Wednesday Es un Éxito Brutal, Pero Netflix Te Está Estafando

Netflix convierte el éxito de Wednesday en castigo: temporadas cada tres años, universos congelados y una nueva forma frustrante de relacionarnos con las series.

✍🏻 Por Alex Reyna

enero 27, 2026

Wednesday temporada 2 arrasó en Netflix con 124 millones de visualizaciones en la segunda mitad de 2025, consolidándose como el mayor éxito de la plataforma.

• La tercera temporada no llegará hasta mediados o finales de 2027, un retraso de tres años que ejemplifica cómo el streaming ha cambiado las reglas del juego televisivo.

• Este fenómeno refleja un modelo de negocio que prioriza mantener suscriptores con el mínimo contenido posible, una estrategia corporativa que frustra a las audiencias pero funciona económicamente.


Hay algo extraño en cómo nos relacionamos con las historias ahora.

Cuando una serie conecta con millones de personas, cuando se convierte en ese fenómeno cultural que todos comentan, uno esperaría que el universo narrativo siguiera vivo, respirando, expandiéndose. Pero vivimos en una era donde el triunfo no acelera nada. Al contrario: lo congela.

Wednesday es el ejemplo perfecto de esta nueva temporalidad. Tim Burton entregó a Netflix algo que pocas veces ocurre: un universo que funciona, que genera conversación, que invita a volver. Y sin embargo, la respuesta no es continuidad, sino pausa. Una pausa larga que nos obliga a preguntarnos: ¿qué le hace esto a nuestra conexión con los mundos ficticios?

El éxito que se mide en números

Los datos son contundentes. La segunda temporada acumuló 124 millones de visualizaciones entre julio y diciembre de 2025. Pero lo verdaderamente revelador es que la primera temporada, estrenada en 2022, todavía sumó 47 millones de visionados en esos mismos meses.

Esto no es casualidad.

Es la señal de que la serie ha trascendido el estreno inicial para convertirse en algo más permanente. Nuevas audiencias la descubren. Fans antiguos vuelven a ella. Es el tipo de éxito sostenido que construye universos duraderos.

Y sin embargo, la tercera temporada no llegará hasta mediados o finales de 2027.

Tres años de espera.

La fragmentación del tiempo narrativo

Esto me recuerda a algo que siempre me fascinó de Star Trek. Durante décadas, ese universo mantuvo una continuidad que permitía a los fans habitar la Federación de forma casi ininterrumpida. Una temporada al año, como un reloj. Esa regularidad creaba algo más que entretenimiento: creaba un hogar narrativo.

Ahora todo funciona diferente.

Dos años entre temporadas se ha convertido en el estándar para series como The Boys o La casa del dragón. Tres años ya no sorprende: Andor, Severance, Peacemaker y ahora Wednesday han normalizado esa distancia temporal.

Pero hay una pregunta que me persigue: ¿qué le hace esto a nuestra memoria emocional de estos mundos?

El precio de la discontinuidad

Tres años es mucho tiempo en la vida de cualquier persona.

Cambiamos, evolucionamos, nuestros gustos se transforman. Cuando una serie tarda tanto en volver, corre el riesgo de regresar a un mundo que ya no es el mismo que dejó. No solo el mundo real, sino el mundo interior de quien la ve.

Pienso en Dune. Entre la primera y segunda película pasaron casi tres años, pero eran obras pensadas como un díptico, una historia que requería esa escala temporal dentro de su propia narrativa. La espera formaba parte del viaje.

Con las series es distinto.

Ocho episodios no son una historia completa. Son un fragmento, un capítulo que queda suspendido en el aire. Y cuando ese fragmento tarda tres años en continuar, algo se rompe en la continuidad emocional. La conexión con los personajes, con el universo, con las preguntas que nos dejó la temporada anterior.

La nueva lógica del streaming

La televisión tradicional necesitaba producir el máximo de episodios posibles porque cada uno era una oportunidad para mantener a la audiencia. Más episodios significaba más presencia, más conversación, más vida para el universo narrativo.

El streaming funciona al revés.

No importa cuántos episodios veas; lo que importa es que sigas suscrito. Entonces, ¿para qué producir veinte episodios al año cuando puedes producir ocho cada tres años y mantener a la gente esperando, hablando, especulando?

Es una estrategia que tiene sentido desde cierta perspectiva, pero que transforma fundamentalmente nuestra relación con las historias.

Lo que se pierde en la espera

Hay algo que se desvanece en estos intervalos tan largos.

No es solo el impulso narrativo. Es algo más sutil: la sensación de que el universo de la serie sigue vivo incluso cuando no lo vemos. Esa ilusión de continuidad que hace que un mundo ficticio se sienta real, habitado, presente.

Recuerdo cuando pausé Arrival para apuntar frases. Esa película me acompañó durante semanas, no porque fuera larga, sino porque su reflexión sobre el tiempo y la memoria se quedó conmigo. Pero eso fue posible porque la obra estaba completa, cerrada, lista para ser habitada.

Con las series fragmentadas en intervalos de tres años, esa posibilidad se complica.

El futuro de los universos narrativos

Netflix tiene en sus manos un universo que funciona, que resuena, que invita a ser explorado. Y ha decidido espaciarlo en el tiempo de una forma que habría sido impensable hace una década.

Quizá esa sea la gran paradoja de nuestra era del streaming: tenemos acceso a más contenido que nunca, pero las historias que realmente importan llegan cada vez más espaciadas.

Y mientras esperamos, nos queda preguntarnos qué significa esto para nuestra forma de relacionarnos con los mundos ficticios. Si esta fragmentación temporal es el precio que pagamos por la «calidad», o si estamos perdiendo algo esencial en el proceso: la continuidad que convierte una serie en un universo, y un universo en un hogar.

Hasta entonces, seguiremos aquí, contando los días hasta 2027, esperando que Wednesday Addams vuelva a mirarnos con esa expresión que tanto nos cautivó. Y preguntándonos si, cuando regrese, seguiremos siendo las mismas personas que la vieron partir.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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