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Disney ha confirmado oficialmente que Zootopia 3 está en desarrollo, impulsada por el éxito arrollador de Zootopia 2, que recaudó 1.800 millones de dólares en todo el mundo.
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La segunda entrega se ha convertido en la película de animación más taquillera de la historia de Disney y firmó el mayor estreno global jamás registrado para un film de animación.
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El anuncio llegó en el evento D23, donde los actores de doblaje Ginnifer Goodwin y Ke Huy Quan confirmaron el regreso de sus personajes para la tercera parte.
💭 Opinión: Zootopia se ha ganado este éxito porque no se conforma con ser un espectáculo bonito. Es una franquicia que se pregunta cómo convivimos, quién dicta las reglas y qué ocurre cuando el sistema falla precisamente a quienes debería proteger.
Hay algo curioso en cómo ciertas historias encuentran justo el momento en que el mundo las necesita. No siempre es premeditado. A veces, una película sobre animales que comparten ciudad termina diciendo más sobre nosotros que cualquier documental político. Eso es, en parte, lo que hace que la franquicia Zootopia resulte tan difícil de ignorar.
Y ahora viene una tercera parte. Disney ha confirmado el desarrollo de Zootopia 3, y la noticia no debería sorprender a nadie que haya prestado atención a los números, ni a quienes llevamos años siguiendo lo que esta saga intenta decir entre líneas.
Un universo que nació con algo que contar
La primera Zootopia llegó en 2016 con una propuesta que, sobre el papel, parecía sencilla: una coneja policía y un zorro estafador resuelven un misterio juntos en una metrópoli habitada por animales.
Pero debajo de esa premisa había algo más denso. Una reflexión sobre los prejuicios sistémicos, sobre cómo las instituciones pueden perpetuar las mismas injusticias que dicen combatir, sobre quién tiene acceso al poder y quién se queda fuera.
No es ciencia ficción en sentido estricto, claro. Pero me recuerda a esa tradición del cine que usa un mundo inventado como espejo del nuestro. Y aquí conviene matizar, porque no todo se mete en el mismo saco: District 9 funciona como ciencia social pura, una alegoría directa sobre el apartheid y la otredad; Dune, en cambio, opera desde la épica, envolviendo sus ideas sobre poder y ecología en una escala casi mítica. Zootopia está más cerca de lo primero, aunque se disfrace de comedia familiar.
La original superó los 1.000 millones de dólares en taquilla y dio pie a la serie Zootopia+ en Disney+. No era un éxito menor.

Lo que cambió con la segunda parte
Zootopia 2, estrenada en 2025, amplió ese universo de una forma notable. Nick Wilde se incorpora oficialmente al cuerpo de policía y se convierte en el compañero de Judy Hopps mientras ambos investigan la desaparición de toda la población reptil de la ciudad.
Ke Huy Quan se suma al reparto poniendo voz a Gary De’Snake, una víbora de foseta que colabora en la investigación. Un personaje que —si uno se pone en modo Álex— carga con toda la simbología que implica que un reptil sea el aliado en una historia sobre quiénes son visibles y quiénes no.
Aquí voy a confesar algo. Soy de los que pausaron Arrival para apuntar frases en el móvil, así que sé reconocer cuándo una película esconde una idea que merece detenerse. Y hay un detalle en esta segunda entrega que me hizo rebobinar: la elección de los reptiles como colectivo desaparecido no es casual. Es la clase de decisión narrativa que parece un giro de trama y en realidad es una tesis sobre a quién decidimos no mirar.
Los números fueron históricos. 1.800 millones de dólares a nivel mundial. Conviene aclarar el matiz: fue el cuarto mayor estreno global de todos los tiempos considerando todo el cine, y el mayor lanzamiento de la historia si hablamos solo de animación. A eso se sumó una nominación al Óscar a Mejor Película de Animación.
La dirigieron de nuevo Jared Bush y Byron Howard, que parecen haber entendido que el mundo de Zootopia tiene más capas de las que se ven a simple vista.
El D23 y lo que viene
Fue en el evento D23 de Disney donde se hizo oficial lo que muchos ya intuían: habrá tercera entrega.
Ginnifer Goodwin y Ke Huy Quan, desde el escenario, lo resumieron con una frase corta y directa: «la conejita y la serpiente volverán.»
Poco más se sabe por ahora. Pero la confirmación basta para que la maquinaria de expectativas empiece a moverse.
Por qué importa más allá de la taquilla
El éxito comercial de Zootopia es innegable. Pero reducirlo solo a eso sería quedarse en la superficie.
Esta franquicia ha demostrado que la animación para todos los públicos puede sostener ideas que merecen conversación. No solo acción, no solo personajes entrañables: preguntas reales sobre cómo organizamos la convivencia y qué hacemos cuando el sistema excluye a quien no encaja.
Hay algo profundamente esperanzador en que una historia así sea también la más rentable de la historia de Disney. Significa que el público no siempre elige la comodidad del entretenimiento vacío.
Vivimos en un momento en que las preguntas sobre identidad, pertenencia y justicia están más presentes que nunca en el debate público. Y Zootopia lleva dos películas navegando exactamente ese territorio, con animales y paisajes de colores, pero con una nitidez que pocas veces encontramos en el cine llamado «serio».
Zootopia 3 tiene por delante una responsabilidad interesante. No solo mantener el nivel narrativo, sino seguir siendo honesta con lo que quiere decir. Y eso es lo más difícil de sostener cuando los números son tan grandes y las expectativas tan altas.
Así que la pregunta no es si volverán la conejita y la serpiente. La pregunta es más incómoda: cuando una historia sobre los excluidos se convierte en la más taquillera del sistema, ¿sigue siendo capaz de mirar de frente a quienes ese mismo sistema deja fuera? Ahí, y no en la recaudación, se juega de verdad el futuro de esta saga.

