Bam Margera confirma que no estará en la nueva película de Jackass

Bam Margera no grabará nuevas escenas para la próxima película de Jackass, aunque permite usar material de archivo. Su salida en 2022 revela las duras condiciones de una franquicia que consume a sus creadores.

✍🏻 Por Alex Reyna

abril 5, 2026

• Bam Margera no grabará nuevas escenas para la próxima película de Jackass, aunque ha autorizado el uso de material inédito de archivo.

• Su despido en 2022 expone cómo la industria del entretenimiento consume a quienes construyeron su éxito, descartándolos cuando ya no encajan en el molde.

• Esta historia plantea preguntas incómodas sobre nuestra complicidad como audiencia en el consumo de contenido que tiene un coste humano invisible.


Hay algo profundamente perturbador en ver cómo se deshace una familia creativa. No hablo de desacuerdos artísticos o de egos que chocan, sino de algo más visceral: la sensación de haber sido usado, exprimido hasta la última gota, y luego descartado cuando ya no encajas en el molde.

La historia de Bam Margera y Jackass no es solo el drama de una franquicia millonaria. Es un espejo que refleja cómo la industria del entretenimiento trata a quienes construyeron su éxito.

Durante dos décadas, Margera fue parte del ADN de Jackass. Su risa, su caos controlado, su vulnerabilidad disfrazada de temeridad. Pero ahora, mientras la franquicia se prepara para lanzar una nueva película este verano, él observa desde fuera. Y lo que dice no es solo «no quiero participar», sino algo mucho más doloroso: «ya no puedo».

El precio invisible del espectáculo

Margera ha sido claro: no habrá nuevas grabaciones con él. La próxima entrega de Jackass incluirá material de archivo inédito de Jackass Forever, esas escenas «demasiado salvajes» que nunca vieron la luz por cuestiones de duración o intensidad. Él ha dado su bendición para que se usen. Pero eso es todo.

Lo que queda fuera de cuadro es más revelador que cualquier acrobacia. Margera habla de «dos años de infierno» previos a su despido en 2022. Habla de gastar su propio dinero en terapeutas, médicos y tratamientos, intentando cumplir con las exigencias del estudio. Y al final, le dijeron que no estaría en la película. Que no recibiría los 5 millones de dólares prometidos.

Margera describe PTSD, humillación, abandono. Palabras que no esperarías asociadas a una franquicia de comedia física. Pero quizá deberíamos haberlo visto venir. Hemos normalizado el consumo de contenido donde el cuerpo humano es el lienzo del espectáculo, sin preguntarnos qué queda cuando se apagan las cámaras.

Cuando el contrato se firma en el momento equivocado

En 2022, Margera presentó una demanda por despido improcedente contra Paramount Pictures. La acusación era grave: le habrían obligado a firmar un contrato mientras estaba en rehabilitación, sometiéndolo a pruebas de drogas estrictas y medicación prescrita que afectó su salud física y mental.

La demanda también nombraba a MTV, Spike Jonze, Dickhouse Entertainment y Gorilla Flicks. Posteriormente, Margera pidió al juez que la desestimara, aunque no está claro si hubo un acuerdo extrajudicial.

Lo que me interesa aquí no es el aspecto legal, sino el ético. ¿Qué dice de nosotros como sociedad que permitamos que alguien firme contratos vinculantes en momentos de extrema vulnerabilidad? Es una pregunta que trasciende el entretenimiento y toca algo más profundo sobre cómo valoramos a las personas cuando dejan de ser productivas según nuestros términos.

El legado de quien construyó la casa

Margera se hizo famoso durante la emisión original de Jackass entre 2000 y 2001. Fue parte fundamental de lo que convirtió a un programa de MTV en un fenómeno cultural. Su presencia no era accesoria, era estructural.

Ahora dice que su futuro está con su familia y el skateboarding. Que la puerta de Jackass está cerrada. Y cuando habla de Jeff Tremaine y Johnny Knoxville, sus palabras son directas: «que les jodan».

No es rabia caprichosa. Es el dolor de quien siente que los cimientos sobre los que construyó algo fueron demolidos sin su consentimiento. Y lo más triste es que, mientras tanto, la maquinaria sigue funcionando. La película se estrenará. El material de archivo se usará. El espectáculo continúa.

Lo que queda cuando se apagan las cámaras

Hay una pregunta que me ronda desde que leí esto: ¿cuánto de nosotros mismos estamos dispuestos a sacrificar por pertenecer a algo? Margera dio años, salud, estabilidad. Y cuando ya no pudo seguir el ritmo, el sistema lo escupió.

Pero hay otra pregunta más incómoda: ¿cuál es nuestra responsabilidad como audiencia? Seguiremos viendo las películas, riéndonos de las acrobacias, sin pensar demasiado en el coste humano detrás de cada caída. Consumimos el espectáculo sin pausar para preguntarnos qué precio pagó alguien para que nosotros nos riéramos durante noventa minutos.


La historia de Bam Margera con Jackass no terminará con un abrazo reconciliador ni con un regreso triunfal. Terminará, probablemente, con silencio. Con él patinando en algún lugar lejos de las cámaras, intentando recordar quién era antes de que todo esto empezara. Y con una franquicia que seguirá adelante, porque las franquicias siempre lo hacen.

Lo que me queda es una sensación incómoda. Porque la verdadera acrobacia no es tirarse de un edificio o meterse en un carrito de supermercado cuesta abajo. La verdadera acrobacia es conseguir que no miremos demasiado de cerca, que no pausemos para hacer las preguntas difíciles, que sigamos adelante como si nada de esto importara realmente.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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