Resident Evil regresa al terror puro con Zach Cregger

Zach Cregger (Barbarian) dirige el nuevo Resident Evil: un hombre corriente atrapado en una noche infernal. Sin superheroínas. Terror de verdad.

✍🏻 Por Tomas Velarde

mayo 1, 2026

• Zach Cregger, responsable de Barbarian, asume la dirección de un nuevo Resident Evil que llegará a los cines el 18 de septiembre de 2026, abandonando el enfoque de superheroína de las anteriores entregas.

• La película promete centrarse en un mensajero médico atrapado en una noche de supervivencia, recuperando el terror claustrofóbico de los videojuegos originales de Capcom.

• Después de tantos intentos fallidos, esta aproximación podría ser la primera en entender que el terror nace de la vulnerabilidad, no de las acrobacias imposibles.


Hay franquicias que parecen condenadas a resucitar una y otra vez, como los propios zombis que las pueblan. Resident Evil es, sin duda, una de ellas. Después de seis películas protagonizadas por Milla Jovovich, un reinicio fallido en 2021 y una serie de Netflix que apenas sobrevivió una temporada, uno podría pensar que Sony habría aprendido la lección.

Pero no: el estudio vuelve a la carga, esta vez con un nombre que, al menos sobre el papel, genera cierta expectación. Zach Cregger, responsable de Barbarian —una de las pocas películas de terror recientes que merecen ese calificativo— toma las riendas de esta nueva iteración.

Y lo hace con una premisa que podría resultar refrescante: olvidarse de las acrobacias imposibles y los personajes invencibles para centrarse en algo tan simple como la supervivencia de un hombre corriente durante una noche infernal. Es un planteamiento que nos devuelve a la esencia misma de los videojuegos de Capcom. Veremos si esta vez el cine logra capturar lo que tantas veces se le ha escapado.


El legado de una franquicia errática

Para entender la relevancia de este nuevo intento, conviene hacer un breve repaso. Entre 2002 y 2017, Sony produjo seis películas dirigidas mayoritariamente por Paul W.S. Anderson, con Milla Jovovich como protagonista absoluta. Aquellas cintas tenían su público, hay que reconocerlo. Pero desde una perspectiva cinematográfica rigurosa, eran poco más que ejercicios de estilo vacíos.

El personaje de Alice, creado específicamente para el cine, se convirtió en una especie de superheroína invencible que poco o nada tenía que ver con el terror claustrofóbico de los videojuegos originales. Era espectáculo puro, sí, pero desprovisto de alma. El cine de terror, cuando funciona de verdad, no necesita piruetas imposibles. Necesita vulnerabilidad, atmósfera, y sobre todo, respeto por la inteligencia del espectador.

En 2021, Sony intentó un reinicio con Resident Evil: Welcome to Raccoon City, dirigida por Johannes Roberts. Esta vez la intención era acercarse más al material original. El resultado fue un fracaso estrepitoso en taquilla y una película que, pese a sus buenas intenciones, carecía de la dirección necesaria para sostener su propuesta.

Netflix se sumó al desastre con una serie original que duró apenas ocho episodios antes de ser cancelada. Ni siquiera la presencia del malogrado Lance Reddick pudo salvar un producto que parecía desconocer por completo qué era lo que hacía funcionar a Resident Evil como universo narrativo.

Un enfoque diferente

Lo que hace interesante este nuevo proyecto no es tanto la franquicia en sí —que, seamos honestos, ha demostrado ser más resistente que meritoria— sino quién está al mando. Zach Cregger demostró con Barbarian que entiende los mecanismos del terror contemporáneo. Aquella película era un ejercicio de tensión magistralmente construido, con giros narrativos que funcionaban porque estaban al servicio de una historia coherente.

Su reciente Weapons ha consolidado su reputación como uno de los directores de terror más prometedores del momento. Cregger no es un artesano de la vieja escuela —no esperemos de él la precisión geométrica de un Hitchcock—, pero sí es alguien que parece comprender que el terror eficaz nace de la vulnerabilidad, no de la invencibilidad.

La premisa de esta nueva Resident Evil resulta, en ese sentido, prometedora. Bryan, interpretado por Austin Abrams, es un mensajero médico que se ve atrapado en una noche de pesadilla. No es un soldado de élite, ni un científico brillante, ni una guerrera genéticamente modificada. Es, simplemente, un tipo normal en el lugar equivocado en el momento equivocado.

Esta aproximación nos devuelve, al menos conceptualmente, al espíritu de los primeros videojuegos: espacios claustrofóbicos, recursos limitados, y la constante sensación de que la muerte acecha en cada esquina. Hay algo en esa fórmula que recuerda al terror de La noche de los muertos vivientes de Romero, donde la verdadera amenaza no era solo el monstruo, sino la fragilidad humana ante lo desconocido.

El teaser oficial sugiere que Cregger ha optado por un tono más oscuro y realista que sus predecesoras. Hay menos neones, menos poses heroicas, y más sombras. Es un cambio de registro que, si se ejecuta correctamente, podría marcar la diferencia entre otra franquicia zombi olvidable y algo que merezca la pena recordar.

¿Tiene sentido otro reinicio?

La pregunta es legítima. Después de tantos intentos fallidos, ¿realmente necesitamos otra película de Resident Evil? Desde un punto de vista puramente artístico, probablemente no. Pero el cine, especialmente el cine de género, no funciona únicamente bajo criterios artísticos.

Lo que sí resulta evidente es que este proyecto tiene más posibilidades de funcionar que sus predecesores inmediatos. Cregger ha demostrado que sabe construir atmósferas inquietantes sin recurrir a los clichés más trillados del género. Si logra trasladar esa sensibilidad a un universo tan codificado como el de Resident Evil, podríamos estar ante algo genuinamente interesante.

La fecha de estreno, el 18 de septiembre de 2026, la posiciona como una de las grandes apuestas de terror de ese año, justo a tiempo para la temporada de Halloween. Sony, evidentemente, confía en que Cregger pueda hacer con Resident Evil lo que otros no han conseguido: convertirla en una película de terror respetable, no solo en un producto comercial.


Queda por ver si esta nueva Resident Evil logrará romper la maldición que parece perseguir a las adaptaciones cinematográficas de videojuegos. La historia del cine está plagada de intentos fallidos de trasladar la experiencia interactiva a la pantalla grande, y pocas veces el resultado ha estado a la altura.

Pero Cregger, al menos, parece entender que el terror no se construye con presupuestos millonarios ni con secuencias de acción imposibles, sino con algo mucho más sencillo y difícil de conseguir: la capacidad de hacer que el espectador sienta que él también está atrapado en esa noche infernal.

Habrá que esperar hasta septiembre de 2026 para comprobar si esta apuesta da sus frutos. Mientras tanto, podemos permitirnos un moderado optimismo. Al fin y al cabo, en el cine como en la vida, siempre hay espacio para la redención. Incluso para las franquicias zombi.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

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