• Josh D’Amaro, responsable de los parques temáticos de Disney, será el próximo CEO de la compañía a partir del 18 de marzo de 2026, sustituyendo a Bob Iger.
• Disney vuelve a apostar por alguien del mundo de los parques tras el fracaso de Chapek, pero esta vez con un perfil más equilibrado entre creatividad y números.
• Los parques temáticos han sido la gallina de los huevos de oro de Disney mientras el streaming sangraba dinero, y D’Amaro ha demostrado saber gestionarlos.
En el mundo corporativo de Hollywood, pocas sillas son tan codiciadas —y tan peligrosas— como la del CEO de Disney. Es el trono del entretenimiento global, donde se decide el destino de Marvel, Star Wars, Pixar y, por supuesto, el legado de un ratón con casi cien años de historia.
Y ahora, después de años de especulaciones y un intento fallido que todavía duele, Disney ha puesto nombre y apellido a su próximo líder: Josh D’Amaro.
Para los que seguimos de cerca los movimientos estratégicos de los grandes estudios, este anuncio es fascinante. No solo porque marca el fin de la era Iger (otra vez), sino porque Disney está apostando, de nuevo, por alguien que viene del mundo de los parques temáticos.
Y sí, ya sé lo que estáis pensando: «¿No fue eso lo que pasó con Bob Chapek?». Exacto. Pero antes de sacar conclusiones precipitadas, merece la pena analizar los números y qué hace diferente a D’Amaro de su predecesor.
El hombre detrás de las atracciones más ambiciosas de Disney
Josh D’Amaro no es precisamente un recién llegado. Lleva en Disney desde 1998, cuando empezó su carrera en el resort de Disneyland. Casi tres décadas después, se ha convertido en el Chairman de Disney Experiences, la división que engloba todos los parques temáticos y hoteles de la compañía.
Y aquí es donde las cifras empiezan a contar una historia interesante.
Bajo su liderazgo, Disney Experiences no solo ha sobrevivido a la pandemia (que cerró parques durante meses y dejó pérdidas millonarias), sino que se ha convertido en una de las divisiones más rentables de la compañía. En el año fiscal 2023, Disney Experiences generó más de 32.500 millones de dólares en ingresos, representando aproximadamente el 37% de los ingresos totales de Disney.
Para que os hagáis una idea: mientras Disney+ perdía dinero trimestre tras trimestre, los parques mantenían a flote las cuentas de la compañía.
D’Amaro ha liderado algunos de los proyectos más ambiciosos y rentables de la última década. Star Wars: Galaxy’s Edge, una apuesta de más de mil millones de dólares que transformó Disneyland y Disney World. Avengers Campus, que capitalizó el fenómeno Marvel justo cuando el MCU estaba en su apogeo.
Y atracciones como Mickey and Minnie’s Runaway Railway o World of Frozen, que han demostrado que Disney sigue sabiendo cómo crear experiencias inmersivas que la gente está dispuesta a pagar (y vaya si están dispuestos, con entradas que pueden superar los 150 dólares en días de alta demanda).
D’Amaro ha demostrado que entiende cómo equilibrar creatividad y operaciones, algo que Bob Iger destacó explícitamente en el comunicado oficial. Y eso, en una compañía donde la magia tiene que convivir con las hojas de cálculo, no es poca cosa.
La sombra de Bob Chapek
Pero claro, aquí está el elefante en la habitación. O mejor dicho, el ratón incómodo en el salón.
Bob Chapek también venía de los parques temáticos. Y su mandato como CEO fue, siendo generosos, un desastre. Chapek asumió el cargo en febrero de 2020, justo cuando la pandemia golpeaba, y su gestión estuvo marcada por decisiones polémicas que enfurecieron tanto a creativos como a fans.
Las cifras no mienten: durante su mandato, las acciones de Disney cayeron más de un 40% desde sus máximos. En noviembre de 2022, la junta directiva lo destituyó y trajo de vuelta a Bob Iger para apagar el incendio.
Entonces, ¿por qué Disney vuelve a apostar por alguien del mismo perfil?
La respuesta está en los detalles. Chapek era conocido por su enfoque excesivamente financiero, priorizando los números por encima de la creatividad y la experiencia del consumidor. Decisiones como cobrar extra por el acceso anticipado a películas en Disney+ o eliminar beneficios a los empleados de los parques le granjearon una reputación de tacaño.
D’Amaro, en cambio, tiene fama de ser un líder más equilibrado. Alguien que entiende tanto las hojas de cálculo como la magia que hace especial a Disney. Los empleados de los parques hablan bien de él, lo cual en una industria donde el trato al personal suele ser complicado, dice mucho.
Además, el contexto es diferente. Chapek heredó una pandemia global y tuvo que tomar decisiones imposibles en tiempo récord. D’Amaro, por su parte, asume el cargo en un momento de relativa estabilidad, con los parques funcionando a pleno rendimiento y el streaming empezando a ser rentable.
¿Qué significa esto para el futuro de Disney?
La elección de D’Amaro dice mucho sobre las prioridades de Disney en los próximos años. Los parques temáticos no son solo una fuente de ingresos; son el corazón emocional de la marca.
Son donde las familias crean recuerdos, donde las franquicias cobran vida y donde Disney puede controlar completamente la experiencia del consumidor. En un mundo donde el streaming es cada vez más competitivo y fragmentado, los parques ofrecen algo único: una conexión física y emocional que ninguna plataforma digital puede replicar.
Y los números lo respaldan. Mientras que competidores como Netflix o Warner luchan por mantener suscriptores y reducir pérdidas, los parques de Disney han visto aumentar tanto la asistencia como el gasto medio por visitante. En 2023, el gasto promedio por visitante en los parques de Disney aumentó un 7% respecto al año anterior.
D’Amaro también llega en un momento crucial para la expansión internacional. Proyectos como las ampliaciones en París o nuevas atracciones en Shanghái requieren un liderazgo que entienda tanto la operativa local como la visión global. Y si hay algo que D’Amaro ha demostrado, es que sabe cómo ejecutar proyectos complejos a gran escala sin que se descarrilen los presupuestos.
Por supuesto, ser CEO de Disney va mucho más allá de los parques. Tendrá que lidiar con el futuro de Disney+, las relaciones con los creativos de Marvel y Lucasfilm, las negociaciones con distribuidores y exhibidores, y las presiones de Wall Street.
Pero su experiencia gestionando una de las divisiones más grandes y complejas de la compañía le da una base sólida. Y a diferencia de Chapek, parece tener el respeto interno necesario para navegar las aguas políticas de una corporación tan grande.
La transición y el legado de Iger
El traspaso oficial será el 18 de marzo de 2026, durante la reunión anual de accionistas de Disney. Bob Iger, que ha sido CEO en dos etapas (2005-2020 y 2022-2026), se quedará como asesor senior y miembro de la junta hasta finales de 2026.
Es una jugada inteligente: permite una transición gradual y asegura que D’Amaro tenga acceso a la experiencia y las conexiones de Iger durante sus primeros meses.
Iger deja un legado complicado. Por un lado, fue el arquitecto de las adquisiciones más importantes de Disney: Pixar (7.400 millones), Marvel (4.000 millones), Lucasfilm (4.050 millones) y 21st Century Fox (71.300 millones). Transformó a Disney en el gigante del entretenimiento que es hoy.
Por otro lado, su regreso en 2022 fue una admisión implícita de que la sucesión había fallado. Ahora, con D’Amaro, tiene la oportunidad de cerrar su carrera con una transición exitosa. Y créeme, después del fiasco de Chapek, Iger necesita que esta funcione.
Al final, los números dirán si esta apuesta funciona. Pero por ahora, todo apunta a que Disney ha aprendido de sus errores.
D’Amaro tiene la experiencia, el respeto interno y el momento adecuado. En una industria donde cada decisión se mide en millones de dólares y millones de espectadores, eso no es poca cosa.
Yo estaré vigilando especialmente tres métricas en los primeros 12 meses de D’Amaro: el crecimiento de ingresos en Disney Experiences (para ver si mantiene el impulso), la rentabilidad de Disney+ (para confirmar que puede gestionar más allá de los parques), y la cotización de las acciones (porque Wall Street no perdona).
Si D’Amaro consigue mantener los parques como la joya de la corona mientras estabiliza el streaming y recupera la confianza de los creativos, Disney habrá encontrado por fin a su líder. Si no, bueno… siempre pueden volver a llamar a Iger. Aunque a estas alturas, creo que hasta él está cansado de ser el bombero de la compañía.
Lo que está claro es que los próximos años serán decisivos. Con nuevas franquicias en desarrollo, la batalla del streaming lejos de estar resuelta y la competencia más feroz que nunca, D’Amaro tendrá que demostrar que puede liderar no solo parques temáticos, sino todo un imperio del entretenimiento.
Y yo, por mi parte, estaré atento a cada movimiento, cada cifra y cada decisión estratégica. Porque si algo nos han enseñado los números de Disney, es que las mejores historias siempre tienen un segundo acto. Y este promete ser fascinante.

