«Delphi»: la primera serie del universo Rocky-Creed en Prime Video

Prime Video estrena «Delphi», la primera serie televisiva del universo Rocky-Creed, ambientada en el gimnasio de Adonis Creed y protagonizada por jóvenes boxeadores. Wood Harris regresa como Little Duke y Michael B. Jordan es productor ejecutivo. Una expansión que genera tanto expectativa como inquietud.

✍🏻 Por Tomas Velarde

mayo 20, 2026

• Prime Video estrena «Delphi», la primera serie televisiva del universo Rocky-Creed, ambientada en el gimnasio de Adonis Creed y protagonizada por jóvenes boxeadores que persiguen la gloria.

• Una decisión que me genera profunda inquietud: el salto de una franquicia cinematográfica a la televisión rara vez preserva la esencia que hizo grande a la obra original.

• Wood Harris regresa como Little Duke, estableciendo el vínculo generacional que conecta esta apuesta serial con la mitología fundacional de Stallone.


Hay franquicias que nacen para el cine y mueren en la televisión. No es pesimismo, es historia del medio. Rocky, aquella obra maestra de John G. Avildsen que en 1976 nos regaló uno de los personajes más icónicos del cine estadounidense, ha sabido mantenerse con dignidad a través de sus secuelas y la trilogía Creed. Ahora, el universo del boxeador de Filadelfia da el salto a la pequeña pantalla con «Delphi», y uno no puede evitar preguntarse si es evolución natural o simple explotación comercial.

Prime Video ha confirmado que «Delphi» está ya en producción. La premisa respeta, en apariencia, los códigos del género: jóvenes boxeadores talentosos en una academia de élite, persiguiendo sus sueños. El escenario es el gimnasio que frecuenta Adonis Creed, estableciendo conexión directa con la mitología reciente de la franquicia.

Michael B. Jordan no aparecerá como actor, pero sí figura como productor ejecutivo. Es un detalle que no debe pasarse por alto: su presencia detrás de las cámaras sugiere, al menos, voluntad de mantener la coherencia tonal con lo establecido en las películas. Quien sí regresará es Wood Harris como Little Duke, el entrenador que ya conocimos en Creed. Little Duke, recordemos, es hijo de Duke Evers, aquel que entrenó a Apollo Creed en las cintas originales. Esta continuidad generacional no es casual; es el hilo conductor que permite a «Delphi» reclamar su legitimidad dentro del canon.

El reparto incluye a Benji Santiago, Juan Castrano, Demián Bichir, André Holland, Andre Royo, Sofia Black-D’Elia y Victoria Vourkoutiotis. Santiago encabeza el elenco como Santi Torres, descrito como «un talento en bruto que siempre ha vivido a la sombra de su hermano mayor». La premisa no es nueva —el boxeo como metáfora de redención personal es tan viejo como el propio cine—, pero en manos competentes puede funcionar.

Lo que me inquieta es que «Delphi» no es un proyecto aislado. Stallone lleva años hablando de una serie precuela de Rocky. Además, está en desarrollo «I Play Rocky», una película biográfica sobre Stallone y la creación del Rocky original, dirigida por Peter Farrelly, con estreno previsto para noviembre.

Esta proliferación de proyectos derivados me genera sensación ambivalente. Entiendo el deseo de explorar un universo rico en posibilidades narrativas. El boxeo, como escenario dramático, ofrece un lienzo perfecto para hablar de clase social, ambición y redención. Scorsese lo entendió magistralmente en «Toro salvaje», y la propia Rocky original funcionaba porque era, ante todo, una historia de dignidad humana antes que de puñetazos.

La Rocky de Avildsen bebía del neorrealismo italiano en su retrato descarnado de la clase trabajadora de Filadelfia. Había en aquella película una honestidad visual, una puesta en escena que privilegiaba lo auténtico sobre lo espectacular. El gimnasio no era decorado, era espacio vivido. Los encuadres de Avildsen capturaban la textura de ese mundo con la misma precisión con que Vittorio De Sica fotografiaba la Roma de posguerra.

La televisión exige ritmos distintos, estructuras narrativas diferentes. No siempre lo que funciona en dos horas de metraje puede sostenerse durante temporadas enteras sin perder fuerza. He visto demasiadas franquicias diluir su esencia al expandirse sin control.

La clave estará en si «Delphi» logra encontrar su propia voz o si se limita a ser un eco nostálgico de glorias pasadas. El gimnasio, ese espacio casi sagrado en la mitología de Rocky y Creed, puede ser el escenario perfecto para explorar nuevas historias, siempre y cuando los responsables entiendan que lo importante nunca fueron los golpes, sino lo que representaban.

El formato serial permite, en teoría, profundizar en personajes de manera que el cine no puede. Pero también tienta a la dilación narrativa, al relleno, al melodrama facilón que tanto abunda en las series actuales. La pregunta es si los creadores de «Delphi» comprenden esta distinción fundamental.


El tiempo dirá si «Delphi» merece un lugar en el panteón de esta franquicia o si quedará como una nota al pie, un experimento televisivo más en la era del streaming desenfrenado. Lo que está claro es que el universo de Rocky sigue expandiéndose, para bien o para mal, y que el legado de aquel boxeador de barrio que subió las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia continúa resonando décadas después.

Mientras tanto, esperaremos con cautela. Con la esperanza de que «Delphi» honre lo construido, pero con el escepticismo que da haber visto demasiadas franquicias perder el rumbo en su afán de perpetuarse. El cine, al final, siempre ha sido más honesto que la televisión en una cosa: sabe cuándo es hora de bajar el telón.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

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