Por Qué la Muerte de Baelor es lo Mejor que Ha Hecho Juego de Tronos

El episodio 5 de A Knight of the Seven Kingdoms entrega una muerte devastadora y recuerda por qué Juego de Tronos sigue siendo la fantasía más implacable.

✍🏻 Por Alex Reyna

febrero 16, 2026

• El episodio 5 de «A Knight of the Seven Kingdoms» ha sido aclamado como uno de los mejores de todo el universo de Juego de Tronos, con la devastadora muerte del Príncipe Baelor Targaryen como momento cumbre.

• La serie demuestra que Poniente sigue siendo tan despiadado como siempre, manteniendo esa capacidad de sorprender incluso cuando intuimos lo que viene.

• Me recuerda a por qué la ciencia ficción y la fantasía funcionan mejor cuando no temen las consecuencias: cuando el mundo que construyen tiene peso real.


Hay algo fascinante en cómo ciertas historias logran trascender su propio medio. No hablo solo de ser «buenas» o «entretenidas», sino de esas piezas que consiguen recordarnos por qué nos sentamos frente a una pantalla en primer lugar.

Que nos hacen pausar, respirar hondo, y quedarnos mirando los créditos en silencio.

«A Knight of the Seven Kingdoms» acaba de entregarnos uno de esos momentos con su quinto episodio. Me quedé mirando la pantalla en negro después de los créditos, igual que hice con Blade Runner 2049. Esa sensación de que algo importante acaba de suceder, algo que necesita tiempo para asentarse.

Lo que distingue a las grandes narrativas de fantasía —o de ciencia ficción— no es la espectacularidad de sus batallas ni la complejidad de sus tramas políticas. Es su capacidad para hacernos sentir que las decisiones importan, que las acciones tienen consecuencias, y que ningún personaje está a salvo de la lógica interna de su propio universo.

Y eso es exactamente lo que este episodio ha conseguido.

Un episodio que no teme mirar atrás

«In the Name of the Mother» —así se titula este quinto capítulo— teje una narrativa dual que entrelaza el pasado traumático de Dunk con las secuencias de batalla del presente.

No es un recurso nuevo, pero aquí funciona porque no se trata de un simple relleno emocional. Las flashbacks de la infancia del protagonista, interpretado por Peter Claffey, no están ahí para generar lástima fácil, sino para construir contexto.

La estructura del episodio funciona como arquitectura emocional. Cada flashback es una pieza que sostiene el peso del presente. Es similar a cómo Arrival usa su estructura temporal no lineal: no es un truco narrativo, sino la única forma de contar esa historia específica.

Para entender quién es Dunk ahora, necesitamos ver quién fue entonces.

La estructura respira con un ritmo pausado, casi contemplativo en ciertos momentos, antes de golpearte con la violencia inevitable de Poniente. Es un equilibrio delicado, y el hecho de que funcione habla de una confianza narrativa que no siempre vemos en las producciones actuales.

La muerte que lo cambia todo

El momento central del episodio —y probablemente de toda la temporada— llega con la muerte del Príncipe Baelor Targaryen.

Bertie Carvel construye un personaje que sobrevive al Juicio de los Siete, ese ritual brutal que ya de por sí es una sentencia de muerte disfrazada de justicia. Pero sobrevivir no significa salir ileso.

Cuando Baelor se quita el yelmo, la revelación es devastadora: una herida mortal en la cabeza, infligida por su propio hermano, Maekar Targaryen, interpretado por Sam Spruell.

No hay música épica, no hay discursos grandilocuentes. Solo la cruda realidad de que en Poniente, incluso la victoria puede ser una forma de derrota.

Lo que me parece más interesante de esta muerte no es el shock en sí mismo —todos sabemos que en este universo nadie está a salvo— sino cómo está ejecutada. Los creadores George R. R. Martin e Ira Parker entienden que el impacto emocional no viene de la sorpresa gratuita, sino de la inevitabilidad bien construida.

Es como la muerte de Roy Batty en Blade Runner. Sabemos que va a morir. El reloj corre desde el principio. Pero cuando sucede, cuando pronuncia esas últimas palabras bajo la lluvia, duele de todas formas.

Porque la inevitabilidad no elimina el impacto. Lo amplifica.

El peso de las consecuencias

Hay un paralelismo interesante entre cómo funciona este episodio y cómo funcionan las mejores historias de ciencia ficción.

En ambos casos, el mundo construido debe tener reglas coherentes, y esas reglas deben aplicarse sin excepciones. Cuando Paul Atreides toma decisiones en Dune, el universo responde. Cuando Kirk viola la Primera Directiva en Star Trek, hay consecuencias que resuenan más allá del episodio.

Aquí, en Poniente, la regla es clara: las acciones tienen consecuencias, y el poder no te protege de ellas.

Maekar mata a su hermano, quizá sin intención, pero la intención es irrelevante frente al resultado. Baelor muere no porque la trama lo necesite, sino porque es la conclusión lógica de todo lo que vino antes.

Esa coherencia es lo que separa las buenas historias de las memorables. Es un sistema cerrado, como en la mejor ciencia ficción dura: si estableces las reglas, debes respetarlas. Incluso cuando duele.

Las redes sociales se llenaron de reacciones viscerales. Palabras como «desgarrador» y «devastador» se repetían una y otra vez. Muchos espectadores y críticos declararon este episodio como el mejor no solo de «A Knight of the Seven Kingdoms», sino de todo el universo de Juego de Tronos.

Eso es significativo. Porque estamos hablando de una franquicia que nos dio episodios como «The Rains of Castamere» o «The Winds of Winter».

Lo que el público está celebrando no es solo la tragedia en sí, sino la integridad narrativa. La serie se mantiene fiel a la naturaleza implacable de Poniente, ese mundo donde las buenas intenciones no garantizan finales felices y donde la nobleza puede ser tanto una virtud como una sentencia de muerte.

En una época donde muchas producciones temen alienar a su audiencia con decisiones narrativas arriesgadas, ver una serie que confía en su propia lógica interna resulta casi refrescante.


Mientras esperamos el episodio final, programado para el 22 de febrero de 2026, vale la pena reflexionar sobre qué hace que un episodio como este resuene tanto.

No es solo la calidad técnica —que la hay— ni las actuaciones —que son soberbias—. Es algo más profundo: la sensación de estar ante una historia que respeta tanto a sus personajes como a su audiencia.

«A Knight of the Seven Kingdoms» nos recuerda que las mejores narrativas no son las que nos dan lo que queremos, sino las que nos dan lo que la historia necesita.

Y a veces, lo que necesita es rompernos un poco el corazón para que recordemos por qué estas historias importan. Porque cuando duelen, cuando nos quedamos pensando en ellas días después, es cuando sabemos que han tocado algo real.

Algo que trasciende la pantalla y se queda con nosotros, como las mejores historias siempre lo hacen.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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