Los Russo leyeron a Hickman — y su Doctor Doom va a ser el mejor del cine

Los Russo firmaron el prólogo de la nueva edición de Time Runs Out, el cómic de Hickman que inspira Doomsday. Su lectura del Doctor Doom no va del poder bruto sino de la psicología: un hombre definido por sus traumas. Si han leído bien a Hickman, Doomsday será extraordinaria.

✍🏻 Por Clara Domenech

agosto 25, 2026
  • Los hermanos Russo han firmado el prólogo de una nueva edición de Time Runs Out, el cómic de Jonathan Hickman que sirve de inspiración directa para Avengers: Doomsday.
  • Su lectura de Doctor Doom no va del poder bruto, sino de la psicología: un hombre definido por la ambición, el miedo y la convicción de que solo él puede salvar el mundo.
  • Robert Downey Jr. da vida a Doom, y las últimas imágenes han ido calmando las dudas iniciales sobre su caracterización.
  • Opinión: Que los Russo citen a Hickman y demuestren haber entendido al Doom de Secret Wars me da más esperanza que cualquier tráiler. Eso no se improvisa.

Hay un momento muy concreto que recuerdo de cuando leí Secret Wars de Jonathan Hickman por primera vez. Doom tiene en sus manos el poder de los Beyonders —unos entes cósmicos casi omnipotentes que, en los cómics, están por encima de dioses y héroes—. Ha salvado lo que quedaba del multiverso. Es, literalmente, un dios. Y aun así, sigue siendo Victor Von Doom: inseguro, obsesionado, incapaz de soltar el control ni cuando ya no le hace falta. Ese momento me pareció el retrato más honesto del personaje que había visto nunca en un cómic. Y desde que se anunció Avengers: Doomsday, me he preguntado si alguien en el MCU habría captado eso de verdad.

Parece que sí. Porque lo que los hermanos Russo acaban de escribir sobre Doctor Doom no suena a marketing. Suena a que han hecho los deberes.


Anthony y Joe Russo han contribuido con el prólogo de una nueva edición de Time Runs Out, el arco que Hickman escribió justo antes de Secret Wars. Para quien no lo tenga fresco: es la historia en la que los universos empiezan a colisionar entre sí y los héroes descubren que, para salvar el suyo, tendrían que destruir otro. Ese es el caldo de cultivo del que bebe Doomsday, y no es casualidad que los Russo lo citen tan directamente.

Y lo que han escrito no es un texto genérico de «estamos muy emocionados con este proyecto». Es una declaración de intenciones sobre cómo entienden al villano.

Su definición de Doom es esta: «ambición y miedo entretejidos». No hablan de su armadura. No hablan de su magia ni de su inteligencia. Hablan del hombre que hay debajo. De alguien cuyas capacidades casi ilimitadas jamás han podido resolver sus conflictos internos con el ego, la inseguridad y la necesidad de controlarlo todo.

Eso es exactamente lo que hace grande a Doctor Doom.

Robert Downey Jr. como Doctor Doom en Avengers: Doomsday

El problema con muchas adaptaciones del personaje —y Marvel lo sabe mejor que nadie después de las dos películas de Los 4 Fantásticos de los 2000— es que lo reducen a «el malo con capa que quiere poder». Pero Doom no quiere poder por codicia. Doom quiere poder porque está genuinamente convencido de que el mundo iría mejor si lo dirigiese él. Y esa diferencia lo cambia todo.

Un villano que hace el mal porque le apetece es aburrido. Un villano que hace el mal porque cree con toda su alma que está haciendo el bien es aterrador. Es la misma línea que hizo funcionar a Killmonger en Black Panther o a Thanos en Infinity War: no dudan, están seguros de tener razón. Y Doom lleva esa certeza a otro nivel.

Los Russo lo articulan muy bien cuando hablan de su atracción por personajes «que caminan por esa línea»: personas que aspiran a algo noble y se pierden en el camino. Y añaden algo que me parece especialmente relevante para Doomsday: que la destrucción no llega siempre de un golpe, sino a través de decisiones tomadas en la incertidumbre y de fracturas entre personas que quieren lo mismo pero no encuentran el camino hacia el otro.

Eso, aplicado al MCU, tiene muchísimo sentido. Los Vengadores llevan fracturándose entre sí desde Civil War, cuando dejaron de ser un equipo para convertirse en dos bandos que tenían razón a medias. Doom, en este contexto, no sería solo un enemigo externo. Sería el espejo de todo lo que ellos han ido rompiendo por su cuenta.

Y luego está el elefante en la sala: Robert Downey Jr. vuelve, pero no como Tony Stark, sino como Victor Von Doom. Cuando se anunció, la reacción fue dividida —yo misma tardé un par de días en procesarlo—. Las primeras imágenes generaron dudas sobre si su voz encajaba con el personaje. Pero las más recientes han ido disipando esos temores. Y si los Russo han escrito este prólogo con esta profundidad, confío en que hayan trabajado con Downey para construir un Doom que se sostenga solo, sin depender del fantasma de Stark.

Doom es un personaje que necesita peso. Tragedia, resentimiento, amor propio distorsionado y la certeza inquebrantable de que él es la única solución. Downey puede dar todo eso. La pregunta es si el guion se lo va a permitir.


Lo que más me tranquiliza de todo esto no es el reparto ni los efectos visuales. Es que los Russo hayan ido a Hickman. Que hayan leído Time Runs Out y Secret Wars y hayan entendido que el alma de Doom no está en sus poderes, sino en su humanidad rota. Eso no es algo que se inventa en una sala de marketing. Es algo que se siente cuando lees los cómics de verdad.

Avengers: Doomsday llega el 18 de diciembre, y por primera vez en mucho tiempo, siento que Marvel no solo quiere hacer una película grande. Quiere hacer una película importante. Ojalá no nos defrauden.


Crecí con los cómics de Marvel y me enamoré del MCU desde el primer “I am Iron Man”. Me encanta seguir teorías, analizar tramas y perderme en cada nuevo estreno, pero también sé cuándo algo no está a la altura. Disfruto del hype, pero escribo con criterio. Porque si no le exigimos al cine que mejore, ¿entonces para qué estamos aquí?

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