¿Otra Vez Los Ángeles de Charlie? La Enfermedad de Hollywood

Entre secuelas inútiles y reboots sin alma, Hollywood convierte franquicias míticas en zombis que nadie ha pedido resucitar.

✍🏻 Por Tomas Velarde

febrero 24, 2026

• Sony Pictures desarrolla una nueva película de Los Ángeles de Charlie con Pete Chiarelli, guionista de La proposición y Crazy Rich Asians, al frente del proyecto.

• La franquicia ha atravesado múltiples reinvenciones desde su origen televisivo en los años 70, con resultados comerciales cada vez más decepcionantes en las últimas dos décadas.

• Esta insistencia en revivir franquicias agotadas responde más a una lógica corporativa que a una necesidad artística genuina, ignorando las señales claras del público.


Hay algo profundamente revelador en la obstinación de los grandes estudios por resucitar franquicias que, en rigor, ya han dicho todo lo que tenían que decir. Sony Pictures acaba de anunciar que desarrollará una nueva película de Los Ángeles de Charlie, confiando el guión a Pete Chiarelli, conocido por su trabajo en La proposición y Crazy Rich Asians.

La pregunta que uno se hace, inevitablemente, no es si pueden hacerlo —claro que pueden—, sino si deben hacerlo.

Porque en esta era de reboots perpetuos y nostalgia manufacturada, parece que hemos olvidado una lección fundamental del cine clásico: no toda historia merece ser contada una y otra vez.

Hitchcock no hizo secuelas de Vértigo. Wilder no intentó rehacer El crepúsculo de los dioses con actores más jóvenes. Sabían que ciertas obras existen en un momento específico del tiempo, y que intentar replicarlas es, en el mejor de los casos, un ejercicio de futilidad. Esta sabiduría parece haberse perdido en el Hollywood contemporáneo, donde cada propiedad intelectual debe ser exprimida hasta el agotamiento.


La franquicia de Los Ángeles de Charlie nació como una serie televisiva de ABC en 1976, creada por Ivan Goff y Ben Roberts. Durante cinco temporadas, Farrah Fawcett, Kate Jackson y Jaclyn Smith encarnaron a un trío de detectives que trabajaban para el misterioso Charlie Townsend. Era puro entretenimiento setentero: acción ligera, glamour desenfadado y una premisa que funcionaba precisamente porque no pretendía ser más de lo que era.

El salto al cine llegó en el año 2000, cuando McG dirigió una versión protagonizada por Drew Barrymore, Cameron Diaz y Lucy Liu. Aquella película, hay que reconocerlo, entendía su propia naturaleza. Era consciente de su artificio, jugaba con los códigos del género de acción con una ironía que resultaba refrescante. Su éxito generó una secuela en 2003 que mantuvo el tono pero perdió parte del encanto original.

Luego vino el silencio. La franquicia parecía haber encontrado su descanso natural.

Pero en 2019, Elizabeth Banks escribió y dirigió un nuevo intento de relanzamiento, protagonizado por Kristen Stewart, Naomi Scott y Ella Balinska. A pesar de contar con actrices competentes y una directora con visión propia, la película fracasó estrepitosamente en taquilla. No porque fuera necesariamente mala, sino porque el público simplemente no sentía la necesidad de ver otra iteración de esta historia.


Y aquí estamos de nuevo. Sony ha contratado a Pete Chiarelli para escribir un nuevo guión. Los detalles de la trama permanecen en secreto, al igual que la información sobre quién producirá el proyecto.

Chiarelli destacó como guionista con La proposición en 2009, una comedia romántica que funcionó gracias a la química de Sandra Bullock y Ryan Reynolds más que a la originalidad de su premisa. Posteriormente trabajó en Crazy Rich Asians, un éxito comercial que supo capturar un momento cultural específico.

¿Es Chiarelli la elección adecuada? Técnicamente, tiene experiencia en comedias con elementos de acción y sabe construir diálogos ágiles. Pero la pregunta más importante es si existe realmente un enfoque fresco para esta franquicia, o si simplemente estamos ante otro ejercicio de explotación de propiedad intelectual.

El optimismo de quienes defienden este proyecto se basa en que «la franquicia siempre ha caminado en la línea entre la acción elegante y la energía juguetona, y el guión adecuado podría darle una identidad fresca para una nueva generación». Es un argumento casi ingenuo.

La realidad es que cada generación no necesita su propia versión de todo. A veces, lo mejor que podemos hacer es dejar que ciertas obras permanezcan en su contexto original, como testimonios de su época.


Observo este anuncio con el escepticismo que me han enseñado décadas de ver cómo Hollywood recicla sus propias ideas hasta el agotamiento. No dudo de la competencia técnica de Chiarelli ni de las buenas intenciones de Sony, pero la historia reciente de esta franquicia no invita precisamente al optimismo.

El fracaso de 2019 no fue un accidente; fue una señal clara de que el público ha evolucionado más allá de esta fórmula.

El mejor homenaje que podríamos hacer a Los Ángeles de Charlie sería dejar que descanse en paz, como un artefacto cultural de su tiempo, en lugar de someterlo a otra ronda de cirugía estética narrativa. El cine, al fin y al cabo, no se trata de repetir fórmulas hasta que funcionen por puro agotamiento del público, sino de crear obras que respondan a las necesidades expresivas de su momento. Y este momento, me temo, no está pidiendo más ángeles.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

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