• Los legisladores Adam Schiff y Laura Friedman exigen a Netflix y Paramount compromisos públicos para proteger el empleo en Hollywood antes de aprobar sus adquisiciones de Warner Bros.
• Mi opinión: Cuando las fusiones alcanzan los 83.000 millones de dólares, es fascinante ver cómo la lógica financiera global choca con la realidad de miles de trabajadores que sostienen una industria centenaria.
• Ambas compañías prometen recortar miles de millones en costes justo cuando la producción en Los Ángeles ha caído en picado desde 2022.
Cuando los números llegan a los 83.000 millones de dólares, es fácil marearse con las cifras y olvidar que detrás hay personas reales. Gente con hipotecas, familias y carreras que han dedicado décadas a hacer posible que veamos nuestras series favoritas. Y eso es exactamente lo que está pasando en Hollywood ahora mismo.
Netflix quiere hacerse con los estudios de Warner Bros. y HBO Max. Paramount lanza una oferta hostil por toda la compañía. Dos operaciones mastodónticas que cambiarán el mapa del entretenimiento para siempre. Pero hay un problema: nadie ha explicado todavía qué va a pasar con los cientos de miles de trabajadores que hacen funcionar esta maquinaria.
Por eso dos legisladores californianos han decidido plantarse. Y no son políticos cualquiera: representan al Valle de San Fernando, el corazón industrial de Hollywood, donde vive buena parte de la mano de obra técnica que sostiene la industria.
La carta que incomoda a los gigantes
El senador Adam Schiff y la representante Laura Friedman han enviado una carta contundente a los CEOs de Netflix y Paramount Skydance. El mensaje es claro: si queréis que vuestras megafusiones salgan adelante, necesitamos garantías públicas de que vais a proteger y crear empleo en Los Ángeles.
No promesas vagas en reuniones privadas. Compromisos concretos y verificables.
La carta llega en un momento crítico. Desde 2022, la producción doméstica en Estados Unidos ha caído en picado. Los Ángeles ha sido una de las ciudades más afectadas, con miles de técnicos, decoradores y electricistas sin trabajo mientras las productoras trasladan rodajes a otros países con incentivos fiscales más generosos.
Lo que más preocupa es que tanto Netflix como Paramount han prometido recortar miles de millones de dólares en costes. Es la lógica implacable de Wall Street: cuando dos gigantes se unen, hay que «optimizar recursos». Traducción: despidos masivos.
Me encanta analizar números de taquilla, pero estos números cuentan una historia que no me gusta nada.
Las promesas de Ted Sarandos
Durante una audiencia antimonopolio en el Senado, Ted Sarandos, co-CEO de Netflix, prometió aumentar los niveles de producción doméstica. Incluso mencionó el nuevo estudio que Netflix está construyendo en Nueva Jersey.
Suena bien, ¿verdad?
El problema es que Schiff y Friedman representan a Los Ángeles, no a Nueva Jersey. Y aunque es estupendo que Netflix invierta en producción estadounidense, eso no ayuda mucho a los trabajadores californianos que llevan décadas construyendo la industria del entretenimiento.
De ahí que la carta sea tan específica: «¿Cómo garantizará vuestra compañía que Hollywood y California sigan siendo centrales en vuestra estrategia de producción? ¿Qué pasos concretos tomaréis para preservar y expandir empleos bien pagados en Los Ángeles?»
Son preguntas incómodas porque no tienen respuestas fáciles. Producir en Los Ángeles es caro, y las plataformas de streaming están bajo una presión brutal para reducir costes y demostrar rentabilidad a sus accionistas.
Un incentivo federal para competir
Schiff y Friedman no se limitan a exigir compromisos. También están trabajando en una solución legislativa: un programa federal de incentivos fiscales para la producción cinematográfica que complementaría los programas estatales existentes.
La idea tiene sentido. Ahora mismo, los estados compiten entre sí por atraer producciones, creando una carrera a la baja en la que todos pierden excepto las grandes productoras. Un programa federal podría nivelar el campo de juego y hacer que Estados Unidos sea más competitivo frente a países como Canadá, Reino Unido o Australia.
Los legisladores han invitado a los CEOs a apoyar esta medida. Es una jugada inteligente: les están dando la oportunidad de ser parte de la solución.
Sindicatos e inteligencia artificial
La carta también aborda dos temas que preocupan enormemente a los trabajadores: el empleo sindicalizado y el uso de la inteligencia artificial.
Los legisladores quieren garantías de que los estudios seguirán empleando mano de obra sindicalizada, que ofrece mejores salarios y protecciones. Es una preocupación legítima cuando las empresas buscan desesperadamente reducir costes.
Y luego está la IA, el elefante en la habitación. La carta pide compromisos de que la inteligencia artificial se utilizará de forma responsable, sin desplazar a trabajadores. Es un tema complejo porque la IA puede hacer más eficientes muchos procesos, pero también puede eliminar empleos que hasta ahora requerían talento humano.
El Departamento de Justicia tiene la última palabra
Ninguna de estas fusiones puede completarse sin la aprobación del Departamento de Justicia. Y ahí es donde la presión política puede tener un impacto real.
Si los legisladores consiguen que estas preocupaciones sobre el empleo formen parte del análisis antimonopolio, podrían forzar a Netflix y Paramount a hacer concesiones concretas antes de que se aprueben las operaciones.
No sería la primera vez que una fusión se condiciona a compromisos específicos sobre empleo o inversión local.
Al final, esta historia es un recordatorio de que detrás de cada cifra multimillonaria hay personas reales. Los 83.000 millones de dólares que Netflix está dispuesto a pagar son impresionantes, pero no significan nada si el precio es la destrucción de una industria centenaria.
Los números siempre cuentan historias humanas. Y esta historia todavía no ha terminado. Veremos si Netflix y Paramount están dispuestos a poner sobre la mesa compromisos reales o si prefieren arriesgarse a una batalla política que podría complicar seriamente sus planes de expansión.
Porque una cosa está clara: Hollywood no va a desaparecer sin pelear.

