• HBO estaría desarrollando una serie secuela de Juego de Tronos centrada en Arya Stark y ambientada en Essos, tras cancelar el proyecto de Jon Snow.
• El guionista Quoc Dang Tran ha sido contratado para dar forma a esta nueva propuesta, aunque el proyecto se encuentra aún en fase embrionaria.
• Una apuesta arriesgada que demuestra la insistencia de la cadena en exprimir una franquicia cuyo final dejó un sabor agridulce en millones de espectadores.
Hay algo profundamente revelador en la forma en que Hollywood —y en este caso, HBO— se aferra a sus éxitos pasados como un náufrago a un madero flotante. Juego de Tronos fue, durante años, un fenómeno cultural sin parangón en la televisión contemporánea. Pero su desenlace, apresurado y poco convincente, dejó una herida que ni todo el oro de Desembarco del Rey puede curar.
Y sin embargo, aquí estamos de nuevo: la cadena vuelve a la carga con otra secuela, esta vez centrada en Arya Stark, el personaje interpretado por Maisie Williams que se despidió de Poniente navegando hacia lo desconocido.
Lo curioso es que esta noticia llega justo después de que HBO cancelara el proyecto protagonizado por Kit Harington como Jon Snow. Uno no puede evitar preguntarse si estamos ante una estrategia coherente o simplemente ante el tanteo desesperado de una industria que ha olvidado cómo crear algo verdaderamente nuevo.
Porque si algo nos enseñó el cine clásico —y los grandes estudios de antaño— es que las secuelas solo funcionan cuando nacen de una necesidad narrativa genuina, no de un imperativo comercial.
Según informaciones recientes publicadas por The Hollywood Reporter, HBO habría contratado al guionista Quoc Dang Tran para desarrollar esta nueva serie que seguiría las aventuras de Arya Stark en Essos, el continente oriental del universo creado por George R.R. Martin. El proyecto se encuentra todavía en una fase muy temprana de desarrollo, con la historia aún «tomando forma», según las fuentes consultadas.
Lo primero que conviene señalar es que, hasta el momento, la cadena no ha realizado ningún anuncio oficial sobre este proyecto. Tampoco se ha confirmado la participación de Maisie Williams ni de ningún otro actor del reparto original.
Estamos, por tanto, ante un globo sonda, una de esas filtraciones calculadas que sirven para medir el pulso de la audiencia antes de comprometer recursos significativos.
La elección de Arya como protagonista no es casual. De todos los personajes que sobrevivieron al final de la serie original, ella fue quien recibió un cierre más abierto, más sugerente. Su decisión de zarpar hacia el oeste, más allá de los mapas conocidos, dejaba la puerta entreabierta a futuras historias.
Es, desde el punto de vista narrativo, la opción más lógica para una continuación. Pero la lógica narrativa y la calidad artística no siempre van de la mano.
Resulta significativo que este proyecto surja precisamente tras la cancelación de la serie de Jon Snow, que llevaba años en desarrollo. Las razones oficiales nunca se han hecho públicas, pero uno puede especular: quizá los guiones no terminaban de funcionar, o quizá HBO se dio cuenta de que resucitar al héroe caído no era la mejor forma de recuperar la magia perdida.
Arya, en cambio, representa algo distinto. Su personaje evolucionó de niña asustada a asesina implacable, pasando por un arco de transformación que, pese a sus altibajos en las últimas temporadas, mantuvo cierta coherencia.
Su viaje a Essos podría ofrecer un lienzo en blanco, un territorio inexplorado tanto geográfica como narrativamente. Pero aquí reside precisamente el peligro: un lienzo en blanco puede convertirse en una obra maestra o en un ejercicio de vacuidad.
La historia del cine y la televisión está plagada de secuelas innecesarias, de intentos por capitalizar el éxito de una obra original sin comprender qué la hizo especial en primer lugar. Pensemos en El Padrino III, una película que Coppola rodó más por necesidad económica que por convicción artística.
La pregunta que debemos hacernos es: ¿tiene Arya Stark una historia que contar, o simplemente es un personaje popular al que HBO quiere exprimir?
El problema de fondo es que Juego de Tronos funcionaba como un conjunto coral, como una sinfonía donde cada instrumento tenía su momento pero ninguno dominaba completamente la partitura. Aislar a un personaje y construir una serie entera a su alrededor es arriesgado, especialmente cuando ese personaje ya completó su arco dramático.
Arya vengó a su familia, salvó a la humanidad matando al Rey de la Noche, y eligió la libertad sobre el poder. ¿Qué más queda por decir?
Por supuesto, un buen guionista puede encontrar historias en cualquier rincón. Essos es un continente vasto y apenas explorado en la serie original, lleno de ciudades exóticas, culturas fascinantes y conflictos potenciales.
Pero la geografía no hace una buena historia; los personajes y sus dilemas morales sí. Y ahí es donde este proyecto se jugará su credibilidad.
HBO lleva años intentando replicar el éxito de Juego de Tronos con resultados dispares. La Casa del Dragón ha funcionado razonablemente bien, aunque sin alcanzar el impacto cultural de su predecesora. Otros proyectos han quedado en el camino.
Al final, lo que queda es una sensación de déjà vu, de estar asistiendo a un espectáculo que ya conocemos demasiado bien. Hollywood —y HBO en particular— parece haber olvidado que el verdadero arte no consiste en repetir fórmulas, sino en atreverse a explorar territorios genuinamente nuevos.
Hitchcock nunca rodó una secuela de Vértigo, Kubrick no hizo 2002: Una odisea del espacio, y Bergman jamás consideró regresar a los personajes de El séptimo sello. Sabían que algunas historias deben terminar para conservar su poder.
Quizá esta serie de Arya Stark nos sorprenda. Quizá Quoc Dang Tran tenga una visión brillante que justifique este regreso. Pero hasta que veamos algo concreto, hasta que HBO demuestre que esto es más que un ejercicio de nostalgia comercial, el escepticismo parece la postura más sensata.
Porque en el cine, como en la vida, no todo lo que brilla es oro, y no toda historia merece ser contada dos veces.

