Knights of the Zodiac repite los mismos errores que Dragonball Evolution

La adaptación live-action de Saint Seiya (Knights of the Zodiac) comete los mismos fallos que Dragonball Evolution: comprime la saga, pierde la esencia y fracasa en respetar el anime original.

✍🏻 Por Aiko Tanaka

abril 1, 2026

• Las adaptaciones live-action de anime siguen tropezando con los mismos errores, y Knights of the Zodiac (2023) repite el desastre de Dragonball Evolution casi calcado.

• La televisión está demostrando ser el formato ideal para adaptar anime, dándole el espacio y respeto que estas historias merecen.

• Comprimir sagas épicas en dos horas es un error que la industria necesita dejar de cometer si realmente quiere honrar estas obras.


Mirad, todos tenemos esa película que nos duele. Esa adaptación que nos hizo preguntarnos si los productores habían visto siquiera un episodio del anime original.

Para muchos de nosotros, Dragonball Evolution es ese recuerdo doloroso, esa herida que compartimos toda la comunidad otaku. Pensábamos que nada podría alcanzar ese nivel de desconexión con el material original… hasta que llegó 2023.

Porque resulta que hay otra adaptación live-action que compite por el dudoso honor de estar a la altura de aquella película de 2009. Y lo más triste es que repite exactamente los mismos errores, como si nadie hubiera aprendido nada en más de una década.

Hoy vamos a hablar de por qué Knights of the Zodiac merece estar en la misma conversación que Dragonball Evolution, y por qué necesitamos urgentemente que Hollywood entienda cómo adaptar anime de una vez por todas.


El legado doloroso de Dragonball Evolution

Empecemos por el elefante en la habitación. Dragonball Evolution, estrenada el 12 de marzo de 2009, no es solo una película que no funcionó. Es un ejemplo doloroso de cuando las adaptaciones pierden completamente el rumbo.

Con un presupuesto de 30 millones de dólares y una puntuación de 1/10, esta película logró algo notable: unir a toda la comunidad de fans en un rechazo compartido.

¿Y sabéis qué es lo que más me duele? Que ni siquiera escribieron bien el título. «Dragonball» todo junto, cuando cualquier fan sabe que es «Dragon Ball» con espacio. Es como si ese detalle fuera una señal de todo lo que estaba desconectado con la producción: nadie se molestó en hacer los deberes más básicos.

La película transformó la épica historia de Goku en un drama adolescente de instituto. Whitewashing del reparto incluido, porque aparentemente Hollywood en 2009 pensaba que una historia japonesa necesitaba protagonistas blancos para conectar con el público occidental.

Abandonaron completamente la esencia de lo que hacía especial a Dragon Ball: las artes marciales, la aventura, ese tono único que Akira Toriyama creó con tanto cariño.

Y lo que más me entristece es que tenían TODO el material fuente ahí. Décadas de manga y anime para inspirarse, y decidieron… ignorarlo casi por completo.

El resultado fue una película de 85 minutos que consiguió un 14% en Rotten Tomatoes y que hasta el día de hoy sigue siendo el ejemplo perfecto de cómo una adaptación puede perder el alma de su fuente.

Knights of the Zodiac: cuando la historia se repite

Avancemos hasta el 12 de mayo de 2023. Con un presupuesto de 60 millones de dólares (el doble que Dragonball Evolution), llega Knights of the Zodiac, la adaptación live-action de Saint Seiya.

Y amigos, es como ver la misma película otra vez.

Recuerdo cuando vi Saint Seiya por primera vez de cría. La historia de Seiya y los Santos de Bronce tiene todo: mitología griega, batallas épicas, armaduras increíbles, y sobre todo, una hermandad entre los protagonistas que te parte el corazón.

Es el tipo de anime que te hace llorar y gritar de emoción en el mismo episodio. Esa conexión emocional entre los personajes es lo que hace que funcione.

¿Y qué hicieron con la adaptación? Pues básicamente lo mismo que con Dragon Ball. Decidieron que la historia necesitaba ser «más realista» y «más accesible».

Así que convirtieron a Seiya en un luchador callejero en un sótano urbano. Porque claro, nada dice «Saint Seiya» como peleas clandestinas en un ambiente gris y deprimente.

La película tiene 112 minutos y una puntuación de 5/10, con un 21% en Rotten Tomatoes. Técnicamente mejor que Dragonball Evolution, pero eso es como decir que un resfriado es mejor que una gripe.

Sigues enfermo de todas formas.

Lo que más me duele es que el casting no estaba mal. Tenían actores decentes, pero el guion los dejó sin herramientas para brillar.

Redujeron toda la narrativa a una película genérica de acción militar sci-fi. Las armaduras icónicas, los cosmos, la mitología… todo suavizado, todo domesticado, todo convertido en algo seguro y predecible.

Y la hermandad de los Santos de Bronce, ese núcleo emocional que hace que Saint Seiya funcione, prácticamente desapareció. Es como hacer una adaptación de Naruto sin el vínculo entre Naruto y Sasuke, o One Piece sin la tripulación de los Sombrero de Paja.

Simplemente no funciona sin esa conexión.

El problema de fondo: el anime necesita espacio para respirar

Aquí está la verdad que Hollywood necesita entender: no podéis comprimir sagas épicas de anime en películas de dos horas. Es imposible.

Es como intentar meter toda la ternura de Yotsuba&! en 90 minutos—simplemente perdería su esencia, esos pequeños momentos que hacen que la historia respire.

El anime, especialmente los shōnen de larga duración, está diseñado para desarrollarse durante cientos de episodios. Los personajes crecen, las relaciones evolucionan, los mundos se expanden.

Intentar capturar eso en 90 o 120 minutos es pedirle peras al olmo.

Y tenemos la prueba de que hay una alternativa mejor: la televisión. One Piece de Netflix demostró que cuando das a una adaptación el tiempo y el respeto que necesita, puede funcionar.

Me senté a ver One Piece con el mismo nerviosismo que cuando espero un nuevo proyecto de MAPPA, y la verdad es que me sorprendió gratamente. Entendieron que necesitas episodios, temporadas, espacio para que los personajes respiren.

Alice in Borderland es otro ejemplo perfecto. Ambas son series que comprenden que estas historias necesitan tiempo para desarrollarse correctamente.

Sí, hubo intentos que no funcionaron del todo en televisión también. El Cowboy Bebop de Netflix fue controvertido (aunque personalmente creo que tenía sus momentos), y el Death Note de Netflix fue… bueno, mejor no hablar de eso.

Pero al menos estas series tuvieron el tiempo suficiente para intentar capturar la esencia de sus fuentes.

Fullmetal Alchemist también tuvo su adaptación live-action en cine, y aunque fue mejor recibida en Japón, tampoco logró capturar la magia del anime de Bones.

Y es que hay algo en la animación, en ese medio específico, que permite contar ciertas historias de formas que el live-action simplemente no puede replicar fácilmente.

Imagina si MAPPA adaptase Saint Seiya con el mismo cariño que pusieron en Jujutsu Kaisen. O si Madhouse le dedicase el tiempo que merece, como hicieron con Hunter x Hunter.

Esa es la diferencia: el respeto por el medio y el tiempo necesario para hacerlo bien.

¿Hay esperanza en el horizonte?

Mira, no soy de las que pierden la fe fácilmente. He visto demasiados anime que empiezan despacio y terminan siendo obras maestras (hola, Steins;Gate con tus primeros episodios confusos).

Pero las adaptaciones live-action necesitan un cambio de mentalidad urgente.

Lo primero es respetar el material fuente. No intentar «occidentalizarlo» o «hacerlo más realista» por miedo a que parezca «demasiado anime».

Si vas a adaptar Saint Seiya, dame las armaduras brillantes y las poses dramáticas. Si vas a hacer Dragon Ball, dame las esferas del dragón y las transformaciones épicas.

No tengas miedo de lo que hace único al anime. Esa es precisamente la razón por la que la gente ama estas historias.

Lo segundo es entender el medio. La televisión ha demostrado ser superior para estas adaptaciones.

One Piece está estableciendo un nuevo estándar, y ojalá que los estudios presten atención. Necesitamos más series de 8-10 episodios por temporada, no películas apresuradas que intentan contar demasiado en muy poco tiempo.

Y lo tercero, y quizás lo más importante: contratar gente que realmente ame el anime. Que lo entienda.

Que haya llorado con Clannad, que se haya emocionado con Haikyuu!!, que conozca la diferencia entre un shōnen y un seinen. Porque sin ese amor y comprensión, estamos condenados a repetir los mismos errores.

Necesitamos showrunners que entiendan por qué la escena de la lluvia en Kimi no Na wa nos destroza, o por qué las películas de Ghibli funcionan tan bien. Esa sensibilidad no se puede fingir.


Al final del día, tanto Dragonball Evolution como Knights of the Zodiac son lecciones dolorosas sobre qué evitar. Son recordatorios de que el anime no es solo un producto para explotar, sino un medio artístico con sus propias reglas, su propia magia, su propia alma.

Cuando intentas forzarlo en moldes que no le corresponden, pierdes exactamente lo que lo hacía especial en primer lugar.

Pero hey, soy optimista por naturaleza. One Piece nos ha dado esperanza, y quién sabe, tal vez en unos años estemos celebrando adaptaciones increíbles en lugar de lamentando oportunidades perdidas.

Mientras tanto, siempre nos quedarán los anime originales, esas joyas perfectas que ninguna adaptación puede arruinar.

Y sinceramente, a veces eso es suficiente. Ahora, si me disculpáis, voy a re-ver Saint Seiya original para recordar por qué me enamoré de esta historia en primer lugar.


Nunca sé si el próximo anime me romperá el corazón o me hará reír como una loca. Aunque no lo parezca, soy española y crecí devorando mangas y soñando con Japón mientras preparaba ramen en casa. Maratones de Miyazaki y juegos de mesa con amigos son mi combustible diario.

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