• Johnny Knoxville confirma que Jackass 5, que se estrena el 26 de junio, será la última película de la franquicia tras más de dos décadas de caos organizado.
• Fiel al espíritu de la saga, Knoxville espera que el final sea «un puto desastre», diseñado intencionalmente para ser un descarrilamiento total.
• Hay algo profundamente honesto en terminar una franquicia siendo fiel a su esencia: el caos como filosofía, el fracaso como forma de arte.
Hay algo profundamente humano en ver a alguien caerse. No desde la crueldad, sino desde ese lugar incómodo donde reconocemos nuestra propia fragilidad.
Jackass nunca fue solo un espectáculo de dolor autoinfligido. Fue un experimento sobre los límites del cuerpo, la amistad y lo absurdo.
Durante más de dos décadas, Johnny Knoxville y su pandilla de inadaptados nos han hecho reír, encogernos y preguntarnos: «¿Por qué demonios hacen esto?»
Ahora, con el anuncio de que Jackass 5 será la última entrega, nos enfrentamos al final de una era. Pero no un final cualquiera.
Knoxville promete que será un desastre absoluto, un cierre caótico que honre todo lo que la franquicia ha representado. Y quizá eso sea lo más honesto que podían hacer.
El arte de fallar gloriosamente
En una entrevista con Rolling Stone, Knoxville dejó claro que este es el momento natural para cerrar el capítulo.
«Este es el lugar natural para terminar. Así que va a ser absolutamente horrible», declaró con esa mezcla de sinceridad y autodestrucción que define su carrera.
Lo fascinante es cómo Knoxville abraza el fracaso como objetivo.
«¡Esperas que no salga bien en absoluto! Debería ser un puto desastre. Eso es lo que deberías esperar. Creo que lo diseñamos así», añadió.
No es bravuconería vacía. Es una filosofía.
Pensadlo un momento. En una cultura obsesionada con la perfección, con los finales épicos y las despedidas cuidadosamente coreografiadas, Jackass propone lo contrario.
El caos como forma de arte. El descontrol como declaración de principios.
Hay algo casi revolucionario en eso. En un mundo donde cada imagen está filtrada, cada momento curado, cada narrativa pulida hasta la perfección, Jackass dice: «Que se joda todo eso».
La pregunta de fondo es profunda: ¿qué nos hace humanos? ¿No es acaso nuestra capacidad para hacer cosas estúpidas, para reírnos de nosotros mismos, para fallar espectacularmente?
Veinticinco años de filosofía del dolor
La serie original de Jackass debutó en MTV en el año 2000, co-creada por Jeff Tremaine, Spike Jonze y el propio Knoxville.
Duró tres temporadas, pero su impacto cultural fue infinitamente mayor que su breve paso por la televisión.
Lo que comenzó como sketches de stunts absurdos se convirtió en un fenómeno que generó múltiples películas teatrales y una legión de imitadores. La mayoría sin el timing cómico ni la extraña ternura que caracteriza al grupo original.
Knoxville anunció la fecha de estreno del 26 de junio a través de redes sociales con su característico entusiasmo desenfadado.
Nada de comunicados corporativos. Solo un mensaje directo a los fans que han seguido cada caída, cada golpe, cada momento de «no puedo creer que acaben de hacer eso».
Lo interesante es que Knoxville no habla de terminar por razones de seguridad o edad. No es un «ya somos demasiado mayores para esto».
Es simplemente que el momento se siente correcto. Hay una honestidad refrescante en eso.
Lo que Jackass dice sobre nosotros
Podríamos descartar Jackass como entretenimiento de bajo nivel. Sería fácil.
Pero estaríamos ignorando algo importante: durante 25 años, millones de personas han acudido a ver a estos tipos hacerse daño voluntariamente. ¿Por qué?
Quizá porque en un mundo cada vez más controlado, más seguro, más esterilizado, hay algo liberador en ver a alguien elegir el caos.
No es masoquismo puro. Es una celebración de la libertad, por absurda que sea.
También es, en su forma retorcida, una exploración de la amistad. Estos tipos se han estado rompiendo huesos juntos durante décadas.
Hay una confianza implícita en eso. Una vulnerabilidad compartida.
Cuando Steve-O se lanza desde una rampa o cuando Chris Pontius se enfrenta a una situación ridícula, no lo hacen solos. Lo hacen rodeados de gente que los conoce, que los cuida a su manera, que estará ahí cuando todo salga mal.
Porque siempre sale mal. Ese es el punto.
La franquicia nos pregunta constantemente: ¿hasta dónde podemos llegar? ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar? ¿Qué significa realmente estar vivo?
Son preguntas que normalmente asociamos con narrativas más «serias». Pero Jackass las hace desde el extremo físico y lo absurdo, y por eso mismo resultan más honestas.
El final perfecto es imperfecto
Knoxville parece entender que la única forma de cerrar Jackass es siendo fiel a su esencia.
No pueden hacer un final pulido y emotivo. Eso traicionaría todo lo que han construido.
Tienen que salir como entraron: haciendo el ridículo, desafiando el sentido común, riéndose del dolor.
Es poético a su manera. Un reconocimiento de que algunas cosas no necesitan redención ni transformación. Algunas cosas simplemente son lo que son.
El 26 de junio veremos si cumplen su promesa de desastre total. Algo me dice que sí.
Y que será glorioso precisamente por eso.
Hay franquicias que terminan con batallas épicas, sacrificios heroicos o revelaciones que cambian todo lo que creíamos saber.
Jackass terminará probablemente con alguien siendo golpeado en los genitales por un objeto inesperado.
Y está bien. Más que bien. Es exactamente como debe ser.
Porque al final, Jackass siempre ha sido sobre la honestidad brutal. Sobre mostrar que somos frágiles, ridículos y capaces de reírnos de nuestra propia estupidez.
En una era de imágenes cuidadosamente curadas y vidas filtradas, eso es casi revolucionario.
Así que aquí va por el desastre final. Que sea tan caótico, doloroso y genuinamente humano como todo lo que vino antes.

