• Henry Cavill interpretará a Connor MacLeod en la nueva película de Highlander, una oportunidad de liderar una franquicia tras sus salidas de Superman y The Witcher.
• La inmortalidad como concepto filosófico conecta perfectamente con un actor que siempre ha buscado narrativas fantásticas con peso existencial.
• Este casting representa más que un simple papel: es la convergencia entre intérprete, material y respeto creativo que Hollywood raramente consigue.
Hay algo revelador en cómo Hollywood desperdicia a sus mejores piezas. Henry Cavill lleva años siendo el actor perfecto para liderar historias épicas, y el sistema lo ha dejado varado repetidamente.
Primero Superman, que debería haberle dado una década de protagonismo pero terminó siendo un ejercicio de caos creativo en el DCEU. Luego The Witcher, donde su compromiso con el material original chocó con una producción que parecía priorizar otras cosas.
Pero quizá todo eso era necesario para llegar a Highlander.
El patrón de las oportunidades perdidas
Perder dos franquicias importantes en pocos años dice más del sistema que del actor.
El Superman de Cavill nunca respiró. Quedó atrapado en un universo cinematográfico sin dirección clara, apareciendo brevemente, regresando en Black Adam solo para que todo fuese descartado después. Con The Witcher, los informes sugieren diferencias creativas con un equipo que no compartía su visión del personaje.
Me recuerda a los replicantes de Blade Runner: seres perfectos para su propósito, constantemente desaprovechados por un sistema que no sabe qué hacer con ellos.
La inmortalidad como pregunta filosófica
Highlander nunca fue solo sobre espadas e inmortales ocultos. La película de 1986 planteaba algo más profundo: ¿qué significa mantener tu humanidad cuando el tiempo te ha enseñado que todo es temporal?
Connor MacLeod no eligió ser inmortal. Despertó siendo algo diferente y tuvo que decidir qué tipo de persona sería con ese poder. Es una pregunta existencial envuelta en fantasía.
Lo fascinante es que Highlander vive en nuestro mundo. No hay dragones ni magia evidente. Solo personas que no mueren y las consecuencias emocionales de esa realidad. Es ciencia ficción conceptual disfrazada de fantasía: explora cómo la inmortalidad alteraría nuestra percepción del tiempo, las relaciones, la moralidad.
Vivir siglos viendo morir a todos los que amas. Mantener un código ético cuando has visto civilizaciones enteras desaparecer. Son dilemas que encontramos en la mejor ciencia ficción contemplativa.
El héroe moralmente definido
Cavill tiene la presencia física, pero lo crucial es su conexión genuina con narrativas que exploran qué significa ser heroico.
Connor MacLeod es moralmente claro de una forma que Geralt nunca fue. El brujo vive en grises, en decisiones imposibles sin respuestas correctas. Connor tiene una brújula moral definida. Lucha porque es lo correcto.
Esa diferencia le da a Cavill espacio para interpretar un héroe distinto: noble sin ironía, valiente sin ambigüedad. En una época donde el cine de género deconstruye constantemente a sus protagonistas, hay algo refrescante en un héroe que simplemente cree en algo.
Además, Highlander no necesita construir mundos enteros desde cero. No hay sistemas de magia que explicar ni mitologías complejas. Solo necesita personajes sólidos y conflictos emocionales reales. Es el tipo de historia que vive o muere por su protagonista.
La convergencia perfecta
En Her, Theodore dice: «El pasado es solo una historia que nos contamos a nosotros mismos». Quizá eso es lo que Cavill necesita: dejar de ser la historia del Superman que pudo ser o del Geralt que se fue.
Highlander representa algo más grande que otra franquicia. Es la demostración de que cuando juntas al actor correcto con el material adecuado y un equipo que respeta ambos, la magia todavía es posible.
La inmortalidad de Connor MacLeod no es solo un truco argumental. Es una metáfora sobre identidad, propósito y qué permanece cuando todo lo demás cambia. Son temas que resuenan en la mejor ciencia ficción contemplativa, desde Arrival hasta Blade Runner 2049.
Y si algo hemos aprendido viendo a Cavill estos años, es que nunca ha dejado de creer en esa posibilidad. Solo necesitaba que alguien más también creyera.

