Matthew Lillard confiesa su mayor miedo al volver como Stu Macher

Matthew Lillard vuelve como Stu en Scream 7 y teme destrozar el mito que marcó a toda una generación de fans del terror.

✍🏻 Por Alex Reyna

febrero 20, 2026

• Matthew Lillard regresa como Stu Macher en Scream 7 tras casi tres décadas, enfrentándose al peso de un personaje que marcó a toda una generación de fans del terror.

• El actor confiesa su ansiedad por decepcionar al público, consciente del riesgo de no capturar la esencia de lo que hizo especial a Stu cuando tenía 26 años y ahora tiene 54.

• La clave del éxito original residía en el equilibrio entre violencia y encanto, con momentos improvisados que se convirtieron en icónicos y que ahora debe recrear bajo la mirada de Kevin Williamson.


Hay algo profundamente humano en el miedo a decepcionar. No hablo del terror visceral que nos vende el cine de slasher, sino de ese vértigo existencial que aparece cuando intentas recuperar algo que fue perfecto en su momento.

Matthew Lillard lo sabe. Y su regreso a Scream 7 no es solo la vuelta de un personaje querido: es un experimento sobre el tiempo, la memoria y la imposibilidad de volver a casa sin que todo haya cambiado, incluido tú mismo.

Me recuerda a los replicantes de Blade Runner intentando acceder a memorias que ya no les pertenecen del todo. ¿Qué somos cuando el tiempo nos separa de quien fuimos? ¿Podemos habitar de nuevo una versión de nosotros mismos que quedó congelada en 1996?

El peso de la nostalgia

En una entrevista reciente mientras promocionaba su marca de vodka Ghost Face (la ironía no se le escapa a nadie), Lillard fue brutalmente honesto sobre sus dudas. «Lo único que estoy haciendo es poner en peligro todo lo que la gente ama», admitió.

Y tiene razón. El regreso de personajes icónicos es un campo minado emocional.

Scream no fue solo otra película de terror. Fue una deconstrucción del género, una carta de amor y una autopsia simultánea del slasher. Wes Craven y Kevin Williamson entendieron algo fundamental: que el terror funciona mejor cuando te importan los personajes, cuando hay humanidad entre la sangre.

Stu Macher era la personificación de ese equilibrio. Un tipo que podía ser tu mejor amigo en una fiesta y tu asesino cinco minutos después. Lillard le dio capas de carisma neurótico, de energía descontrolada. Y lo hizo parecer fácil.

La alquimia de lo improvisado

Lo fascinante es que algunos de los momentos más memorables de Stu fueron improvisados. Esa frase sobre sus padres enfadados, que se ha convertido en un meme recurrente, surgió espontáneamente.

Es el tipo de magia que no se puede planificar, que emerge cuando un actor entiende profundamente a su personaje y el tono de la película.

Lillard lo explica con claridad: «Lo que hace buena una película de Scream es que tienes grandes personajes, y la película tiene un sentido del encanto. Hay pequeños momentos idiosincráticos que la hacen divertida. Y a veces ayudan a equilibrar la violencia».

Es una observación que va más allá del terror. Habla de cómo construimos narrativas que resuenan. No es solo lo que pasa, sino cómo se siente.

Lo que esto dice sobre nosotros

Pero hay algo más profundo aquí. Algo que va más allá de si Lillard puede o no volver a capturar la esencia de Stu.

Nuestra obsesión cultural con resucitar personajes del pasado dice mucho sobre nuestra relación con el tiempo. Vivimos en una era donde la nostalgia se ha convertido en moneda de cambio, donde preferimos revisitar lo conocido antes que arriesgarnos con lo nuevo.

Recuerdo cuando pausé Arrival para anotar esa frase sobre cómo el lenguaje cambia la percepción del tiempo. Lillard enfrenta algo similar: ¿cómo habitas un personaje cuando tu relación con el tiempo ha cambiado completamente?

No es el mismo actor, no es el mismo mundo, no son los mismos espectadores. Y quizá esa sea precisamente la cuestión.

El miedo de Lillard a decepcionar es, en realidad, nuestro propio miedo reflejado. El miedo a que las cosas que amamos no puedan sobrevivir al paso del tiempo. El miedo a que nosotros mismos no podamos volver a ser quienes éramos.

La honestidad como virtud

Lo que más respeto de la postura de Lillard es su vulnerabilidad. Admitir públicamente que tienes miedo de decepcionar es arriesgado en una industria obsesionada con la confianza proyectada.

Pero también es profundamente humano.

Y quizá esa humanidad sea exactamente lo que necesita Scream 7. No un intento de replicar mecánicamente lo que funcionó antes, sino una comprensión de por qué funcionó: porque había personas reales, con miedos reales, intentando hacer algo especial.

Lillard confiesa que ni siquiera ha visto Scream 3 o Scream 4. No es desinterés, creo. Es protección. Cuando algo significa tanto para ti, a veces es más fácil mantener la distancia que arriesgarte a que te decepcione.


Al final, el regreso de Stu Macher no es solo una decisión de casting. Es una declaración sobre qué significa volver, sobre si podemos recuperar lo que fuimos o si solo podemos ser lo que somos ahora.

En la ciencia ficción, este dilema aparece constantemente: el viajero temporal que no puede volver a casa porque casa ya no existe, el clon que intenta ser el original, la inteligencia artificial que busca entender qué la hace humana.

Lillard lleva casi treinta años cargando con ese personaje, con esa energía caótica que definió una generación de terror autoconsciente. Y ahora debe preguntarse si puede volver a encontrarla, o si debe encontrar algo nuevo.

Quizá la respuesta esté en aceptar que no puedes volver a ser quien eras a los 26. Pero puedes ser alguien que entiende quién era esa persona, que respeta lo que significó, y que tiene la sabiduría de los 54 para darle una nueva dimensión.

El miedo de Lillard a decepcionar es, paradójicamente, la mejor señal de que entiende lo que está en juego. Y eso, en sí mismo, ya es un buen comienzo.

Scream 7 llega el 27 de febrero. Estaremos esperando, con la misma mezcla de esperanza y terror que siempre ha definido a la saga.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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