• Los hermanos Duffer comenzaron a rodar la quinta temporada de Stranger Things sin tener el guion del final terminado, una decisión arriesgada que ellos mismos califican de «aterradora».
• El documental de Netflix revela que barajaron múltiples finales, incluido uno en el que Eleven se sacrificaba, aunque finalmente optaron por un desenlace más ambiguo.
• Después de casi una década juntos, el reparto se despidió emocionalmente mientras los creadores aún luchaban contra el reloj para cerrar una historia que ha marcado a toda una generación.
Hay algo profundamente humano en la incapacidad de soltar. En no saber cuándo terminar una historia que ha sido parte de tu vida durante años. Los hermanos Duffer lo saben bien: llevan casi una década construyendo el universo de Stranger Things, y ahora, en el momento de cerrarlo, se encuentran con la paradoja del creador: ¿cómo pones punto final a algo que ha crecido más allá de ti?
El reciente documental de Netflix, One Last Adventure: The Making of Stranger Things 5, nos regala una ventana a ese proceso creativo tan vulnerable como fascinante. Y lo que revela no es solo un detalle de producción, sino una metáfora perfecta sobre el acto de crear: a veces, hay que lanzarse al vacío sin red.
El riesgo de filmar sin final
Matt Duffer lo dice sin rodeos en el documental: «Entramos en producción sin tener un guion terminado para el final. Fue aterrador porque queríamos hacerlo bien. Era el guion más importante de la temporada».
No es una confesión menor. Estamos hablando de una serie que ha definido la cultura pop de la última década, que ha convertido a un grupo de niños en iconos globales y que ha resucitado el synth-pop ochentero como banda sonora de nuestras vidas. El peso de ese legado es enorme.
Pero hay algo más en esa decisión. Algo que me recuerda a cómo funcionan las mejores narrativas de ciencia ficción: no siempre puedes planificarlo todo desde el principio. A veces necesitas vivir la historia antes de poder cerrarla.
Pienso en 2001: Una odisea del espacio, donde Kubrick y Clarke reescribieron el final durante el rodaje. O en cómo Blade Runner tuvo múltiples versiones antes de encontrar su forma definitiva. Quizá los Duffer necesitaban rodar la serie, sentirla, dejar que los actores habitaran por última vez a esos personajes, para entonces saber qué final merecían.
Entre el sacrificio y la ambigüedad
El documental también levanta el velo sobre las ideas que casi fueron. Ross Duffer propuso en un momento que «todo el episodio debía construirse hacia el momento en que Eleven va a suicidarse». Un giro oscuro, definitivo, que habría llevado la serie a un territorio mucho más sombrío.
Matt, sin embargo, expresó sus dudas. Temía que después de tantos falsos finales, de tantas veces en las que habían jugado con las emociones del público, ese desenlace pudiera sentirse manipulador.
Y ahí está el dilema eterno del creador: ¿hasta dónde puedes llevar a tu audiencia antes de romper el pacto de confianza?
Al final, optaron por algo más ambiguo. Un compromiso entre ambos hermanos que, según el documental, es lo que veremos en pantalla. No sabemos aún qué significa eso exactamente, pero hay algo hermoso en la idea de un final que no lo resuelve todo. Que deja espacio para la interpretación.
Me pregunto si esa ambigüedad no es, en realidad, la única forma honesta de terminar una historia así. Porque Stranger Things nunca ha sido solo sobre monstruos y dimensiones paralelas. Ha sido sobre crecer, sobre perder la inocencia, sobre ese momento en el que te das cuenta de que el mundo es más complejo y más oscuro de lo que creías.
Y ese proceso no tiene un final limpio. Tiene matices. Tiene grises.
El documental también menciona otras ideas descartadas: Vecna cambiando de bando, una batalla masiva contra Demogorgons, incluso un episodio final de tres horas. Cada una de esas opciones habría llevado la serie en una dirección completamente distinta. Por cada decisión que tomas, hay diez universos paralelos en los que la historia es otra.
El adiós después de una década
Más allá de los guiones y las decisiones narrativas, el documental captura algo aún más conmovedor: la despedida del reparto. Casi una década juntos. Niños que se convirtieron en adultos frente a las cámaras. Amistades que trascendieron la ficción.
Hay algo profundamente emotivo en ver cómo se cierra ese ciclo. No solo para los personajes, sino para las personas reales que los interpretaron. Es el final de una era, no solo en la pantalla, sino en sus vidas.
Y quizá por eso los Duffer necesitaban ese tiempo extra para escribir el final. Porque no estaban cerrando solo una trama. Estaban cerrando una década de sus vidas, y las de todos los que formaron parte de este viaje.
Al final, lo que más me fascina de esta revelación no es el riesgo que tomaron los Duffer, sino lo que dice sobre el acto mismo de crear.
A veces, la única forma de encontrar el final correcto es lanzarte sin él. Confiar en que el proceso te llevará donde necesitas estar, aunque el camino no esté claro desde el principio.
Stranger Things termina pronto, y lo hará con un final que nació del caos, de la incertidumbre, de la presión de cerrar algo que ha significado tanto para tantos. Quizá ese sea el final más honesto que podían darnos: uno que no estaba escrito desde el principio, sino que se encontró en el camino. Uno que, como la vida misma, se construyó mientras se vivía.

