Bugonia revela al verdadero heredero de Hoffman: Jesse Plemons

Plemons, nominado por Bugonia, encarna la actuación artesana: vulnerabilidad, rigor y verdad frente al estrellato hueco. De Hoffman a Cruise, una carrera que dignifica el cine.

✍🏻 Por Tomas Velarde

enero 13, 2026

• Jesse Plemons recibe su segunda nominación consecutiva al Globo de Oro por Bugonia, la nueva película de Yorgos Lanthimos.

• Su interpretación de un teórico conspirativo evita la caricatura fácil y encuentra la humanidad del personaje.

• Plemons representa la tradición del actor artesano frente al estrellato vacío que domina Hollywood.


Hay actores que construyen personajes y hay actores que los habitan. Jesse Plemons pertenece, sin duda alguna, a esta segunda estirpe.

Cuando uno observa su trayectoria —desde aquel niño que apareció en un anuncio de Coca-Cola hasta convertirse en uno de los intérpretes más respetados de su generación— comprende que estamos ante alguien que entiende el cine como oficio, no como escaparate.

Su reciente nominación al Globo de Oro por Bugonia no es casualidad: es la confirmación de un talento forjado en la discreción, lejos de los focos innecesarios.

Lo que resulta particularmente fascinante de Plemons es su capacidad para desaparecer dentro de sus roles sin perder un ápice de humanidad. En tiempos donde el histrionismo se confunde con talento, este actor texano nos recuerda que la verdad interpretativa reside en la contención, en el matiz, en esa mirada que dice más que mil palabras.

Me recuerda a aquellos grandes intérpretes del Hollywood clásico —pienso en James Stewart o en Montgomery Clift— que no necesitaban gritar para transmitir tormento interior.

Un teórico de la conspiración con alma

En Bugonia, Plemons interpreta a Teddy, un hombre convencido de que sistemas invisibles manipulan el mundo. Pero lejos de caer en la tentación de construir una caricatura, el actor dota al personaje de una complejidad inquietante.

Teddy no es un loco pintoresco para el entretenimiento del espectador; es alguien cuyas sospechas podrían no estar del todo desencaminadas.

Para preparar el papel, Plemons leyó Doppelganger de Naomi Klein, un ensayo sobre la cultura conspirativa. Esta aproximación intelectual revela algo fundamental: su compromiso con la verdad del papel por encima del lucimiento personal.

Comprendió que muchas personas con quejas legítimas sobre sistemas económicos depredadores terminan siendo explotadas por grupos extremistas. Esa comprensión transforma a Teddy en algo más que un personaje: en un síntoma de nuestro tiempo.

La colaboración con Lanthimos resultó reveladora. El director griego le dio una nota que cristalizó todo su enfoque: «No tienes el control. El universo lo tiene».

Esta frase, aparentemente simple, encierra una verdad profunda sobre el arte de la interpretación. Me recuerda a aquellas palabras de Laurence Olivier sobre la necesidad de olvidar la técnica una vez aprendida, de dejar que el personaje respire por sí mismo.

El método Lanthimos

Trabajar con Yorgos Lanthimos no es tarea sencilla. El cineasta griego exige de sus actores una entrega total, una disposición a renunciar al control y adentrarse en territorios desconocidos.

Emma Stone, coproductora y coprotagonista de Bugonia, describe a Plemons como alguien profundamente comprometido pero genuinamente amable. A diferencia de esos actores que llegan al plató con una interpretación prefabricada e inamovible, Plemons permanece fluido, receptivo a sus compañeros de escena.

Esta flexibilidad interpretativa es cada vez más rara en Hollywood. Demasiados actores contemporáneos confunden la preparación con la rigidez, creyendo que tener cada gesto calculado es sinónimo de profesionalidad.

Plemons entiende algo que los grandes maestros siempre supieron: la preparación sirve para poder improvisar con verdad, para responder orgánicamente a lo que sucede en el momento. Es la misma filosofía que defendía Gene Hackman, otro actor que nunca buscó el protagonismo pero siempre encontró la verdad.

El fantasma de Philip Seymour Hoffman

Inevitablemente, Plemons es comparado con Philip Seymour Hoffman, con quien trabajó en The Master de Paul Thomas Anderson. La comparación le incomoda, aunque reconoce el halago.

Hoffman fue, sin duda, uno de los grandes actores de su generación, alguien capaz de encontrar verdad en cualquier personaje, por pequeño que fuera el papel.

Próximamente, Plemons interpretará una versión más joven del personaje de Hoffman en The Hunger Games: Sunrise on the Reaping. Es un desafío considerable: no se trata de imitar, sino de honrar un legado sin traicionarse a sí mismo.

Aquí reside un peligro que Plemons deberá sortear con cuidado. La sombra de Hoffman es alargada, y el riesgo de quedar atrapado en comparaciones perpetuas es real. Si hay alguien capaz de lograrlo, ese es Plemons, pero será su prueba más exigente.

Proyectos futuros

El futuro inmediato de Plemons incluye Digger, dirigida por Alejandro González Iñárritu y protagonizada por Tom Cruise. Plemons describe el guión como «uno de los más extraños, divertidos y trágicos» que ha leído, con cualidades de un Dr. Strangelove contemporáneo.

La comparación es sugerente, aunque quizá demasiado ambiciosa. Si Iñárritu logra capturar aunque sea una fracción de la acidez de Kubrick, estaremos ante algo memorable. Pero el cineasta mexicano tiende a veces hacia el exceso emocional donde Kubrick prefería la frialdad quirúrgica.

Más allá del cine, Plemons mantiene viva su pasión por la música. Comenzó accidentalmente una banda mientras rodaba Friday Night Lights en Austin, y la música sigue siendo parte fundamental de su vida. Sus influencias van desde Nina Simone hasta Townes Van Zandt.

Esta multiplicidad de intereses no es capricho: es la señal de un artista completo, alguien que entiende que todas las artes se alimentan mutuamente.


Jesse Plemons representa algo cada vez más escaso en Hollywood: la humildad del verdadero artesano. Mientras otros actores de su generación persiguen franquicias y contratos millonarios, él elige proyectos por su valor artístico.

Su decisión de mantener su vida entre Los Ángeles y Texas, cerca de la tierra familiar en Austin, habla de alguien que comprende la importancia de mantener los pies en el suelo.

En una industria obsesionada con la juventud y el estrellato instantáneo, Plemons construye una carrera a la antigua usanza: papel a papel, director a director, verdad a verdad. No busca ser el centro de atención, sino servir a la historia.

Y precisamente por eso, por esa entrega silenciosa al oficio, su trabajo perdurará cuando muchas de las actuaciones ruidosas de hoy hayan sido olvidadas. Bugonia es solo el último capítulo de una trayectoria que promete seguir sorprendiéndonos durante décadas.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

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