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Star Wars: Starfighter transcurrirá cinco años después de El ascenso de Skywalker, en una galaxia sin gobierno ni autoridad central tras la caída de la Primera Orden.
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Shawn Levy se inspira en The Outsiders de Coppola para situar en el centro del relato a marginados de clase trabajadora que sobreviven en los márgenes del caos galáctico.
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Ryan Gosling dará vida a Kade Auberon, un protagonista sin privilegios ni linaje, en una película que llegará a los cines el 28 de mayo de 2027.
💬 Opinión: Esta es la pregunta que Star Wars nunca se había atrevido a formular: ¿qué pasa después del triunfo, cuando no hay nadie para recoger los pedazos? El vacío político como punto de partida narrativo es una de las ideas más maduras que ha generado esta saga en mucho tiempo.
Hay una pregunta que los grandes universos de ciencia ficción casi nunca responden: ¿qué ocurre después de que cae el Imperio? No el momento épico de la victoria, sino los días siguientes. Las semanas. Los años. Cuando el enemigo ha sido derrotado pero nadie sabe muy bien quién manda ahora, ni qué ley aplicar, ni quién tiene derecho a reclamar qué.
Es la pregunta que Star Wars: Starfighter parece dispuesta a plantear. Y si lo hace bien, podría ser la entrega más interesante que ha dado esta franquicia en mucho tiempo.
Un vacío de poder con nombre propio
Shawn Levy, director de la película, ha revelado que Starfighter se sitúa cinco años después de los eventos de El ascenso de Skywalker, en un momento que nunca antes había sido explorado en pantalla dentro del universo Star Wars.
La galaxia no tiene gobierno. No hay República, no hay Imperio, no hay Primera Orden. Solo fragmentos.
Facciones criminales, gobiernos locales, mercenarios, piratas y restos dispersos de la Primera Orden compiten por territorio e influencia sin que nadie ejerza de árbitro. Como ha explicado el propio Levy: «Todo el mundo intenta sobrevivir, todo el mundo intenta hacer lo que puede para seguir adelante».
Esto es algo que, curiosamente, Star Wars nunca había mirado directamente a los ojos. Tras el final de El retorno del Jedi, la Alianza Rebelde construyó la Nueva República. Había un relevo claro, una narrativa de esperanza con instituciones que la sostuvieran. Aquí no hay nada de eso.
Y ese detalle importa más de lo que parece. Un vacío de poder no es solo ausencia de mando: es la pregunta de qué hacen las personas cuando desaparecen las reglas que daban por sentadas. Quién ocupa el hueco. Quién paga las consecuencias. Es, en el fondo, una idea profundamente política disfrazada de aventura espacial.
Los márgenes como protagonistas

Lo que más me interesa de esta propuesta no es la falta de orden en sí misma, sino quién vive en ese desorden.
Levy ha citado The Outsiders de Francis Ford Coppola como referencia directa. No es un nombre que uno espera escuchar en una conferencia sobre Star Wars, y quizás por eso resulta tan revelador. The Outsiders habla de clase, de personas que nacen en el lado equivocado de la línea y que nunca terminan de cruzarla del todo.
Kade Auberon, el personaje que interpreta Ryan Gosling, viene precisamente de ese lado equivocado de la galaxia. Sin privilegios, sin linaje, sin apellido que abra puertas. Y de algún modo queda conectado al caza estelar más rápido jamás construido.
Es una ruptura significativa con la tradición de Star Wars, que históricamente ha colocado en su centro a Jedis, senadores, princesas o líderes militares. Gente con poder o con destino trazado. Aquí el protagonismo recae sobre quienes sobreviven en los márgenes, los que no aparecen en los libros de historia galácticos.
Recuerdo haber pausado Arrival para apuntar frases sueltas, esas que te obligan a repensar cómo miras el mundo. Tengo la sensación de que Starfighter juega en ese mismo terreno: usar un mundo imaginario para decir algo verdadero sobre el nuestro. Porque las mejores distopías nunca hablan del futuro. Hablan de nosotros, ahora.
Un reparto a la altura de la ambición
La película no llega sola. Junto a Gosling, el reparto incluye a Matt Smith, Mia Goth, Aaron Pierre, Amy Adams, Simon Bird, Jamael Westman y Daniel Ings. El guión es de Jonathan Tropper, y Kathleen Kennedy produce junto al propio Levy.
Es un conjunto de nombres que sugiere que esta película quiere ser algo más que espectáculo. Mia Goth, en particular, tiene un historial de trabajos que combinan lo visceral con lo psicológico. Matt Smith sabe moverse entre lo teatral y lo contenido. No son elecciones casuales.
La fecha de estreno es el 28 de mayo de 2027. Tiempo suficiente para que la expectativa madure, o para que se desinfle. Eso siempre es un riesgo.
Lo que me quedo pensando, después de procesar todo esto, es que Starfighter podría ser el primer Star Wars que se pregunte seriamente qué significa construir algo en la ausencia total de estructuras. No el héroe que derriba el sistema, sino las personas que tienen que vivir en las ruinas del sistema después.
Otros universos ya han rondado esta herida. Dune nos enseñó que derrocar a un poder rara vez trae paz, solo un nuevo tipo de dominio. Blade Runner imaginó un mundo donde las instituciones se han disuelto en manos de corporaciones y nadie parece rendir cuentas. Star Wars, en cambio, siempre había preferido el consuelo del amanecer, del bien que vence y del orden que se restaura.
Que ahora se atreva a habitar el vacío, el después incómodo, me parece un gesto casi valiente. Porque esa pregunta —qué hacemos cuando ya no hay nadie al mando— no es solo de ciencia ficción. Es una de las más urgentes que podemos hacernos también fuera de la pantalla.
Y si Levy consigue trasladarla con la misma honestidad con la que parece estar pensándola, puede que tengamos entre manos algo que valga la pena recordar mucho después de que se apaguen los sables de luz.

