Netflix retrasa la película de Narnia hasta Febrero de 2027

Netflix retrasa El sobrino del mago al 12 de febrero de 2027 para darle un estreno amplio en salas. Greta Gerwig dirige esta nueva versión de Narnia con Daniel Craig, Meryl Streep y un elenco de lujo.

✍🏻 Por Tomas Velarde

mayo 4, 2026

• Greta Gerwig adaptará El sobrino del mago, primer libro cronológico de las Crónicas de Narnia, con estreno previsto para febrero de 2027 tras un retraso de tres meses.

• La decisión de Netflix de conceder un estreno amplio en salas demuestra que incluso los gigantes del streaming deben inclinarse ante el verdadero cine cuando se enfrentan a material que lo merece.

• El reparto incluye nombres de peso como Daniel Craig, Meryl Streep, Carey Mulligan y Emma Mackey, señalando la ambición del proyecto.


Hay algo profundamente revelador en el hecho de que Netflix, ese leviatán del streaming que durante años ha tratado el cine como mero contenido descargable, haya decidido conceder a la nueva adaptación de Narnia dirigida por Greta Gerwig un estreno amplio en salas.

No estamos hablando de una proyección testimonial de dos semanas en cuatro cines de Los Ángeles para cumplir con los requisitos de los premios. Estamos hablando de una distribución seria, de esas que antaño eran la norma y que hoy parecen un acto de fe.

¿Qué ha cambiado? La respuesta es tan simple como reveladora: mil cuatrocientos millones de dólares. Esa es la cifra que Barbie recaudó en taquilla, y esa es la cifra que ha obligado a Netflix a recordar que el cine, el verdadero cine, todavía se proyecta en pantallas grandes.

La decisión de retrasar el estreno de El sobrino del mago de noviembre de 2026 a febrero de 2027 no es un simple ajuste de calendario. Es una declaración de intenciones.

Es Netflix admitiendo, quizá a regañadientes, que ciertas obras merecen el ritual completo de la sala oscura, la butaca compartida, la experiencia colectiva que ningún algoritmo puede replicar. Y si hay una cineasta capaz de justificar semejante gesto en la actualidad, esa es Gerwig, quien con Barbie demostró que la inteligencia narrativa y el éxito comercial no son enemigos irreconciliables.


El regreso a Narnia: una apuesta de alto riesgo

La elección de El sobrino del mago como punto de partida para esta nueva incursión en el universo de C.S. Lewis es, cuanto menos, audaz. No es el libro más conocido de la saga.

Ese honor corresponde, sin duda, a El león, la bruja y el armario, que ya tuvo su adaptación en 2005 bajo la batuta de Andrew Adamson. Recuerdo perfectamente aquella película: técnicamente impecable, visualmente suntuosa, pero carente de la profundidad espiritual y filosófica que impregna la obra de Lewis. Era entretenimiento familiar competente, nada más.

Gerwig, sin embargo, parece haber comprendido algo que escapó a sus predecesores. El sobrino del mago es, en realidad, el libro más cinematográfico de la saga.

Es una historia de orígenes, de creación, de cómo la maldad entra en un mundo recién nacido. Es Génesis reescrito como fantasía victoriana. Es, en manos adecuadas, material para una obra maestra.

La cineasta ha demostrado en Mujercitas y Lady Bird una capacidad excepcional para encontrar la verdad emocional en historias aparentemente sencillas. Su aproximación al material de Louisa May Alcott fue reverente sin ser servil, moderna sin traicionar el espíritu de la época.

Pienso en aquella escena de Mujercitas donde Jo rechaza a Laurie bajo la lluvia, filmada con una economía de medios que habría hecho sonreír a Lubitsch. Cada encuadre servía a la emoción, no al lucimiento. Si logra aplicar esa misma sensibilidad a Lewis, podríamos estar ante algo verdaderamente especial.

Un reparto que promete, una historia que exige

El reparto anunciado es, sobre el papel, impecable. Daniel Craig, Meryl Streep, Carey Mulligan, Emma Mackey. Son nombres que garantizan profesionalidad, pero que también plantean interrogantes.

¿Cómo encajará Craig en el papel del tío Andrew, ese mago mediocre y vanidoso? ¿Podrá Streep aportar la necesaria ambigüedad a un personaje que aún no conocemos?

La tentación del star system es siempre peligrosa. Recuerdo con cierta melancolía cómo en el cine clásico los actores servían a la historia, no al revés. Hitchcock lo sabía bien cuando convertía a sus estrellas en meros instrumentos de su visión.

Netflix adquirió los derechos de Narnia en 2018, en plena fiebre por acaparar propiedades intelectuales con potencial de franquicia. Durante años, el proyecto pareció languidecer en ese limbo del desarrollo donde tantas buenas intenciones van a morir.

El anuncio de Gerwig como directora, poco después del fenómeno Barbie, cambió por completo la percepción del proyecto. Las tres películas anteriores de Narnia vieron sus recaudaciones descender progresivamente hasta que la saga se desvaneció en la nada, víctimas de su propia falta de identidad artística.

La apuesta teatral de Netflix

Lo verdaderamente significativo de este anuncio no es el retraso de tres meses. Es la decisión de Netflix de dar a la película un estreno amplio en salas el 12 de febrero de 2027, antes de su llegada a la plataforma el 2 de abril del mismo año.

Para un servicio que ha tratado históricamente las salas de cine como un mal necesario, esto representa un cambio de paradigma.

La lección de Barbie ha sido clara: el público todavía acude en masa a las salas cuando se le ofrece algo que merece la pena. Mil cuatrocientos millones de dólares no se recaudan por casualidad.

Se recaudan cuando una película se convierte en acontecimiento cultural, en tema de conversación, en experiencia compartida. Cuando el cine recupera su condición de ritual colectivo.

Gerwig ha demostrado comprender el lenguaje cinematográfico de una manera que pocos de sus contemporáneos logran. Su uso del color, del encuadre, de la composición, revela una formación visual sólida.

En Barbie, utilizó la saturación cromática y el diseño de producción para crear un universo coherente que funcionaba como comentario irónico sobre la cultura del consumo. Cada plano rosa chillón era una declaración de intenciones, un guiño cómplice al espectador inteligente.


El cine de fantasía épica es un territorio minado. Por cada El señor de los anillos hay una docena de intentos fallidos de replicar su éxito.

La diferencia suele residir en si los cineastas comprenden que la fantasía no es una excusa para el espectáculo vacío, sino un vehículo para explorar verdades humanas fundamentales. Lewis lo entendía. Tolkien lo entendía.

La pregunta es si Gerwig, formada en una tradición cinematográfica muy diferente, logrará capturar esa esencia. Su sensibilidad hacia lo humano, hacia lo íntimo, podría ser precisamente lo que Narnia necesita para renacer en la pantalla.

El retraso hasta 2027 nos concede tiempo para la reflexión, para la esperanza, y también para la inquietud. Porque en esta era de franquicias interminables y universos expandidos, lo que necesitamos no es otra saga más, sino cine que perdure.

Cine que merezca la pantalla grande. Cine que justifique el viaje a la sala oscura. Si Gerwig logra eso con Narnia, el retraso habrá valido la pena.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

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