• Hideo Kojima ha publicado su selección anual de cine y series de 2025, una lista que abarca desde restauraciones en 4K de obras maestras como Días del cielo hasta producciones contemporáneas de diversa procedencia.
• Resulta revelador que un creador de videojuegos mantenga esta devoción por el lenguaje cinematográfico clásico, aunque no todas sus elecciones resistan un escrutinio riguroso: la inclusión de KPop Demon Hunters junto a Terrence Malick plantea interrogantes sobre los criterios de selección.
• La lista funciona como termómetro de nuestro tiempo: una época donde las jerarquías culturales se difuminan y conviene preguntarse si esa democratización enriquece o empobrece el discernimiento crítico.
Existe una paradoja en la era digital que merece atención: quienes construyen mundos virtuales suelen profesar una devoción particular por el cine como forma artística. Hideo Kojima, el creador japonés responsable de Metal Gear y Death Stranding, ejemplifica esta contradicción fértil.

Cada año comparte públicamente su lista de películas y series. Y cada año, ese documento se convierte en objeto de análisis: no solo sobre sus preferencias personales, sino sobre el estado del cine contemporáneo visto desde la perspectiva de alguien que comprende la narrativa visual.
La lista de 2025 que ha compartido en redes sociales oscila entre el respeto por los clásicos restaurados y una apertura hacia nuevas formas narrativas. Hay algo reconfortante en observar cómo un creador de su calibre abraza tanto a Malick como a una serie sobre cazadores de demonios en el mundo del K-pop.
Aunque conviene preguntarse si esa amplitud de miras enriquece el criterio o simplemente lo diluye.
El apartado televisivo: entre la excelencia y la promesa
En el terreno de las series, Kojima ha destacado varias producciones. Entre ellas, Adolescence de Netflix, The Eternaut y especialmente Pluribus, el nuevo proyecto de Vince Gilligan.
La mención a Gilligan resulta previsible pero acertada. El cerebro detrás de Breaking Bad demostró que la televisión podía alcanzar cotas de excelencia cinematográfica. Ambos creadores comparten una obsesión por los detalles, por la construcción meticulosa de universos narrativos donde cada elemento tiene su razón de ser.
También aparece Last Samurai Standing, un thriller de supervivencia que, por su título, sugiere una exploración de códigos de honor en situaciones extremas. El tipo de premisa que, bien ejecutada, puede ofrecer tanto espectáculo como reflexión moral.
Streaming y cine de género: del Toro y el K-pop
En el cine para plataformas digitales, Kojima ha seleccionado dos títulos dispares. Por un lado, Frankenstein, la adaptación del clásico de Mary Shelley dirigida por Guillermo del Toro para Netflix.
Del Toro es uno de los pocos directores contemporáneos que entiende el horror como lenguaje visual, como arquitectura emocional. Su aproximación a Frankenstein promete esa combinación de artesanía visual y profundidad temática que caracteriza su mejor trabajo.
Por otro lado, KPop Demon Hunters representa algo completamente diferente. Un híbrido de géneros que, sobre el papel, podría resultar ridículo. Que Kojima incluya esta película junto a del Toro plantea interrogantes sobre los criterios que guían su selección.
Ciertamente, Kojima nunca ha temido lo camp, lo excesivo, lo deliberadamente artificial. Sus propios videojuegos están llenos de momentos que desafían el realismo. Pero la cuestión permanece: ¿es suficiente la honestidad creativa para justificar cualquier propuesta, por disparatada que sea?
Los clásicos restaurados: aquí reside la verdadera profundidad
Aquí es donde la lista revela su auténtica sustancia cinéfila. Kojima ha destacado cuatro películas clásicas restauradas en 4K: Días del cielo de Terrence Malick, The Fall de Tarsem Singh, Le ballon rouge de Albert Lamorisse, y Les Amants du Pont-Neuf de Leos Carax.
Días del cielo es, sencillamente, una de las películas más hermosas jamás filmadas. La fotografía de Néstor Almendros capturó la luz natural de la hora mágica con una delicadeza que permanece insuperable cuatro décadas después.
Malick construyó un poema visual sobre el deseo, la traición y la fugacidad de la felicidad. Todo ello envuelto en campos de trigo que parecen pintados por Andrew Wyeth. Que Kojima aprecie esta obra confirma su sensibilidad hacia el cine como experiencia sensorial.
The Fall, por su parte, es una película profundamente divisiva. Visualmente deslumbrante hasta el exceso, narrativamente ambiciosa hasta la pretensión. Pero resulta imposible negar su singularidad, su rechazo absoluto a la mediocridad visual.
Le ballon rouge es un cortometraje de 1956 que cualquier amante del cine debería conocer. Su simplicidad argumental —un niño y su globo rojo en el París de posguerra— esconde una profundidad emocional devastadora. Cine puro, sin diálogos innecesarios, confiando enteramente en la imagen.
Y Les Amants du Pont-Neuf de Carax es romanticismo desaforado, pasión filmada con la intensidad de quien cree que el cine puede y debe ser excesivo. Juliette Binoche y Denis Lavant protagonizan una historia de amor que es, simultáneamente, realista y onírica, cruda y lírica.
Cine internacional: una mirada global
La lista de estrenos teatrales internacionales es extensa. Incluye títulos como Conclave, Twilight of the Warriors: Walled In, Girl with the Needle, Love Lies Bleeding, Quand vient l’automne, Sinners, Heretic, Sirāt, The Shadow’s Edge y Sentimental Value.
Es una selección que abarca múltiples geografías y sensibilidades. Conclave sugiere thriller político en ambientes vaticanos. Girl with the Needle evoca cine nórdico, probablemente oscuro y moralmente complejo.
Lo importante no son los títulos individuales, sino el patrón que revelan: Kojima no se limita al cine anglosajón ni al mainstream. Busca activamente voces diversas, propuestas que provengan de tradiciones cinematográficas diferentes.
Aunque convendría conocer los criterios específicos que guían estas elecciones más allá de la mera curiosidad geográfica.
El cine japonés: la mirada hacia casa
Kojima también ha destacado cuatro producciones japonesas: Teki Cometh, Dollhouse, Kokuho y Suzuki=Bakudan.
Resulta interesante que, siendo japonés, no privilegie automáticamente el cine de su país. Estas cuatro películas aparecen en su lista por méritos propios, no por nacionalismo cultural.
El cine japonés contemporáneo vive un momento peculiar. Tras décadas de dominio del anime en la percepción internacional, el cine de imagen real japonés lucha por encontrar su voz en un mercado globalizado.
Avatar y la construcción de universos: un elogio que merece examen
Recientemente, Kojima expresó su entusiasmo por Avatar: Fire and Ash, la última entrega de la saga de James Cameron. Elogió la atención al detalle y el compromiso absoluto con la construcción del universo Avatar, describiéndola como «magnífica».
Este comentario merece un examen más detenido. Cameron es, ciertamente, un artesano. Cada plano de sus películas está pensado, cada criatura diseñada con lógica interna. Pero conviene preguntarse si la coherencia técnica y la construcción de mundos son suficientes para alcanzar la excelencia cinematográfica.
La saga Avatar representa el triunfo de la tecnología sobre la sustancia narrativa. Son películas visualmente impresionantes que carecen de la profundidad emocional y la complejidad temática que caracteriza a las grandes obras del cine.
Que Kojima las celebre con tanto entusiasmo revela quizá los límites de su aproximación al medio: una fascinación por la construcción de mundos que a veces eclipsa consideraciones más fundamentales sobre el lenguaje cinematográfico.
La lista de Kojima funciona, en última instancia, como espejo de nuestro tiempo cinematográfico. Vivimos una era de fragmentación, donde las fronteras entre formatos se difuminan, donde el prestigio cultural ya no garantiza calidad ni la popularidad implica necesariamente mediocridad.
Es una época confusa, ciertamente. Pero conviene mantener la cabeza fría y el criterio afilado.
Lo que esta selección nos recuerda es algo que a veces olvidamos: la curiosidad sigue siendo virtud fundamental del cinéfilo. No la erudición vacía, no el esnobismo paralizante. La curiosidad genuina, la disposición a dejarse sorprender.
Aunque esa curiosidad debe ir acompañada de discernimiento crítico. No todo merece la misma atención, no toda propuesta tiene el mismo valor artístico. La democratización del acceso al cine es positiva, pero no debe confundirse con la democratización de la excelencia.
Kojima, desde su posición como creador que transita entre medios, nos ofrece una lección valiosa: el buen cine está en todas partes. Pero encontrarlo requiere algo más que apertura de miras. Requiere criterio, formación, y la capacidad de distinguir entre lo genuinamente valioso y lo meramente entretenido.

