generó en redes era brutal. Todo el mundo daba por hecho que el trailer llegaría ese fin de semana. La especulación estaba justificada por todos los indicios previos. ¿Qué pasó? Que los fans recibieron café temático de Doomsday. Un café. Con el logo.
Mira, entiendo que los fans a veces nos montamos películas en la cabeza y luego nos enfadamos porque la realidad no coincide con lo que habíamos imaginado. Eso es real y hay que reconocerlo. Pero también es verdad que Marvel lleva meses lanzando guiños, pistas y movimientos que apuntan en una dirección muy concreta, y luego no llegan a nada. Si tú mismo alimentas esa expectativa, no puedes sorprenderte cuando la gente explota.
Y el detalle que lo hace todo más difícil de digerir es este: el tráiler ya existe.
Marvel proyectó metraje de Doomsday en CinemaCon 2026, y las reacciones fueron abrumadoramente positivas. Los asistentes salieron entusiasmados. Las descripciones de ese material llevan semanas circulando por internet. Es decir, hay fans que saben exactamente lo que pasa en ese tráiler, y hay otros que solo pueden leer las reseñas de segunda mano.
Eso no es construir expectación. Eso es dejar que la gente se muera de sed mientras tienes el grifo cerrado a propósito.
La película llega el 18 de diciembre de 2026. No es una fecha lejana. Y aunque quedan opciones sobre la mesa, el tiempo empieza a jugar en contra. Podrían soltarlo sin previo aviso online, ese golpe de efecto que tan bien funciona cuando lo clavan. Podrían adjuntarlo a otro gran estreno del verano para garantizar pantalla y audiencia. O podrían reservarlo para la Hall H de San Diego Comic-Con.
Personalmente, la opción del Comic-Con me parece la más bonita. Hay algo especial en ver un tráiler de esa magnitud en una sala llena de gente que lleva décadas leyendo cómics de los Vengadores, esa misma gente que conoció a Doom en papel mucho antes de que se hablara de él en pantalla. Sería uno de esos momentos que se recuerdan. Me pasó en su día con el anuncio de la Fase 4 tras Endgame: la sala entera vibrando a la vez. Pero para que eso ocurra hace falta que el plan esté bien ejecutado, y últimamente la ejecución es exactamente lo que falla.
Marvel sigue siendo Marvel. Doomsday tiene todos los ingredientes para ser un evento cinematográfico mayúsculo: los Russo de vuelta, un reparto que hace temblar el suelo, un villano de leyenda y una historia que lleva años gestándose en los cómics. Nada de lo que está pasando ahora mismo me quita las ganas de verla.
Pero si algo he aprendido después de años siguiendo el MCU con esta intensidad, es que el entusiasmo de los fans no es un recurso infinito. Se puede gastar. Y la mejor forma de protegerlo es respetarlo. Marvel tiene el material, tiene el momento y tiene la audiencia. Solo necesita dar el paso.
Que de momento nos toca seguir descifrando fotogramas como si fueran los Manuscritos del Mar Muerto. Y, sinceramente, ya empieza a apetecer ver el pergamino completo de una vez.

