Después de más de una década al mando, Kathleen Kennedy deja la presidencia de Lucasfilm. Pero lo realmente interesante no es su salida, sino cómo Disney ha decidido gestionar la sucesión: dividiendo el poder entre Dave Filoni (creatividad) y Lynwen Brennan (negocio). Sobre el papel suena prometedor. Las cifras dirán si funciona.
El legado de Kennedy: 5.000 millones y muchas dudas
Doce años dan para mucho. Kennedy deja un balance agridulce: más de 5.000 millones de dólares en taquilla mundial, pero también una trilogía secuela que dividió al fandom, proyectos cancelados sin explicación y un calendario de estrenos errático.
En televisión, los resultados han sido dispares. The Mandalorian se convirtió en fenómeno cultural y Andor demostró que Star Wars puede ser adulta y sofisticada. Pero otras series no conectaron con la audiencia. La expansión fue ambiciosa, la ejecución irregular.
Filoni: el heredero de Lucas toma el mando creativo
Dave Filoni fue contratado personalmente por George Lucas para The Clone Wars. Conoce el lore mejor que nadie y ha demostrado saber contar historias que funcionan para fans veteranos y nuevas generaciones. Su trabajo en The Mandalorian y Ahsoka le ha convertido en la figura creativa más respetada de la franquicia.
Ponerle al frente de toda la parte creativa es arriesgado pero lógico. Si alguien puede devolver coherencia narrativa a Star Wars, es él. Ahora tendrá que demostrar que puede mantener la calidad en múltiples proyectos simultáneos.
Brennan: experiencia donde hace falta
Lynwen Brennan lleva en Industrial Light & Magic desde 1999, fue su presidenta y desde 2015 es vicepresidenta ejecutiva de Lucasfilm. Conoce la industria desde dentro y sabe gestionar producciones millonarias sin perder la cabeza.
Separar operaciones de negocio y creatividad no es solo inteligente: es necesario cuando manejas una franquicia de este calibre. Brennan se asegurará de que los proyectos lleguen a tiempo, dentro de presupuesto y generen los ingresos esperados.
Por qué esta estructura debería haber existido antes
Star Wars es demasiado grande para una sola persona. Incluso Kevin Feige ha mostrado signos de agotamiento con Marvel. Pretender que alguien gestione simultáneamente visión creativa, decisiones de negocio, relaciones con estudios y estrategia de contenidos es insostenible.
Disney ha tardado 12 años en darse cuenta, pero la especialización suele traducirse en mejores resultados. ¿Cuántos proyectos se han anunciado y cancelado en la última década? ¿Cuántos problemas de producción y cambios de dirección? Una estructura bicéfala no garantiza que desaparezcan, pero crea un marco más eficiente.
Los números lo confirman: la trilogía secuela recaudó 4.400 millones globales, pero el descenso fue notable (2.068M The Force Awakens, 1.333M The Last Jedi, 1.074M The Rise of Skywalker). En streaming, The Mandalorian generó 1.500 millones de minutos vistos en su primera semana de temporada 3, mientras que The Book of Boba Fett apenas alcanzó 800 millones. La inconsistencia es evidente.
¿Funcionará? Los KPIs que hay que vigilar
Los próximos dos años serán cruciales. Hay que estar atentos a varios indicadores: recepción crítica de nuevos proyectos, cifras de taquilla si vuelven las películas a cines, datos de engagement en Disney+ y reacción del fandom.
Filoni tiene el respeto de buena parte de la comunidad, pero eso no le da cheque en blanco. Tendrá que demostrar coherencia en múltiples frentes. Los próximos estrenos confirmados incluyen The Mandalorian & Grogu (mayo 2026) y la película de Dave Filoni sobre la Nueva República (2027). Habrá que comparar sus cifras de apertura con Rogue One (155M doméstico opening) y Solo (84M, el peor estreno de la saga).
En streaming, el objetivo debería ser superar los 2.000 millones de minutos vistos en la primera semana, el estándar que marcó The Mandalorian. Y en Rotten Tomatoes, mantener puntuaciones por encima del 80% tanto en crítica como en audiencia, algo que solo han logrado Andor (96%/88%) y las primeras temporadas de The Mandalorian.
Las estructuras importan tanto como el talento. Disney parece haberlo aprendido, aunque tarde. La pregunta no es si Filoni y Brennan son las personas adecuadas (lo son), sino si esta reorganización llega a tiempo para reconducir una franquicia que ha perdido brillo.
Los números de los próximos estrenos darán la respuesta. Mientras tanto, estaré atento a las cifras, porque en esta industria las buenas intenciones no pagan facturas: lo hacen las entradas vendidas y las suscripciones renovadas.

