Jonathan Majors cae seis metros durante un rodaje con graves fallos de seguridad

Jonathan Majors y su compañero JC Kilcoyne cayeron seis metros por una ventana mal asegurada en un rodaje en Carolina del Sur. Más de la mitad del equipo abandonó el set por violaciones de seguridad y problemas de moho.

✍🏻 Por Alex Reyna

abril 4, 2026

• Jonathan Majors cayó seis metros junto a su compañero JC Kilcoyne a través de una ventana mal asegurada durante un rodaje en Carolina del Sur, mientras más de la mitad del equipo abandonaba el set por múltiples violaciones de seguridad.

• Este accidente expone cómo la precariedad laboral en producciones de bajo presupuesto convierte los sets en distopías corporativas donde los trabajadores son tan prescindibles como los extras digitales de una película de ciencia ficción.

• El regreso de Majors tras su despido de Marvel ocurre precisamente en el tipo de producción que trata a su equipo como el Weyland-Yutani Corporation trataba a la tripulación del Nostromo: recursos fungibles en nombre del beneficio.


Hay algo profundamente irónico en que un actor intente reconstruir su carrera en un set que, literalmente, se desmorona a su alrededor.

La historia de Jonathan Majors cayendo por una ventana mal asegurada podría leerse como una metáfora demasiado obvia si no fuera porque es completamente real. Y quizá ahí está lo más revelador: en cómo las grietas de una producción terminan exponiendo las fracturas más amplias de toda una industria.

Porque esto no es solo un accidente de rodaje. Es una radiografía de lo que sucede cuando la urgencia por producir contenido se encuentra con la precariedad laboral, cuando el espectáculo debe continuar sin importar el coste humano.

Lo que pasó en Carolina del Sur

A finales de marzo, durante el rodaje de una película de acción sin título producida por Daily Wire y Bonfire Legend, Jonathan Majors y su compañero de reparto JC Kilcoyne protagonizaron una caída que ningún coordinador de escenas había planificado.

Mientras filmaban una secuencia, un panel de cristal templado que apenas estaba apoyado en el marco de una ventana cedió bajo su peso.

La caída fue de aproximadamente seis metros. Majors salió ileso, pero Kilcoyne necesitó puntos de sutura en las manos.

El panel había sido reemplazado recientemente como parte de los preparativos para otra escena de acción posterior. Alguien, en algún momento de la cadena de producción, decidió que dejarlo simplemente apoyado era suficiente.

No lo era.

Cuando el set se convierte en zona de riesgo

Lo del cristal no fue un incidente aislado. Fue la gota que colmó un vaso que ya estaba peligrosamente lleno.

El sindicato descubrió posteriormente la presencia de moho negro en el set. Hubo reportes de objetos de atrezzo cayendo sobre miembros del equipo.

El tipo de cosas que, acumuladas durante cinco semanas de producción, dibujan el retrato de un rodaje donde la seguridad era más una sugerencia que un protocolo.

Más de la mitad del equipo tomó una decisión que requiere coraje en una industria donde el trabajo escasea: abandonaron el set. El 26 de marzo votaron para sindicalizarse con la International Alliance of Theatrical Stage Employees (IATSE) y declararon una huelga laboral.

Inicialmente, las demandas se centraban en asegurar pagos a fondos de salud y pensiones. Pero conforme las semanas avanzaban y los problemas de seguridad se multiplicaban, las negociaciones adquirieron una urgencia diferente.

Ya no se trataba solo de dinero. Se trataba de poder volver a casa cada noche sin heridas.

La respuesta que lo dice todo

La reacción del productor Dallas Sonnier fue reveladora. En lugar de abordar las preocupaciones de seguridad, optó por una declaración combativa: «No negociamos con comunistas».

Esa frase es el tipo de retórica que convierte una disputa laboral legítima en teatro político. Es también un recordatorio de que algunas producciones ven a sus trabajadores no como colaboradores esenciales, sino como obstáculos prescindibles.

Me recuerda a Alien. A cómo la Weyland-Yutani Corporation consideraba a la tripulación del Nostromo completamente reemplazable, meros peones en una ecuación donde lo único que importaba era traer el xenomorfo de vuelta.

O a Blade Runner, donde los replicantes eran herramientas diseñadas para trabajos peligrosos que ningún humano querría hacer, desechables por diseño.

La ciencia ficción lleva décadas advirtiendo sobre esto: corporaciones que optimizan beneficios tratando a las personas como variables en una hoja de cálculo.

El regreso de Majors y sus sombras

Este proyecto representa el regreso de Jonathan Majors a la pantalla tras su despido de Marvel, donde interpretaba a Kang el Conquistador en Loki y Ant-Man and the Wasp: Quantumania.

Su salida de Disney llegó después de ser arrestado por agredir a su exnovia, un caso que terminó con una condena por acoso y agresión imprudente en tercer grado.

Las segundas oportunidades en Hollywood son un territorio complejo. La industria tiene una larga historia de rehabilitar carreras, aunque la consistencia con la que lo hace —y para quién— plantea preguntas incómodas sobre poder, privilegio y perdón selectivo.

Que su regreso ocurra en un set plagado de problemas de seguridad, en una producción que responde a las preocupaciones laborales con hostilidad, añade capas de ironía que resultan difíciles de ignorar.


Hay algo en esta historia que trasciende el incidente específico. Es un espejo que refleja cómo funciona realmente la industria cuando las cámaras no están rodando.

Nos habla de prioridades: qué se protege y qué se sacrifica en nombre del espectáculo.

Recuerdo ver Elysium y pensar que su visión de trabajadores explotados en fábricas peligrosas mientras las élites vivían en estaciones espaciales era demasiado literal, demasiado obvia. Pero quizá Neill Blomkamp entendía algo que yo tardé en ver: que las distopías no necesitan ser sutiles porque la realidad tampoco lo es.

Cuando el cristal cede, todos caemos. La única pregunta es quién tiene una red de seguridad esperándole abajo, y quién simplemente se estrella contra el suelo.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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