Project Hail Mary: el experimento de 166 minutos que reta al público

Project Hail Mary es más que la peli más larga de Gosling: es un test para saber si aún queremos ciencia ficción que nos exija.

✍🏻 Por Alex Reyna

enero 26, 2026

• Ryan Gosling protagoniza «Project Hail Mary», que con 166 minutos se convierte en la película más larga de su carrera, superando a «Blade Runner 2049».

• Con un presupuesto de 150 millones de dólares, el filme necesita recaudar unos 400 millones para ser rentable, un desafío considerable tras el fracaso de «The Fall Guy».

• La adaptación de Andy Weir, autor de «The Martian», plantea una pregunta fascinante: ¿hasta dónde puede llegar el cine de ciencia ficción cuando apuesta por la duración y la complejidad narrativa?

Hay algo profundamente revelador en que una película de ciencia ficción se atreva a ocupar casi tres horas de nuestro tiempo. No es solo una cuestión de metraje: es una declaración de intenciones.

En una era donde el algoritmo nos ha entrenado para consumir historias en fragmentos de segundos, que un estudio apueste por 166 minutos de un astronauta solitario intentando salvar la Tierra dice mucho sobre qué tipo de narrativas todavía creemos que merecen espacio para respirar.

«Project Hail Mary» no es solo la película más larga de Ryan Gosling; es un experimento sobre cuánta paciencia le queda al público para las ideas grandes.

Cuando pienso en «Blade Runner 2049» —la anterior poseedora del récord en la filmografía de Gosling con 163 minutos—, recuerdo esas secuencias dilatadas, ese ritmo contemplativo que te obligaba a habitar el mundo en lugar de simplemente atravesarlo. Villeneuve entendió que ciertas preguntas sobre la humanidad no se responden en noventa minutos.

Ahora, Phil Lord y Christopher Miller se enfrentan a un reto similar: adaptar a Andy Weir, un autor cuya ciencia ficción no es de explosiones sino de problemas, de ecuaciones, de supervivencia metódica.

El peso de la duración en la ciencia ficción moderna

«Project Hail Mary» parte de la misma premisa narrativa que hizo funcionar «The Martian»: un protagonista aislado, un problema aparentemente irresoluble, y la ciencia como única herramienta de salvación. Pero añade quince minutos más a aquella fórmula.

Y esos quince minutos importan.

No porque el público sea incapaz de aguantar —»Oppenheimer» y «Avatar: The Way of Water» demostraron lo contrario—, sino porque cada minuto adicional es una apuesta por la profundidad frente al espectáculo. ¿Vamos a ver a Gosling flotando en el espacio mientras resuelve ecuaciones, o vamos a ver explosiones espaciales cada veinte minutos para mantener la atención?

Yo pausé «Arrival» para apuntar frases. Me pregunto si «Project Hail Mary» tendrá ese mismo efecto, o si la presión comercial obligará a diluir las ideas en acción.

El dilema comercial de las ideas complejas

Aquí es donde la cosa se pone interesante. «Project Hail Mary» tiene un presupuesto de 150 millones de dólares. Para ser rentable, necesita recaudar alrededor de 400 millones.

¿Qué dice de nosotros que una película deba recaudar 400 millones para justificar su existencia? ¿Qué tipo de historias estamos dejando de contar porque no alcanzan ese umbral imposible?

El precedente inmediato no ayuda: «The Fall Guy», el anterior proyecto de Gosling, costó 140 millones y fue un fracaso comercial. Sí, «Barbie» recaudó 1.400 millones, pero eso fue un fenómeno cultural imposible de replicar.

La clasificación PG-13 es un movimiento inteligente. Amplía la audiencia potencial sin sacrificar la seriedad temática. Pero sigue siendo mucho tiempo en una butaca de cine. Y en 2026, con plataformas de streaming ofreciendo pausas ilimitadas, el cine debe justificar cada minuto en pantalla grande.

Lo que dice sobre nosotros

Me interesa menos si «Project Hail Mary» será un éxito comercial y más qué representa su existencia.

Vivimos en un momento donde la ciencia ficción se ha bifurcado: por un lado, el espectáculo visual de Marvel y «Star Wars»; por otro, propuestas como «Arrival» o «Interstellar» que usan el género para explorar ideas sobre el tiempo, el lenguaje, el sacrificio.

Andy Weir escribe ciencia ficción optimista. Sus protagonistas no son héroes de acción; son solucionadores de problemas. Usan la lógica, la creatividad, la colaboración.

En un mundo cada vez más polarizado y catastrofista, hay algo casi subversivo en una historia que dice: «Sí, podemos resolver esto. Solo necesitamos pensar».

Que Amazon MGM apueste 150 millones por esa visión, y que lo haga con casi tres horas de duración, es una declaración de fe. Fe en que todavía queremos historias que nos hagan pensar, no solo sentir. Fe en que la ciencia ficción puede ser algo más que escapismo.


Al final, «Project Hail Mary» será juzgada por su taquilla, por sus críticas, por su impacto cultural. Pero yo prefiero verla como un termómetro: ¿todavía tenemos espacio mental para la complejidad?

¿Podemos sentarnos casi tres horas a ver a alguien pensar su salida de una crisis existencial?

Si la respuesta es sí, si el público responde, entonces quizá estemos ante un pequeño renacimiento de la ciencia ficción contemplativa. El tipo de cine que te acompaña días después del visionado, que te hace pausar y apuntar frases, que te obliga a replantearte cosas.

El tipo de cine por el que, personalmente, sigo volviendo a las salas oscuras. Marzo de 2026 nos dará la respuesta.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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