Lanterns cambia todo lo que creías saber sobre cómo debe verse Green Lantern

Sin máscaras, sin los iconos del superhéroe clásico. Lanterns propone algo más arriesgado: convertir a los Green Lantern en personajes de noir antes que en héroes de cómic convencionales.

✍🏻 Por Mario Ortega

agosto 19, 2026
  • Lanterns es la nueva serie DC creada por Chris Mundy, Damon Lindelof y Tom King que reinventa a Hal Jordan y John Stewart como una especie de marshals cósmicos, con una estética de neo-western árido y policiaco.

  • Lejos del traje verde y la máscara, la serie renuncia de forma deliberada a los iconos del superhéroe clásico para abrazar el cine de crimen, las series de detectives y el western americano.

  • En mi opinión, y os lo digo como alguien que lleva años defendiendo que a Green Lantern nunca se le ha dado el respeto audiovisual que merece, esta es la apuesta más arriesgada e interesante que DC ha hecho en televisión en mucho tiempo.

Hay algo que me parece fascinante cuando una producción superheroica decide, de forma consciente, alejarse de lo que se supone que debe ser una producción superheroica. No es cobardía creativa ni desconocimiento del material de origen. Muchas veces es justo lo contrario: una comprensión tan profunda del personaje que te permite encontrarle una piel nueva sin traicionar su esencia. Eso, precisamente, es lo que parece estar haciendo Lanterns.

Cuando escuché que Damon Lindelof —el mismo que nos dio The Leftovers y Watchmen en HBO— se unía a Tom King y Chris Mundy para desarrollar una serie sobre Green Lantern, supe que esto no iba a ser otro espectáculo de rayos verdes y aliens de colores. Y no me equivocaba. Lo que se está cociendo aquí huele a algo bastante más interesante.

Un Green Lantern sin capa (y sin disculpas)

La premisa visual de Lanterns es tan sencilla como audaz: Hal Jordan y John Stewart aparecen en pantalla sin máscaras, sin uniformes, sin los códigos estéticos que definen al superhéroe de manual. En su lugar, la serie los presenta como lo que en el fondo siempre han sido: agentes del orden en un universo que los desborda.

El episodio piloto está ambientado en Rushville, Nebraska —el pueblo natal de la abuela de Tom King, un detalle que dice mucho sobre la voluntad de los creadores de anclar esta historia en algo real y personal—, y la atmósfera es deliberadamente polvorienta, seca, casi desértica. Piensa en No Country for Old Men con anillos capaces de crear cualquier cosa.

Eso es, en esencia, lo que propone la serie: marshals con joyería todopoderosa.

Las influencias que dan forma al proyecto

En la rueda de prensa del estreno, Mundy, Lindelof y King fueron bastante transparentes sobre de dónde viene todo esto. Y la respuesta no fue solamente «los cómics de Green Lantern».

Hal Jordan y John Stewart en una escena de Lanterns, la serie DC con estética neo-western

Mencionaron al dibujante Gil Kane, cuya obra en el personaje durante los años 60 y 70 tiene una energía cinética y una elegancia visual que sigue siendo difícil de igualar. Kane nunca dibujó a Hal Jordan como un tipo en pijama verde; lo dibujaba como alguien con peso, con presencia. Hay algo en esa línea de trabajo que conecta directamente con la visión de la serie.

Igual de importantes son las referencias cinematográficas y televisivas. Los creadores señalan el cine de crimen, las series de detectives y el western como pilares fundamentales de su propuesta. No citaron títulos concretos, pero no es difícil imaginar qué producciones rondan por sus cabezas: el procedimentalismo lento y tenso de True Detective, la austeridad moral de Fargo o la soledad del héroe ante un paisaje imposible que recuerda a tantos westerns clásicos. Que quede claro que esto es una suposición mía, no una cita literal de la rueda de prensa; pero el ADN está ahí.

Por qué esto importa para el universo DC

Llevamos décadas debatiendo qué debe ser una película o serie de superhéroes. Nolan demostró que podían ser cine serio. Snyder demostró que podían ser épica visual. Gunn está demostrando que pueden ser, a la vez, divertidas y emocionalmente honestas. Y ahora Lanterns parece querer demostrar que pueden ser, directamente, televisión de género de primer nivel.

Eso no es una traición al material de origen. Es una evolución natural. No puedo evitar acordarme del Green Lantern de 2011, aquella película con Ryan Reynolds que quiso serlo todo —space opera, comedia, romance, épica— y acabó no siendo casi nada. Recuerdo salir del cine con la sensación de que el personaje merecía muchísimo más. Trece años después, resulta que la solución pasaba por lo contrario: menos CGI verde y más barro debajo de las uñas.

Los mejores cómics de Green Lantern —y los hay extraordinarios, desde los de O’Neil y Adams hasta los de Geoff Johns, que devoré en su momento como si no hubiera un mañana— siempre han sabido mezclar la space opera con algo más íntimo y terrenal. La serie simplemente elige quedarse en esa parte terrenal durante un tiempo.

Y tiene todo el sentido del mundo. Porque si algo hemos aprendido viendo adaptaciones fallidas es que la espectacularidad vacía no basta. Lo que engancha es la historia. Lo que engancha son los personajes.

Lanterns parece haberlo entendido desde el primer día. Con Tom King —uno de los mejores guionistas de DC de los últimos años— en el equipo creativo, y con Lindelof como garante de que nadie va a tomar el camino fácil, la serie tiene todos los ingredientes para ser algo especial.

No sé si será perfecta. Pocas cosas lo son. Pero si algo me han enseñado años de seguir este universo es que las apuestas más interesantes suelen venir de quienes no tienen miedo a reinterpretar. Y esto, desde luego, es una reinterpretación que merece toda nuestra atención.


Valenciano de corazón, fan de DC y de los desayunos largos. Me gusta el cine que emociona, pero más aún el que te deja pensando.

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