• La película de Super Mario Galaxy amplía el universo de Nintendo al espacio con un reparto que mezcla voces conocidas y nuevas incorporaciones estelares.
• La inclusión de Fox McCloud marca el primer crossover oficial entre franquicias de Nintendo en el cine, abriendo la puerta a un universo cinematográfico más amplio.
• El salto al espacio exterior no es solo un cambio de escenario, sino una declaración de intenciones sobre cómo construir mundos compartidos sin perder la esencia de cada personaje.
Hay algo fascinante en ver cómo los universos que habitamos desde la infancia se expanden, mutan, se reinventan. Cuando pausé el tráiler de «Super Mario Galaxy» por tercera vez, no fue por la acción ni por los colores vibrantes que caracterizan a Illumination. Fue por algo más sutil: la sensación de estar presenciando el nacimiento de algo más grande.
Un universo compartido que no grita su ambición, sino que la susurra entre galaxias.
Porque esto no es solo una secuela. Es una apuesta por construir puentes entre mundos que siempre existieron en paralelo, esperando el momento adecuado para encontrarse. Y ese momento, parece, ha llegado.
El reparto que regresa: voces familiares en territorios desconocidos
Chris Pratt vuelve como Mario, y con él toda la estructura que sostuvo la primera película. Anya Taylor-Joy regresa como la Princesa Peach, Charlie Day como Luigi, Jack Black como Bowser, y Keegan-Michael Key como Toad.
No hay sorpresas aquí, pero tampoco las necesitamos. Lo interesante no es quién vuelve, sino hacia dónde van.
El espacio exterior funciona como metáfora perfecta para el crecimiento de una franquicia. Ya no estamos en el Reino Champiñón, ese lugar seguro y conocido. Ahora flotamos en la incertidumbre cósmica, donde las reglas pueden cambiar de una galaxia a otra.
Es el mismo movimiento narrativo que hizo «Toy Story» al salir de la habitación de Andy, o «Blade Runner 2049» al expandir los límites de lo que creíamos saber sobre ese mundo.
Las nuevas voces: cuando el reparto cuenta una historia
Donald Glover como Yoshi. Brie Larson como la Princesa Rosalina. Benny Safdie como Bowser Jr.
Cada elección dice algo sobre las intenciones de la película.
Larson, seguidora confesa de «Super Mario Galaxy», no está aquí por casualidad. Rosalina es un personaje melancólico, una princesa celestial que adoptó a las Lumas y vive entre las estrellas. Hay algo profundamente solitario en su historia, algo que resuena con las mejores narrativas de ciencia ficción: la idea de encontrar familia en el vacío del espacio.
Me recuerda a «Arrival», donde la conexión humana trasciende las barreras del lenguaje y el tiempo.
Safdie, conocido por su trabajo en películas tensas y viscerales, le da voz a Bowser Jr., el heredero ambicioso. Hay potencial dramático ahí, en la relación padre-hijo entre dos villanos, algo que podría elevar la película más allá del entretenimiento familiar.
El crossover que lo cambia todo
Glen Powell como Fox McCloud. Ahí está la verdadera noticia.
Fox McCloud no es un personaje de Mario. Viene de «Star Fox», otra galaxia dentro del universo Nintendo. Su inclusión no es una aparición simpática ni un guiño para seguidores. Es una declaración: este es el comienzo de algo más grande.
Un universo cinematográfico de Nintendo que no necesita copiar la fórmula Marvel, sino encontrar la suya propia.
Me pregunto si los creadores entienden el peso de lo que están construyendo. Porque cuando mezclas universos, no solo estás juntando personajes. Estás fusionando mitologías, reglas narrativas, tonos.
«Star Fox» siempre ha sido más serio, más militar, más cercano a la space opera clásica. Mario es alegría pura, color, movimiento. ¿Cómo conviven esos mundos sin que uno devore al otro?
Y más importante aún: ¿qué dice sobre nosotros esta necesidad de conectar todas nuestras mitologías infantiles? Vivimos en una era de fragmentación social, donde las comunidades se dispersan y las referencias compartidas escasean. Quizá por eso necesitamos que nuestros universos ficticios se unan, que demuestren que la conexión todavía es posible.
La respuesta, supongo, la veremos el 1 de abril de 2026.
Los secundarios que construyen galaxias
Luis Guzmán como Wart, un villano que dirige un casino y lidera a los 8 Bits. Issa Rae como Honey Queen, gobernante de la Galaxia Honeyhive. Kevin Michael Richardson como Kamek, el consejero mágico de Bowser.
Cada nombre añade textura, profundidad. No son solo voces llenando espacios. Son piezas de un rompecabezas más grande, mundos dentro de mundos.
La Galaxia Honeyhive, por ejemplo, podría ser solo un escenario colorido, o podría ser una oportunidad para explorar ecosistemas, sociedades, formas de vida diferentes. Depende de cuánto confíen los directores Aaron Horvath y Michael Jelenic en su material.
Porque el espacio, en la ciencia ficción, nunca es solo espacio. Es un lienzo para proyectar nuestras preguntas sobre comunidad, identidad, pertenencia. ¿Qué significa ser familia cuando estás a años luz de casa? ¿Cómo construyes un hogar en el vacío?
Lo que esta película podría significar
Hay una línea delgada entre expandir un universo y diluirlo. Entre construir algo épico y perder lo que hacía especial al original.
«The Super Mario Galaxy Movie» camina sobre esa línea, y lo sabe.
La primera película funcionó porque entendió algo fundamental: Mario no necesita ser complejo para ser efectivo. Su poder está en la simplicidad, en la alegría sin ironía, en el heroísmo sin matices grises.
Pero el espacio exige más. Exige preguntas más grandes, riesgos más altos, emociones más profundas.
Si la película logra mantener el corazón de Mario mientras explora territorios más ambiciosos, podríamos estar ante algo especial. No solo una secuela exitosa, sino el modelo de cómo adaptar videojuegos al cine sin traicionar su esencia.
Recuerdo la primera vez que jugué a «Super Mario Galaxy» en 2007. Tenía dieciséis años y pensaba que ya lo había visto todo en los videojuegos. Entonces pisé ese primer planetoide, la gravedad cambió, y de repente estaba caminando boca abajo mirando las estrellas. Esa sensación de asombro constante, de que cada planeta era una sorpresa, cada galaxia una nueva forma de entender el espacio mismo.
La película tiene la oportunidad de capturar eso: no solo el espectáculo visual, sino la sensación de descubrimiento, de posibilidad infinita.
Y si Fox McCloud es realmente el primer paso hacia un universo compartido de Nintendo, entonces estamos presenciando algo más grande que una simple película de animación. Estamos viendo cómo se construyen las mitologías del siglo XXI, una galaxia a la vez.
La nostalgia ya no es solo recordar. Es expandir, conectar, construir puentes entre los mundos que nos formaron. Es la forma en que una generación intenta darle coherencia a su pasado mientras navega un presente cada vez más fragmentado.
Solo espero que, en medio de toda esa ambición, no olviden lo más importante: que Mario siempre ha sido, ante todo, sobre el viaje. Y los viajes, los mejores, son aquellos que nos cambian mientras los recorremos.

