- James Gunn confirma que Supergirl: Woman of Tomorrow capturará el espíritu del cómic de Tom King sin ser una adaptación literal, aplicando el mismo enfoque que usó con Guardianes de la Galaxia.
- La película apuesta por una Kara Zor-El imperfecta y atormentada, rompiendo con el molde de la superheroína perfecta para explorar un personaje complejo y lleno de matices.
- Con Craig Gillespie dirigiendo y Jason Momoa como Lobo, el filme llegará en junio de 2026 como pieza clave del nuevo universo DC de Gunn.
Cuando James Gunn habla de adaptaciones, hay que prestar atención. El tipo demostró con un grupo de inadaptados cósmicos que nadie conocía que respetar el material original no significa estar encadenado a él. Ahora promete aplicar esa filosofía con Supergirl: Woman of Tomorrow. Y lo que más me interesa no es el casting ni los efectos, sino cómo va a equilibrar fidelidad y libertad creativa.
Porque adaptar a Tom King nunca es sencillo. Su Supergirl: Woman of Tomorrow es densa, melancólica, con un tono que bebe del western crepuscular y la ciencia ficción contemplativa. No es material fácil de trasladar sin perder matices. Pero Gunn parece tenerlo claro: mantener el alma, cambiar el cuerpo.
Una adaptación libre, no una traducción literal
En el podcast Awards Circuit de Variety, Gunn dejó claro que Supergirl no será una transcripción página por página. Usó como referencia su trilogía de Guardianes: películas que capturaron el espíritu sin replicar tramas concretas.
«Es una fantasía espacial, algo parecido a Guardianes en cierto modo», explicó. «Está basada en el libro de Tom King, pero no lo sigue religiosamente. Conserva mucho del núcleo original, eso sí».
Es un enfoque inteligente. King construyó una historia sobre trauma, pérdida y redención envuelta en un viaje interestelar. Kara aparece desencantada, marcada por la destrucción de Krypton, vagando sin rumbo hasta que una joven llamada Ruthye la arrastra a una misión de venganza.
Es oscuro, íntimo, con un ritmo pausado que no siempre encaja con las expectativas del blockbuster moderno. Pero Gunn sabe que el tono puede mantenerse sin calcar cada viñeta. Lo importante es que Kara siga siendo esa heroína imperfecta, cansada, llena de aristas.
Una Supergirl imperfecta (y eso es lo mejor)
Uno de los aspectos más interesantes es cómo Gunn y Craig Gillespie están abordando el personaje. Gillespie ha descrito la película como «realmente una historia de antiheroína», subrayando que Kara carga con demonios emocionales que la diferencian del Superman de Gunn.
Y aquí es donde la cosa se pone jugosa. Gunn fue directo: «Tantas veces las superheroínas son tan perfectas. Ella no es eso en absoluto… Como se les ha permitido ser a los superhéroes masculinos durante un tiempo».
Es una declaración sencilla pero potente. Tiene razón. Desde Wonder Woman hasta Captain Marvel, muchas heroínas han sido construidas desde la perfección moral o física. No digo que esté mal —Diana funciona precisamente porque encarna un ideal—, pero limita el rango emocional.
Kara llega magullada. Literal y metafóricamente. No es la prima optimista de Clark que sonríe ante la adversidad. Es alguien que ha visto demasiado, perdido demasiado, y no está segura de querer seguir siendo heroína.
Esto contrasta con la Supergirl de la serie de televisión, que durante años fue la versión más visible del personaje: esperanzadora, luminosa, casi una versión femenina de Superman. Esta Kara promete ser otra cosa completamente.
Un reparto que promete
Jason Momoa interpretando a Lobo genera reacciones viscerales. Momoa ya fue Aquaman en el DCEU anterior, pero Gunn ha dejado claro que el nuevo DCU es otra cosa. Y Lobo, ese cazarrecompensas intergaláctico, violento y sarcástico, parece hecho a medida para él.
El resto del reparto también pinta bien. Milly Alcock como Kara, Eve Ridley como Ruthye, Matthias Schoenaerts como Krem, Emily Beecham como Alura y David Krumholtz como Zor-El. Es un elenco sólido, con actores capaces de sostener peso dramático.
Y eso es clave. Si la película quiere funcionar como fantasía espacial con trasfondo emocional, necesita intérpretes que puedan vender tanto la acción como la introspección.
¿Qué significa esto para el DCU?
Estamos en un momento curioso para DC. Gunn y Peter Safran están construyendo un universo desde cero, pero sin borrar del todo lo anterior. Superman llegará en 2025, Supergirl en 2026. Ambas películas apuestan por algo distinto: menos cinismo, más corazón, pero sin caer en la ingenuidad.
Me gusta que Gunn no esté intentando replicar el MCU. No busca un tono uniforme ni una fórmula repetible. Superman será esperanzador, Supergirl más oscura. Y eso está bien. DC siempre ha funcionado mejor cuando abraza la diversidad tonal de sus personajes.
El hecho de que Gunn esté dispuesto a adaptar libremente el material de King demuestra confianza. No está atado a la reverencia paralizante que a veces afecta a las adaptaciones de cómics. Respeta la fuente, pero no la idolatra.
Al final, lo que más me interesa de Supergirl: Woman of Tomorrow no es si será fiel al cómic, sino si logrará capturar lo que lo hace especial: la sensación de que los héroes también se cansan, también dudan, también cargan cicatrices. Kara merece una historia que la trate como un personaje complejo, no como un apéndice luminoso de Superman. Y si Gunn puede hacer con ella lo que hizo con Star-Lord o Peacemaker —encontrar humanidad en lo extraordinario—, entonces estamos ante algo potencialmente especial. Junio de 2026 queda lejos, pero el camino promete.

