• «The Bride!» se estrella con apenas 7,3 millones de dólares frente a un presupuesto de 90 millones, mientras «Hoppers» de Pixar arrasa con 46 millones en su debut.
• Este contraste demuestra que el público sigue apostando por historias originales bien ejecutadas, pero castiga sin piedad los proyectos que no conectan emocionalmente.
• «Hoppers» podría marcar el regreso de Pixar a la gloria de sus originales tras años de sequía creativa y dependencia de secuelas.
Este fin de semana nos ha regalado una de esas lecciones de taquilla que me encanta analizar. Dos películas, dos presupuestos millonarios, dos destinos completamente opuestos.
Por un lado, el naufragio espectacular de «The Bride!», la apuesta feminista de Maggie Gyllenhaal que ha resultado ser uno de los fracasos más sonados del año. Por otro, «Hoppers» de Pixar ha demostrado que cuando el estudio de la lámpara acierta, acierta de verdad.
Las cifras no mienten, y este fin de semana cuentan una historia fascinante sobre lo que funciona (y lo que no) en el cine actual.
El desastre de «The Bride!»: cuando los números no cuadran
Warner Bros. debe estar pasando un fin de semana para olvidar. Su reimaginación feminista de «La novia de Frankenstein», dirigida por Maggie Gyllenhaal, ha recaudado apenas 7,3 millones de dólares en su estreno en Norteamérica desde 3.304 salas.
Para ponerlo en perspectiva: el estudio esperaba entre 16 y 18 millones. Los analistas más pesimistas calculaban entre 10 y 15 millones. Ni los más agoreros acertaron con lo bajo que iba a caer.
Con un presupuesto de producción de 90 millones de dólares (sin contar marketing, que suele añadir otros 50-70 millones), estamos ante pérdidas que podrían superar fácilmente los 100 millones. El mercado internacional tampoco ha salvado los muebles: solo 6,3 millones adicionales, para un total global de 13,6 millones.
Es el tipo de cifra que hace que los ejecutivos de estudio se replanteen toda su estrategia.
Lo más revelador viene de las métricas de audiencia. Un 59% en Rotten Tomatoes ya es tibio, pero lo verdaderamente preocupante es el «C+» en CinemaScore. Para quien no esté familiarizado con esta métrica, es una encuesta que se hace al público el mismo día del estreno.
Un «C+» es básicamente una sentencia de muerte: significa que ni siquiera los que fueron a verla el primer día la recomendarían.
Jeff Bock, analista de Exhibitor Relations, lo resume perfectamente: «El terror elevado es difícil de vender al público general. Warner Bros. gastó el doble de lo que debería en esto». Y tiene razón.
La película, ambientada en los años 30 con Christian Bale como el monstruo de Frankenstein, Annette Bening como científica loca y Jessie Buckley como la criatura resucitada, suena interesante sobre el papel. Pero el «terror elevado» es un nicho. Gastarse 90 millones en un nicho es jugársela a lo grande.
Warner Bros., en un ejercicio de relaciones públicas digno de estudio, ha defendido la apuesta comparándola con los Yankees de 1927, que perdieron 44 partidos esa temporada (aunque ganaron la Serie Mundial, claro). Es una forma elegante de decir «sí, hemos perdido pasta, pero al menos lo intentamos».
«Hoppers»: Pixar vuelve a la carga
Mientras Warner lloraba sobre las ruinas de «The Bride!», Pixar celebraba el triunfo de «Hoppers». La película ha conquistado el número uno con 46 millones de dólares en Norteamérica desde 4.000 salas, más 42 millones internacionales, para un total de 88 millones globales.
Son cifras sólidas, especialmente considerando que el presupuesto fue de 150 millones (relativamente contenido para los estándares de Pixar).
Las métricas de calidad son impecables: 94% en Rotten Tomatoes y una «A» en CinemaScore. Esto significa que el público no solo fue a verla, sino que salió encantado y la va a recomendar.
Como bien señala David A. Gross de Franchise Entertainment Research, las películas familiares con buena recepción tienen «piernas largas»: se mantienen en cartelera semanas y semanas porque las familias planifican salidas, los niños repiten visionado, y el boca a boca hace su magia.
La historia de «Hoppers» sigue a Mabel, una amante de los animales cuya mente se transfiere a un castor robótico para comunicarse con criaturas y salvar su hábitat. Dirigida por Daniel Chong, es el primer éxito original de Pixar en casi una década.
Y aquí viene el dato que me fascina: el último triunfo original indiscutible del estudio fue «Coco» en 2017, que recaudó 823 millones de dólares mundialmente.
Desde entonces, Pixar ha vivido de secuelas («Toy Story 4», «Increíbles 2») o ha sufrido fracasos como «Elio» en 2025, que apenas alcanzó 154 millones con un presupuesto de 150 millones.
«Hoppers» rompe esa racha y demuestra que el estudio todavía sabe crear mundos originales que conectan con el público. Es una bocanada de aire fresco para una industria que se había acostumbrado a ver a Pixar como una fábrica de secuelas seguras.
Este fin de semana nos deja una lección clara: el público sigue apostando por historias originales, pero solo si están bien ejecutadas y conectan emocionalmente.
«Hoppers» lo ha conseguido; «The Bride!» no. Los 90 millones de Warner se han evaporado porque apostaron por un proyecto de nicho con presupuesto de blockbuster, mientras que Pixar ha demostrado que cuando aciertan con una idea original, el público responde.
Lo que más me emociona de todo esto es que «Hoppers» podría marcar un punto de inflexión. Si Pixar recupera la confianza en sus originales y el público los respalda, quizá veamos menos secuelas y más riesgos creativos.
Porque al final, los números cuentan historias, y esta semana la historia es clara: la originalidad vende, pero solo si sabes ejecutarla. Y eso, amigos, es lo que separa un éxito de 88 millones de un fracaso de 13,6.

