• Emerald Fennell, directora de Promising Young Woman y Saltburn, negocia dirigir un reboot de Instinto básico, según confirmó el guionista original Joe Eszterhas.
• La noticia me genera inquietud: revisitar un clásico erótico de los noventa en una época donde Hollywood ha perdido su capacidad para la transgresión adulta parece un ejercicio arriesgado, aunque Fennell podría ser la única capaz de justificarlo.
• El proyecto llega tras el éxito de su adaptación de Cumbres borrascosas, consolidando a Fennell como una voz provocadora que entiende las dinámicas de poder y deseo que definían el thriller original de Verhoeven.
Hay películas que pertenecen a su tiempo de forma tan visceral que cualquier intento de resucitarlas parece, de entrada, un ejercicio de nostalgia mal entendida. Instinto básico es una de ellas.
El thriller erótico de Paul Verhoeven, estrenado en 1992, no fue solo un fenómeno de taquilla: fue un artefacto cultural que capturó el espíritu de una década donde Hollywood aún se atrevía a jugar con la provocación, el deseo y la ambigüedad moral sin disculparse por ello. Aquella escena del interrogatorio —todos sabemos cuál— se convirtió en un icono del cine popular, pero también en símbolo de un tipo de cine para adultos que prácticamente ha desaparecido de las salas comerciales.
Ahora, según ha revelado el propio Joe Eszterhas, Emerald Fennell estaría en conversaciones para dirigir un reboot del filme. La noticia llega justo después del éxito de su adaptación de Cumbres borrascosas. Y aquí es donde la cosa se pone interesante, porque si hay alguien en el panorama actual capaz de entender la perversidad subyacente en las relaciones de poder y la manipulación sexual, esa es precisamente Fennell.
La directora británica se dio a conocer con Promising Young Woman (2020), una película incómoda, deliberadamente artificiosa en su estética de caramelo envenenado, que planteaba preguntas difíciles sobre la venganza y el consentimiento. Luego llegó Saltburn (2023), aún más divisiva, donde exploraba la obsesión y la decadencia aristocrática con una mirada entre fascinada y repelida.
Ambas películas comparten algo fundamental: una comprensión profunda de cómo el poder y el deseo se entrelazan, de cómo la seducción puede ser un arma, y de cómo la superficie pulida esconde siempre algo podrido. Son precisamente estas obsesiones las que conectan, al menos temáticamente, con el universo de Instinto básico.
Pero aquí viene la pregunta inevitable: ¿necesitamos realmente un reboot de Instinto básico?
La respuesta fácil sería un no rotundo. La película de Verhoeven funciona porque es producto de su momento, de un director europeo que entendía el exceso como forma de expresión, y de un Hollywood que aún no había sido domesticado por los algoritmos y las franquicias. Verhoeven filmaba el sexo y la violencia con la misma intensidad operística, sin ironía posmoderna que sirviera de escudo.
Sin embargo, si alguien puede justificar este proyecto, es Fennell. Su mirada no es la de Verhoeven —nadie podría replicar esa combinación única de provocación europea y espectáculo americano— pero tiene su propia forma de incomodar. Fennell entiende que el erotismo en el cine no es solo cuestión de piel, sino de dinámicas de poder, de quién mira y quién es mirado, de quién controla la narrativa.
El éxito de su Cumbres borrascosas es revelador en este sentido. Adaptar la novela de Emily Brontë no es tarea menor —recordemos las versiones de William Wyler (1939) o la de 1992 con Ralph Fiennes— y requiere comprender la pasión destructiva, el deseo que aniquila, la obsesión como fuerza narrativa. Si Fennell ha logrado capturar esa intensidad oscura, quizá tenga las herramientas para abordar el universo de Catherine Tramell.
Lo que me preocupa, y esto lo digo con toda franqueza, es la tendencia actual a suavizar los bordes afilados del cine. Instinto básico era una película adulta en el sentido más pleno: compleja, moralmente ambigua, sexualmente explícita sin caer en la pornografía, y profundamente cínica sobre las relaciones humanas.
¿Puede existir ese tipo de película hoy, en un ecosistema dominado por la corrección, la supervisión corporativa y el miedo al riesgo?
Eszterhas, quien confirmó las negociaciones en una entrevista con The Guardian, es un guionista que pertenece a otra era de Hollywood. Su cine no pedía permiso. La pregunta es si Fennell tendrá la libertad creativa para hacer lo mismo, o si este reboot será otra versión edulcorada de algo que una vez fue peligroso.
Hay un detalle que no podemos ignorar: el contexto cultural ha cambiado radicalmente. En 1992, Instinto básico generó controversia, pero también fascinación. Hoy, cualquier representación de sexualidad femenina como arma de manipulación sería sometida a un escrutinio infinitamente más complejo.
Eso no es necesariamente malo, pero sí plantea desafíos narrativos que Fennell deberá resolver si quiere que su versión tenga algo que decir más allá de la nostalgia.
Lo que resulta innegable es que Emerald Fennell se ha convertido en una de las directoras más interesantes del panorama actual, precisamente porque no rehúye la incomodidad. Su cine no busca la aprobación fácil, y eso, en estos tiempos de consenso manufacturado, es casi revolucionario.
Si decide embarcarse en este proyecto, no será para hacer una copia respetuosa del original, sino para reinterpretarlo desde su propia sensibilidad. Y eso, al menos, merece nuestra atención.
Veremos si estas negociaciones cristalizan en algo concreto. Mientras tanto, quizá sea buen momento para revisitar la película de Verhoeven, no como ejercicio nostálgico, sino para recordar que hubo un tiempo en que el cine comercial podía ser adulto, provocador y formalmente ambicioso al mismo tiempo.
Un tiempo que, me temo, hemos perdido casi por completo. Si Fennell logra recuperar aunque sea una fracción de esa audacia, este reboot podría justificar su existencia. Si no, será simplemente otro nombre más en la interminable lista de películas que nunca debieron rehacerse.

