El biopic de Michael Jackson elimina todas las referencias a las acusaciones

El biopic de Michael Jackson ha sufrido regrabaciones millonarias para eliminar cualquier mención a las acusaciones de abuso infantil, convirtiéndose en una hagiografía controlada por su patrimonio.

✍🏻 Por Tomas Velarde

abril 9, 2026

• El biopic de Michael Jackson ha sufrido regrabaciones millonarias para eliminar toda referencia a las acusaciones de abuso infantil tras descubrirse tardíamente una cláusula legal que lo impedía.

• Una producción que pretendía abordar el escándalo de 1993 ha terminado convertida en hagiografía controlada por el patrimonio del artista.

• El cine biográfico contemporáneo demuestra una vez más su incapacidad para enfrentarse a la verdad cuando los intereses comerciales están en juego.


Hay algo profundamente revelador cuando los abogados tienen más peso que los directores en el proceso creativo de un biopic. La historia del cine está plagada de ejemplos donde la verdad incómoda se sacrifica en el altar de la conveniencia, pero pocas veces hemos asistido a una demostración tan flagrante de autocensura como la que rodea a «Michael», el biopic sobre Michael Jackson protagonizado por su sobrino Jaafar Jackson.

Quince millones de dólares invertidos en borrar escenas ya filmadas. Un tercer acto completamente reescrito. Un final nuevo. Todo ello no por razones artísticas, sino por un descubrimiento legal tardío que debería haber sido evidente desde el primer borrador del guion.

Me pregunto qué habría pensado Billy Wilder de todo esto. Él, que supo navegar la censura del Código Hays con ingenio y astucia, jamás habría permitido que los abogados dictasen la estructura narrativa de sus películas. Pero estamos en 2025, y el cine biográfico se ha convertido en un género donde la mitología importa más que la verdad.

Un guion mutilado por cláusulas olvidadas

La concepción original de «Michael» era ambiciosa en su voluntad de no eludir lo incómodo. El filme arrancaba en 1993, precisamente el año en que Michael Jackson enfrentó por primera vez acusaciones de abuso sexual a menores. El tercer acto estaba dedicado íntegramente a explorar el impacto de este escándalo en la vida del artista.

Pero entonces, cuando la producción estaba ya avanzada, los abogados del patrimonio Jackson —coproductores del filme— descubrieron algo que debería haber sido verificado antes de escribir una sola línea de diálogo: una cláusula en el acuerdo de 1994 con Jordan Chandler prohibía explícitamente cualquier representación o mención del acusador en formato cinematográfico.

Este descubrimiento tardío obligó a los realizadores a eliminar numerosas secuencias ya filmadas. No estamos hablando de ajustes menores. Hablamos de amputar el corazón narrativo de la película, de extraer quirúrgicamente todo aquello que justificaba comenzar la historia precisamente en 1993.

Quince millones para reescribir la historia

Las regrabaciones se llevaron a cabo durante el verano y su coste ascendió hasta los quince millones de dólares, una cifra que el patrimonio Jackson asumió íntegramente. Es comprensible: el error fue suyo. Pero el precio real no se mide en dólares, sino en integridad artística.

Se filmó un tercer acto completamente nuevo. Un final diferente. Secuencias adicionales para rellenar los huecos dejados por las escenas eliminadas. El resultado, me temo, será una narrativa descafeinada, un retrato edulcorado que evita cuidadosamente cualquier controversia sustancial.

El biopic como ejercicio de control

Lo que me resulta particularmente inquietante de este episodio es cómo ilustra la naturaleza del biopic contemporáneo cuando el patrimonio del biografiado mantiene control creativo. No estamos ante una obra de autor que busca la verdad, por incómoda que sea. Estamos ante un producto comercial diseñado para preservar y potenciar una marca.

Pienso en «Raging Bull» de Scorsese, donde Jake LaMotta aparece en toda su brutalidad autoinfligida. Pienso en «Patton» de Franklin J. Schaffner, que no ocultaba las contradicciones de su protagonista. Pienso incluso en «Lawrence de Arabia» de David Lean, que sugería la complejidad sexual de su héroe sin necesidad de explicitarlo todo.

Esas películas funcionaban porque sus creadores tenían libertad para explorar la totalidad del ser humano, no solo su versión autorizada.

«Michael» ha perdido esa oportunidad. Al eliminar las referencias a las acusaciones de 1993, la película renuncia a abordar el elemento que más definió la segunda mitad de la vida de Jackson. Es como hacer un biopic de Nixon sin Watergate, o de Hitchcock sin sus obsesiones enfermizas.

La fecha de estreno ha cambiado varias veces. Inicialmente programada para abril de 2025, luego pospuesta a octubre del mismo año, finalmente se ha fijado para el 24 de abril. Estas idas y venidas reflejan el caos creativo que ha rodeado al proyecto.

Jaafar Jackson, sobrino del cantante, interpreta el papel principal. Hay algo casi shakespeariano en esta elección: la familia controlando no solo el legado, sino también su representación cinematográfica.


Nos queda «Michael»: una película que costó quince millones de dólares adicionales para asegurarse de no decir nada que pudiese incomodar a nadie. En el proceso, ha perdido cualquier posibilidad de ser cine verdadero.

Porque el cine, el auténtico, no teme a la verdad. La busca, la abraza, y la transforma en arte. Todo lo demás es simplemente publicidad cara.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

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