El final de Steve, Jonathan y Nancy en Stranger Things explicado

Los Duffer explican por qué Steve se queda, Nancy se busca y Jonathan persigue el cine. Rompen el triángulo amoroso con una decisión coherente y emocional.

✍🏻 Por Alex Reyna

enero 3, 2026

• Los hermanos Duffer explican que los destinos finales de Steve, Nancy y Jonathan en Stranger Things responden a la esencia de cada personaje construida durante toda la serie.

• Nancy rompe con Jonathan para encontrarse a sí misma, Steve se queda en Hawkins trabajando con niños, y Jonathan cumple su sueño de estudiar cine en NYU.

• Me fascina cómo una serie de ciencia ficción termina hablando de algo tan humano: la tensión entre quedarse y marcharse, entre el amor y la ambición personal.


Hay algo profundamente revelador en cómo terminan las historias. No hablo del monstruo derrotado o del portal cerrado, sino de lo que viene después: esa vida ordinaria que sigue cuando ya no hay nada extraordinario que combatir.

Stranger Things siempre fue, bajo su barniz de criaturas interdimensionales y experimentos gubernamentales, una serie sobre crecer. Y crecer implica elegir.

Elegir qué versión de ti mismo quieres ser cuando el mundo deja de pedirte que seas un héroe.

Los hermanos Duffer han explicado recientemente por qué Steve, Nancy y Jonathan terminan donde terminan en el episodio final. Y sus respuestas no tienen que ver con giros dramáticos ni con complacer al fandom, sino con algo mucho más honesto: la coherencia emocional.

Cada uno de estos personajes toma un camino distinto porque cada uno siempre fue distinto. Y eso, en una época donde las series tienden a forzar finales que «cierren» todo de forma artificial, resulta casi refrescante.

Steve: el que se queda

Steve Harrington termina en Hawkins. No como un fracaso, sino como una elección.

Se convierte en entrenador de béisbol infantil y profesor de educación sexual, dos trabajos que parecen sacados de una comedia pero que, si lo piensas, tienen todo el sentido del mundo para él.

Matt Duffer lo explica con claridad: Steve siempre fue «ese chico que conociste de pequeño y que acaba quedándose en su ciudad natal». No es una condena. Es una identidad.

Steve encontró su lugar no conquistando el mundo, sino cuidando del suyo. Su habilidad para conectar con los más jóvenes —especialmente con Dustin— nunca fue accidental. Era su superpoder real, más allá de los bates con clavos.

Los Duffer incluso insinúan que pronto tendrá hijos propios. Y tiene sentido. Steve siempre quiso una familia. Lo dijo en voz alta varias veces.

Mientras otros personajes huían de Hawkins, él construía raíces. Hay algo casi contracultural en eso: en una narrativa que glorifica la huida, Steve elige quedarse. Y no por miedo, sino por amor.

Me recuerda a cómo en Star Trek, algunos personajes eligen la exploración mientras otros encuentran su propósito en proteger lo que ya conocen. No todos estamos hechos para cruzar la galaxia. Algunos estamos hechos para cuidar de casa.

Nancy: la que se busca

Nancy Wheeler está en Boston, trabajando como periodista. No está con Jonathan. No está con Steve. Está sola.

Y eso, lejos de ser triste, es liberador.

Ross Duffer lo resume bien: «Nunca quisimos que Nancy tomara el camino obvio». Nancy siempre fue la chica que se suponía que debía seguir un guion: universidad, matrimonio, casa en las afueras.

Pero ella rompió ese molde una y otra vez. Investigó conspiraciones cuando nadie la tomaba en serio. Empuñó armas cuando se esperaba que llorara.

Y ahora, en el epílogo, sigue negándose a encajar.

Su ruptura con Jonathan no es un fracaso romántico. Es una declaración de intenciones. Nancy necesita encontrarse a sí misma antes de entregarse a alguien más.

Y eso, en una serie que podría haber caído fácilmente en el «final feliz con pareja», me parece un gesto de madurez narrativa. Nancy no está huyendo del amor. Está persiguiendo algo más grande: su propia voz.

Aunque originalmente quería estudiar en Emerson College, ahora trabaja en una organización que parece darle más propósito que cualquier título académico. A veces el plan cambia. Y a veces eso está bien.

Jonathan: el que cumple su sueño

Jonathan Byers está en la Universidad de Nueva York estudiando cine. Es un sueño que se plantó en la primera temporada y que, finalmente, florece.

Los Duffer incluso se inspiraron en su propia experiencia universitaria para construir su arco: Jonathan hace cine anticapitalista, experimental, probablemente incomprendido.

Hay un guiño divertido en la serie a una película sobre un caníbal que cambia de forma, referencia directa a un proyecto que los propios hermanos Duffer hicieron en la universidad. Es un detalle pequeño, pero dice mucho: Jonathan es el artista que no busca complacer, sino expresar.

Su separación de Nancy duele, pero también tiene sentido. Jonathan siempre fue el que se sacrificaba, el que ponía a los demás primero.

Ir a NYU es, en cierto modo, su primer acto de egoísmo sano. Y necesitaba eso. Necesitaba perseguir algo que fuera solo suyo.

La conexión que permanece

A pesar de la distancia geográfica, Steve, Nancy y Jonathan planean verse una vez al mes en la casa del tío de Robin en Kentucky.

Es un detalle que podría parecer menor, pero que en realidad lo dice todo: las personas importantes no desaparecen de tu vida solo porque tomen caminos distintos.

Robin, por cierto, estudia en Smith College —una sugerencia de la propia Maya Hawke, la actriz que la interpreta—. Cada uno está donde necesita estar. Pero siguen siendo un equipo. Siguen siendo familia.

Esto me recuerda a algo que siempre me fascinó de las buenas historias de ciencia ficción: no se tratan realmente del futuro, sino del presente.

Stranger Things usó monstruos y dimensiones alternas para hablar de trauma, amistad, y pérdida. Y ahora, en su final, usa la separación física para hablar de algo igual de universal: cómo mantenemos los vínculos cuando la vida nos lleva en direcciones opuestas.

Lo que dice este final sobre nosotros

Hay una pregunta que atraviesa toda la serie y que se responde de formas distintas en cada personaje: ¿qué haces cuando el peligro termina? ¿Quién eres cuando ya no hay nada contra lo que luchar?

Steve elige la comunidad. Nancy elige la ambición. Jonathan elige el arte.

Y todos eligen, de alguna forma, la honestidad. No fuerzan finales que no les corresponden. No se quedan juntos «porque sí». No sacrifican sus identidades en nombre de un cierre narrativo limpio.

En Dune, Paul Atreides se enfrenta a un destino que parece inevitable, pero la verdadera pregunta siempre fue: ¿hasta qué punto elegimos nuestro camino? Los personajes de Stranger Things responden a eso con claridad: eligiendo ser fieles a quienes son, incluso cuando duele.

A veces crecer significa alejarse. A veces el amor no es suficiente. A veces el heroísmo más grande es simplemente ser fiel a quien eres.


Los hermanos Duffer podrían haber dado a los fans lo que «querían»: Steve y Nancy juntos, Jonathan feliz en Hawkins, todos viviendo cerca y cenando los domingos.

Pero habrían traicionado a los personajes.

Y al final, la mejor ficción no es la que nos da lo que pedimos, sino la que nos da lo que necesitamos: verdad emocional, coherencia, respeto por la complejidad humana.

Stranger Things termina no con un gran espectáculo, sino con una pregunta silenciosa: ¿y ahora qué?

La respuesta es distinta para cada uno. Y eso, precisamente, es lo que la hace universal.

Porque todos hemos estado ahí, en esa encrucijada donde el camino se divide y tienes que elegir. No entre el bien y el mal, sino entre versiones de ti mismo.

Y a veces, la decisión más valiente es simplemente elegir la tuya.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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