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Tom Cruise recupera el papel de Cole Trickle en la secuela de Days of Thunder, prevista para el verano de 2028, casi cuatro décadas después del estreno del filme original.
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Anne Hathaway se suma al reparto como propietaria de un equipo de carreras, con Jerry Bruckheimer repitiendo como productor y la película concebida para rodarse en formato IMAX.

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Jonathan Levine dirigirá a partir de un guion de Will Staples, relevando a Tony Scott —fallecido en 2012— y a Robert Towne —fallecido en 2024—, los dos artífices creativos del original de 1990.
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Opinión: El Days of Thunder de 1990 nunca fue una obra de referencia, y esta secuela llega huérfana de sus dos figuras creativas más importantes. Aun así, sería imprudente subestimar a Tom Cruise después de lo que demostró con Top Gun: Maverick.
Hay algo entre fascinante e inquietante en la manía de Hollywood de volver sobre sus propios pasos. No hablo de remakes al uso, sino de esas secuelas tardías que emergen décadas después, como cartas escritas hace mucho tiempo que alguien decide enviar cuando ya casi nadie recuerda haberlas escrito. A veces el ejercicio fracasa estrepitosamente. Otras, de forma del todo inesperada, funciona.
Top Gun: Maverick es el ejemplo más reciente, y quizás el más elocuente: una película que no solo justificó su existencia, sino que superó al original en madurez y en ambición cinematográfica. Ahora Tom Cruise anuncia Days of Thunder 2 para 2028. Y uno no puede evitar preguntarse si esta nueva apuesta tiene la solidez necesaria, o si estamos ante un producto hábilmente envuelto en papel de nostalgia.
El anuncio y los detalles del proyecto
La confirmación llegó de la manera en que suelen llegar estas cosas hoy en día: una fotografía. Cruise y su nueva coprotagonista, Anne Hathaway, posaron juntos frente a un coche de carreras con el logo del filme y la fecha de estreno estampados en el lateral. Sin rueda de prensa, sin comunicado elaborado. Solo una imagen.
Según Paramount, Cruise recuperará el papel de Cole Trickle, el piloto de NASCAR que interpretó en el original. Hathaway, por su parte, dará vida a una propietaria e ingeniera de un equipo de competición. La producción correrá a cargo del propio Cruise junto a Jerry Bruckheimer —productor del original— y Tommy Harper. Jonathan Levine se encargará de la dirección a partir de un guion de Will Staples. La película está concebida para rodarse en formato IMAX.
El peso de dos ausencias
Conviene detenerse aquí un momento.
El Days of Thunder de 1990 fue dirigido por Tony Scott y escrito por Robert Towne. Dos nombres que no son menores en la historia del cine americano. Tony Scott tenía una energía visual inconfundible, capaz de convertir la velocidad y el movimiento en algo casi físico, casi táctil. Basta recordar sus carreras filmadas con teleobjetivo, ese montaje frenético en el que los coches parecían arañarse unos a otros y el asfalto vibraba bajo la cámara. Y Robert Towne es el hombre que escribió Chinatown, que puso en boca de Jake Gittes algunas de las frases más memorables del cine negro contemporáneo.
Ambos han fallecido —Scott en 2012, Towne en 2024—. Y esa ausencia es un peso considerable que esta secuela tendrá que cargar desde el primer fotograma.
Heredar el proyecto de otros nunca es tarea sencilla. El cine está lleno de relevos que salieron mal, pero también de casos memorables: pensemos en cómo Wilder o Kubrick imprimían su sello incluso sobre material ajeno, hasta volverlo indistinguible de su propia voz. La pregunta es si Levine tiene esa clase de personalidad, o si se limitará a administrar una herencia que no es suya.
La sombra del original
Seamos honestos: Days of Thunder nunca fue una obra de referencia.
Reunió a Cruise con Scott en lo que podría considerarse una continuación espiritual de Top Gun, pero el impacto cultural no fue comparable. En 1990, el filme quedó en el duodécimo puesto de la taquilla estadounidense, por detrás de Ghost, Pretty Woman o Solo en casa. Un resultado modesto, muy lejos del peso que sí tuvo Top Gun, que fue la séptima película más taquillera de toda la década de los ochenta.
Esa diferencia de origen no es un detalle menor. Hace más difícil argumentar que estamos ante una secuela especialmente necesaria o esperada.
La lección que dejó Maverick
Y, sin embargo, uno aprendió hace dos años a no subestimar a Tom Cruise.
Lo confieso: llevo escribiendo sobre cine desde aquellos foros de cinéfilos de finales de los noventa, donde discutíamos con vehemencia si una secuela tenía derecho a existir. Y casi siempre mi respuesta era un no rotundo. Con Top Gun: Maverick me equivoqué. Llegó precedida del escepticismo de muchos —el mío incluido— y se convirtió en la película más vista de 2022, con una diferencia notable sobre el resto de estrenos del año. Más importante aún: era una película bien ejecutada, con un respeto genuino hacia el material original y una dirección que entendía lo que el público necesitaba ver.
Jonathan Levine, el elegido para dirigir esta secuela, es conocido principalmente por comedias como 50/50 o Long Shot. Tenía catorce años cuando se estrenó el Days of Thunder original. No es el perfil que uno esperaría para un proyecto de estas dimensiones, y cuesta imaginar en su filmografía la contundencia visual que Scott desplegaba de forma natural. Pero el cine está lleno de sorpresas, y Cruise ha demostrado saber elegir a sus colaboradores cuando la apuesta es importante.
Sería cómodo —y quizás demasiado fácil— despachar esta noticia con un gesto de escepticismo y seguir adelante. Days of Thunder no es un clásico intocable, y la industria lleva demasiados años viviendo de secuelas y resurrecciones para que este anuncio resulte verdaderamente sorprendente. Pero Cruise tiene un historial reciente que obliga, al menos, a mantener la puerta abierta.
Lo que no me abandona, sin embargo, es el pensamiento sobre Tony Scott y Robert Towne. Dos artistas que, cada uno desde su oficio, dieron carácter e identidad a aquel filme de 1990. Sin ellos, esta secuela tendrá que construir su propia voz desde cero. Y eso, en el cine, es siempre lo más difícil y, a la vez, lo más interesante de observar.

