Adiós Iger, hola D’Amaro: así cambia el futuro de Disney

Disney elige a Josh D’Amaro, jefe de parques, como CEO y deja la creatividad en manos de Dana Walden. Una apuesta calculada tras el caos Chapek.

✍🏻 Por Lucas Ferrer

febrero 23, 2026

• Disney cierra su culebrón de sucesión nombrando a Josh D’Amaro como CEO y a Dana Walden como presidenta creativa, apostando por un liderazgo dual que separe músculo financiero de sensibilidad artística.

• D’Amaro viene de parques temáticos, la división más rentable de Disney, lo que demuestra que en 2025 los números pesan más que las conexiones en Hollywood.

• Con 38 millones anuales para D’Amaro y 24 para Walden, Disney intenta evitar repetir el desastre de la era Chapek con una estructura clara de responsabilidades.


Josh D’Amaro no tiene el teléfono de Spielberg. No es la persona a la que llaman los grandes productores cuando quieren cerrar un trato. Y precisamente por eso va a dirigir Disney.

Si alguien me hubiera dicho hace un año que el tipo de los parques temáticos iba a convertirse en CEO de Disney, le habría preguntado qué había fumado. Pero aquí estamos, y los números explican perfectamente por qué tiene todo el sentido del mundo.

Después de más de dos años de especulación que paralizaron decisiones estratégicas y mantuvieron a ejecutivos caminando sobre cáscaras de huevo, Bob Iger finalmente tiene sucesor oficial. El 18 de marzo de 2026 marcará el inicio de una nueva era, y la elección dice mucho sobre qué valora Disney en 2025.

El veredicto: músculo financiero al mando, creatividad al volante

D’Amaro, actual responsable de parques temáticos y experiencias, se convertirá oficialmente en CEO. La decisión fue unánime por parte del consejo de administración, lo cual ya dice bastante en una empresa donde las luchas internas han sido legendarias.

Pero aquí viene lo interesante.

Dana Walden, que muchos consideraban la favorita por sus conexiones en Hollywood, no se va con las manos vacías. Ha sido ascendida a presidenta y directora creativa, con autoridad sobre televisión, streaming y cine. Prácticamente todo lo que ves en una pantalla con el logo de Disney pasará por sus manos.

Esta estructura dual no es casualidad. Disney está apostando por un modelo donde D’Amaro maneja la maquinaria corporativa mientras Walden se encarga de mantener contentos a directores, productores y estrellas. Es como tener un CFO y un director creativo en la cúpula, pero sin llamarlo oficialmente co-CEOs.

Y tiene sentido. Porque si algo nos enseñó la era Chapek es que no puedes poner a alguien al mando y esperar que todo funcione mágicamente.

Los números que lo explican todo

Wall Street tiene una regla simple: sigue el dinero. Y el dinero estaba en los parques, no en Hollywood.

D’Amaro lleva casi tres décadas en Disney, pero su verdadero valor está en lo que ha conseguido con la división de parques y experiencias. Mientras el negocio de televisión lineal se desplomaba y el streaming seguía quemando dinero, los parques temáticos se convirtieron en la gallina de los huevos de oro.

Hablamos de una división que genera márgenes de beneficio envidiables y que tiene potencial de crecimiento en mercados internacionales. Desde la perspectiva de Wall Street, D’Amaro tenía todas las papeletas.

La compensación económica también cuenta una historia fascinante.

D’Amaro se embolsará aproximadamente 38 millones de dólares anuales. Walden recibirá unos 24 millones (con un salario base de 3,75 millones, un bonus objetivo del 200% y 15,75 millones en acciones). Su contrato se extiende hasta marzo de 2030, lo que da estabilidad al proyecto.

Esas cifras no son casuales. Son una declaración de intenciones sobre quién toma las decisiones finales.

La batalla que nadie quería pero todos sufrieron

Durante meses, Disney vivió en una especie de limbo corporativo.

Cada decisión importante se convertía en un campo minado: ¿aprobar este proyecto podría beneficiar a un candidato sobre otro? Esta parálisis tiene un coste real en términos de oportunidades perdidas.

Jimmy Pitaro, el jefe de ESPN, y Alan Bergman, copresidente de Disney Entertainment, también estaban en la carrera. Pero ESPN, aunque estratégicamente importante, sigue siendo un negocio en transición del cable al streaming. Y Bergman, pese a su experiencia en entretenimiento, no tenía el historial de crecimiento que D’Amaro podía exhibir.

Walden tenía a su favor sus conexiones en Hollywood. Es la persona a la que llaman los grandes productores y directores.

Pero también arrastraba algunas controversias, como su gestión de la suspensión de Jimmy Kimmel, que generó críticas internas. Y aunque suene absurdo en 2025, algunos observadores consideraban que su relación con figuras políticas como Kamala Harris podría atraer fricciones innecesarias.

El desconocido que viene del Medio Oeste

Aquí está el detalle curioso: D’Amaro es prácticamente un desconocido en los círculos de Hollywood.

Productores y talentos de primer nivel tienen poca o ninguna interacción con él. Un ejecutivo que ha trabajado con D’Amaro lo describió como «la versión del Medio Oeste de Bob Iger, alguien que exuda americanismo».

Esta falta de conexiones en la industria del entretenimiento no es necesariamente un problema. De hecho, es precisamente para eso que está Walden.

La expectativa es que ella siga siendo la voz principal en decisiones de contenido, mientras D’Amaro se centra en la estrategia corporativa global. Es un equilibrio delicado, y un antiguo ejecutivo de Disney lo resumió perfectamente: «Necesitas una jerarquía. Dana puede debatir y argumentar su punto de vista, pero cuando Josh entregue su veredicto, ella necesita saludar y ser una buena ciudadana corporativa».

Traducción: puede haber debate, pero al final alguien tiene que tomar la decisión final.

Aprendiendo de los errores (caros) del pasado

Disney no quiere repetir el desastre de 2020.

Cuando Bob Chapek asumió el cargo justo antes de la pandemia, la transición fue caótica. La relación entre Iger y Chapek se fracturó públicamente. Las decisiones sobre streaming versus cines alienaron a talentos clave. Los resultados financieros decepcionaron.

Y finalmente, en 2022, el consejo tuvo que hacer algo casi sin precedentes: traer de vuelta a Iger para arreglar el desaguisado.

Esta vez, la estructura está diseñada para evitar esos problemas. Hay una clara división de responsabilidades. Iger se moverá a un rol de asesor y se retirará completamente a finales de 2026, dando espacio real a la nueva dirección.

Tanto D’Amaro como Walden trabajarán estrechamente con Jimmy Pitaro mientras ESPN continúa su evolución, especialmente después del acuerdo con la NFL que le da a la liga un 10% de participación en ESPN.

Lo que dicen los analistas (y por qué importa)

Wall Street ha recibido la noticia con optimismo moderado.

Kutgun Maral, analista de Evercore ISI, destacó la capacidad de D’Amaro para «impulsar un crecimiento duradero mientras equilibra inversión, retornos y gestión de marca». James Gorman, presidente del consejo de administración, expresó confianza en ambos ejecutivos.

Los números respaldan este optimismo cauteloso. La división de parques y experiencias ha demostrado resiliencia incluso en momentos económicos complicados. Las familias siguen dispuestas a gastar en experiencias Disney, y la expansión internacional ofrece oportunidades de crecimiento significativas.


Al final, esta decisión de sucesión es una apuesta por el equilibrio.

Disney está reconociendo que necesita tanto el músculo financiero como la sensibilidad creativa para navegar el futuro del entretenimiento. D’Amaro aporta el primero; Walden, la segunda.

Sobre el papel, tiene sentido. En la práctica, veremos si esta estructura dual funciona o si termina generando las mismas fricciones que intentaba evitar.

Lo que está claro es que Disney ha aprendido de sus errores. La era Chapek fue un recordatorio doloroso de que no basta con nombrar a alguien CEO y esperar que todo funcione. Hace falta planificación, estructura clara y, sobre todo, que los egos no se interpongan en el camino del negocio.

Con 38 millones de dólares anuales en juego para D’Amaro y un imperio de entretenimiento valorado en cientos de miles de millones, más vale que esta vez lo hayan hecho bien.

Los números, como siempre, acabarán contando la verdadera historia.


Apasionado por los números que cuentan historias, llevo más de 12 años desentrañando qué hay detrás del éxito (o fracaso) en taquilla. Para mí, cada cifra es un reflejo del público y la industria, y me encanta traducir esos datos en análisis claros y sorprendentes.

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