-
Obsession mantiene un sólido rendimiento en taquilla un mes después de su estreno, y su director Curry Barker ya tiene una idea para la secuela, aunque prefiere no precipitarse.
-
Barker contempla convertir el universo del One Wish Willow en una serie antológica donde cada episodio explore un deseo diferente que se tuerce de forma inesperada.
-
El director trabaja en paralelo en el montaje de Anything But Ghosts y en el desarrollo de un nuevo Texas Chainsaw Massacre para A24, centrado en la familia de Leatherface.
-
💭 Opinión: Lo fascinante aquí no es la secuela, sino la espera. Que un cineasta decida frenar cuando todo le empuja a acelerar es, en sí mismo, una declaración de principios sobre cómo entiende su oficio.
Hay algo perturbador en la idea de que un deseo se cumpla exactamente como lo pediste. Sin trampa en el lenguaje, sin cláusula oculta. Simplemente, consigues lo que querías. Y eso resulta ser lo más aterrador de todo.
Obsession, la última película del director Curry Barker, juega con esa premisa de una forma que recuerda a los mejores cuentos de hadas retorcidos: un joven introvertido, un objeto mágico, y un amor que muta en algo que ya no puede contenerse. Un mes después de su estreno, la película sigue funcionando en taquilla, y los fans ya claman por una secuela. Pero Barker no tiene prisa. Y eso, en el Hollywood de hoy, merece atención.
Una idea que necesita tiempo
En una entrevista con The Hollywood Reporter, Barker confirmó que tiene una idea concreta para Obsession 2. No quiso revelar detalles, pero fue rotundo: no piensa precipitarse. Sus palabras exactas fueron: «No quiero ir directamente a Obsession 2. Tengo una idea muy buena que no voy a contar. No digo que tenga que esperar cinco o seis años. Pero creo que la gente estaría igual de emocionada si llegara un poco más adelante. Es un torbellino, y estoy intentando entenderlo.»
Hay una lógica creativa en eso que es difícil de rebatir.
Las secuelas que nacen de la inercia comercial suelen ser las que menos respetan al original. El espacio entre película y película no es un vacío: es el tiempo que necesita una idea para encontrar su forma. Para que el director sepa qué quiere decir, y no solo qué puede vender. Barker parece entenderlo.
Y hay algo casi irónico en ello. La premisa de su película habla precisamente de la impaciencia: del deseo que se reclama antes de tiempo, sin medir las consecuencias. Resulta revelador que su autor aplique a su propia carrera la lección que su historia intenta transmitir.
El universo del One Wish Willow
La mitología construida alrededor del objeto central de la película —una rama mágica conocida como el One Wish Willow— tiene un potencial narrativo que va mucho más allá de una sola historia.
Eso ha generado especulación considerable entre los seguidores de la película, que ya imaginan spinoffs y nuevas variaciones sobre el mismo deseo mal formulado.
Pero el director tiene una propuesta más interesante que una simple secuela: una serie antológica.
La antología como solución inteligente
«Lo que realmente me emociona es una antología. Un episodio de una hora. Cada episodio es un deseo diferente que se descontrola por completo. Quizás dirija el piloto con el mismo director de fotografía, y luego podría invitar a otros cineastas a dar su propia versión. Eso sería realmente genial», explicó Barker.
Me parece una idea que vale la pena pensar despacio.
La estructura antológica ofrece algo que la secuela directa no puede: libertad total. Cada episodio puede tener un tono diferente, personajes propios, incluso su propio subgénero cinematográfico. Terror psicológico, drama romántico retorcido, comedia negra. El punto de partida —el deseo que se tuerce— es suficientemente universal para sostener mundos completamente distintos.
Hay precedentes que funcionan. Black Mirror lo demostró durante años. Love, Death & Robots también. La antología no diluye una franquicia: la multiplica, la enriquece, y le da oxígeno.
Y hay una razón por la que el formato encaja tan bien con esta premisa concreta. El deseo es, quizás, el más humano de los temas. Cada época proyecta sus propios miedos en lo que anhela. Un episodio rodado hoy hablaría, casi inevitablemente, de nuestra obsesión por obtenerlo todo ya, sin espera ni esfuerzo, en una cultura que confunde la inmediatez con la libertad. Esa elasticidad —la capacidad de un mismo motor narrativo para retratar distintas ansiedades— es lo que convierte la antología en algo más que una decisión comercial.
Recuerdo haber pausado Arrival para apuntar una frase sobre cómo el lenguaje moldea lo que somos capaces de imaginar. La premisa del One Wish Willow tiene un eco parecido: aquí lo que nos define no es lo que decimos, sino lo que pedimos.
Un director en la encrucijada
Mientras todo esto toma forma, Barker tiene la agenda llena.
Está terminando el montaje de Anything But Ghosts, una película protagonizada por Aaron Paul y Bryce Dallas Howard. Y además está desarrollando un nuevo Texas Chainsaw Massacre para A24, un proyecto que promete explorar en profundidad la lógica interna de la familia de Leatherface. El guión todavía no está escrito, pero la visión ya está clara.
El propio Barker reconoce que está ante una decisión importante: centrarse en propiedades intelectuales consolidadas, o apostar por proyectos originales. No lo tiene resuelto, y lo dice sin fingir que sí. Esa honestidad es poco frecuente en el discurso público de Hollywood. Y dice mucho de un director que todavía piensa antes de actuar.
Obsession plantea una pregunta antigua: ¿qué ocurre cuando consigues exactamente lo que deseas? Es la misma pregunta que late bajo buena parte de la ciencia ficción que más me ha marcado, esa que entiende que toda tecnología, todo poder, toda concesión, llega con una factura que no leemos hasta que es tarde.
Barker parece haber aprendido la lección de su propia película. No va a pedir el deseo antes de tiempo. En una industria que convierte cualquier éxito en producto de consumo rápido, esperar a tener algo que realmente valga la pena decir no es solo prudencia: es, casi, un pequeño acto de resistencia. Y eso, curiosamente, es lo más sensato que puede hacer.

