¿Chloé Zhao dirigiendo Misión Imposible 9? Genialidad… o desastre total

Una directora de autor como Chloé Zhao suena para Misión Imposible 9. ¿Choque de estilos o la reinvención que el cine de acción necesita?

✍🏻 Por Tomas Velarde

febrero 20, 2026

• Chloé Zhao, ganadora del Oscar por Nomadland, estaría en conversaciones para dirigir Misión: Imposible 9, según un rumor no verificado que, de confirmarse, marcaría el regreso a la tradición de rotar directores en la franquicia.

• La posible incorporación de Zhao representaría una apuesta fascinante por fusionar el cine contemplativo de autor con el espectáculo de acción práctica, recordando a cuando la saga confiaba en voces cinematográficas diferenciadas.

• Conviene mantener la cautela ante información procedente de fuentes anónimas, aunque el ejercicio especulativo resulta estimulante para reflexionar sobre el futuro del cine de acción de estudio.


Hay rumores que merecen ser descartados de inmediato, y otros que, aunque no verificados, resultan lo suficientemente sugerentes como para detenerse a reflexionar sobre ellos. Este pertenece a la segunda categoría.

La posibilidad de que Chloé Zhao se haga cargo de Misión: Imposible 9 plantea interrogantes que trascienden el mero cotilleo de la industria. ¿Qué busca Tom Cruise en una directora cuyo lenguaje cinematográfico parece tan alejado del vértigo que define su marca personal?

La noticia procede de DeuxMoi, ese repositorio digital de chismorreos que oscila entre el acierto profético y la especulación infundada. Pero precisamente por eso merece análisis pausado: si hay algo de verdad, estaríamos ante un giro creativo considerable para una de las pocas franquicias que mantienen dignidad artesanal en tiempos de saturación digital.


Según el rumor, habría sido el propio Cruise quien buscó activamente a Zhao. Ambos habrían trabajado ya en un tratamiento preliminar. De confirmarse, Misión: Imposible 9 marcaría el retorno a una práctica que caracterizó los primeros años de la saga: la rotación de directores.

Brian De Palma inauguró la franquicia en 1996 con una propuesta cerebral, casi hitchcockiana, que privilegiaba la tensión psicológica sobre la pirotecnia. Aquella secuencia en Langley, con su silencio opresivo y su geometría espacial milimétrica, era puro suspense clásico. De Palma entendía lo que Hitchcock siempre supo: que la amenaza sugerida supera a la violencia explícita.

John Woo llegó después con su ballet de violencia coreografiada. J.J. Abrams aportó dinamismo televisivo. Brad Bird —procedente de la animación— demostró en Protocolo fantasma un dominio espacial que pocos directores de acción poseen.

Esa diversidad estilística se perdió en 2015, cuando Christopher McQuarrie asumió el control. McQuarrie es un artesano competente, sin duda. Pero cuatro películas consecutivas bajo la misma mirada han homogeneizado la franquicia. La saga ha ganado en coherencia lo que ha perdido en sorpresa.


Aquí es donde la posible llegada de Zhao adquiere relevancia.

Su filmografía revela una cineasta con preocupaciones formales específicas. Nomadland es un ejercicio de observación contemplativa donde el paisaje americano funciona como espejo del desarraigo existencial. Su uso de la luz natural, los planos abiertos y el tiempo dilatado construyen una experiencia que privilegia la inmersión sobre la estimulación.

Hay algo en su mirada que recuerda al cine europeo de los setenta, a esa confianza en que el espectador puede absorber información visual sin necesidad de subrayados constantes. Antonioni filmaba el paisaje como estado emocional. Zhao hace algo similar con los Badlands americanos.

Su incursión en Marvel con Eternals resultó decepcionante para muchos. Pero vista con perspectiva, aquella película intentaba algo inusual: ralentizar el ritmo, permitir que los personajes respiraran. El problema fue que esa ambición chocaba con una maquinaria corporativa que no tolera desviaciones.

Misión: Imposible, curiosamente, podría ofrecerle el espacio que Marvel le negó.


Cruise, productor además de estrella, ejerce un control creativo que pocos actores poseen. Si efectivamente la buscó personalmente, es porque vio algo en su trabajo que considera valioso. Y conviene recordar que Cruise ha demostrado repetidamente buen ojo para el talento: contrató a Doug Liman cuando era relativamente desconocido, confió en Joseph Kosinski antes de Top Gun: Maverick, dio libertad a directores tan dispares como Michael Mann o Cameron Crowe.

La combinación de la sensibilidad de Zhao con el compromiso de Cruise por las acrobacias prácticas podría generar algo genuinamente distinto. Secuencias de acción filmadas con la paciencia y el sentido del espacio que caracterizan a Zhao. Persecuciones donde el entorno no es mero decorado, sino elemento narrativo activo.

En el fondo, no sería tan extraño. El mejor cine de acción siempre ha entendido la importancia del espacio. Pensemos en Bullit de Peter Yates, donde las calles de San Francisco no son telón de fondo sino protagonista. O en French Connection de Friedkin, donde la geografía urbana determina la tensión narrativa.

Zhao ha trabajado recientemente en Hamnet y dirigió el piloto de la secuela de Buffy Cazavampiros. Proyectos que confirman su interés por narrativas íntimas incluso dentro de géneros codificados. Su aproximación siempre busca el sustrato humano bajo la superficie del espectáculo.


Misión: Imposible – Ajuste final se ha posicionado como el gran cierre de la franquicia, aunque en Hollywood las despedidas definitivas rara vez lo son. Si existe una novena entrega, tendrá que justificar su existencia más allá de la inercia comercial.

La llegada de una directora con una voz tan personal como la de Zhao sería, al menos, una declaración de intenciones: que la saga aspira a evolucionar, no simplemente a repetirse con variaciones mínimas.

Conviene, por supuesto, mantener la cautela. Este rumor podría desvanecerse mañana mismo, revelándose como pura especulación sin fundamento.

Pero incluso como ejercicio hipotético, resulta estimulante. Nos recuerda que el cine de acción no está condenado a la uniformidad estilística. Que aún es posible imaginar blockbusters con personalidad autoral. Que la tensión entre espectáculo y autoría puede ser productiva cuando existe voluntad real de explorarla.


Si Chloé Zhao termina dirigiendo Misión: Imposible 9, estaremos ante una de las apuestas creativas más interesantes del cine de acción reciente. Si no, al menos habremos dedicado unos minutos a imaginar cómo podría ser el cine de estudio si se atreviera, con más frecuencia, a confiar en cineastas con algo que decir.

Y eso, en estos tiempos de producción en cadena, ya es bastante.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

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