Spider-Man no está en los Vengadores — y eso es lo mejor que le ha pasado al MCU

El hechizo de No Way Home borró a Peter Parker de toda memoria humana. Por eso no está en los nuevos Vengadores. Y eso, que parece una exclusión, es en realidad el arco narrativo más valiente que ha dado el MCU en años.

✍🏻 Por Clara Domenech

agosto 12, 2026
  • El hechizo final de No Way Home borró a Peter Parker de la memoria del mundo entero, y por eso no está en los nuevos Vengadores.

  • El arco de Tom Holland es uno de los mejor construidos del MCU: villanos memorables y consecuencias narrativas que de verdad duelen.

  • Que Marvel se atreviera a dejar a Peter en esa soledad absoluta me parece una jugada valiente que le devuelve al personaje su esencia más dolorosa.

Tom Holland como Spider-Man en Spider-Man: No Way Home


Hay preguntas que circulan por el fandom Marvel como si fueran mantras: ¿dónde estaba Ojo de Halcón durante Infinity War? ¿Por qué Thor no fue directo a por la cabeza? Y ahora, con los nuevos Vengadores tomando forma, la pregunta del millón es otra: ¿por qué no está Spider-Man? La respuesta no tiene nada que ver con derechos de estudio ni con decisiones caprichosas de producción. Está enterrada en una de las escenas más desgarradoras de todo el MCU, y es mucho más interesante de lo que cualquier titular puede resumir.

Si llevas siguiendo a Peter Parker desde los cómics, sabes que este personaje siempre ha pagado un precio real por ser quien es. La versión de Tom Holland no es ninguna excepción. Es, de hecho, la adaptación más fiel a ese espíritu desde hace décadas. Vamos a repasar el camino que le trajo hasta aquí.


De Queens al mundo

Todo empieza en Capitán América: Civil War (2016), cuando Tony Stark aparece en el apartamento de Peter Parker para reclutarlo. Es un debut que encajó desde el primer segundo: un chico de instituto nervioso, con un traje casero cosido con sudaderas de chándal, que claramente lleva siendo Spider-Man mucho antes de que alguien le llame superhéroe. Tom Holland lo bordó en diez minutos de película, y bastó para que todos quisiéramos ver más.

El Buitre y el giro de guion que todavía duele

Spider-Man: Homecoming nos trajo al Buitre, y tengo que decirlo: Adrian Toomes sigue siendo uno de los mejores villanos del MCU y está terriblemente infravalorado. No quiere destruir el universo. Es un trabajador al que el sistema aplastó después de la Batalla de Nueva York, y que decidió aprovechar la tecnología alienígena que quedó tirada para montarse su propio negocio ilegal. Michael Keaton le da una humanidad que pocos antagonistas de la franquicia tienen.

Y luego está ese giro: Peter descubre que Toomes es el padre de Liz, la chica que le gusta. Un golpe de guion ejecutado con una precisión quirúrgica que todavía te corta la respiración la primera vez que lo ves. La escena del coche, con esa mirada de Keaton por el retrovisor, es de las que enseñaría en una clase sobre cómo construir tensión sin una sola explosión.

El traje que le manda Stark tiene también su propio detalle adorable: una IA llamada Karen, con la voz de Jennifer Connelly, que ayuda a Peter con los modos del lanzaredes, análisis tácticos e incluso sus líos sentimentales. Un toque que lo dice todo sobre el tipo de héroe que es este chico.

Mysterio y la era de la desinformación

Far From Home juega con algo muy contemporáneo: la necesidad de creer en alguien después de una pérdida enorme. Con Stark muerto, Peter está completamente a la deriva. Y Quentin Beck, Mysterio, lo aprovecha sin piedad. Beck usa tecnología holográfica avanzada y drones para fabricar amenazas y presentarse como el héroe que las resuelve. Es el villano perfecto para nuestra época, un maestro de la narrativa falsa.

El golpe final llega en los postcréditos: J.K. Simmons, insuperable como J. Jonah Jameson, emite un vídeo manipulado que revela al mundo entero que Spider-Man es Peter Parker. La vida de un adolescente, destruida públicamente en cuestión de segundos. En ese momento, el tono de toda la saga cambia para siempre.

No Way Home: el sacrificio más silencioso del MCU

No Way Home es, sin duda, la película más ambiciosa y emocionalmente exigente de la trilogía. El fan service del multiverso está muy bien ejecutado, y lo disfruté sin ningún tipo de vergüenza, pero lo que de verdad importa es lo que le cuesta a Peter llegar hasta el final.

Para intentar arreglar el caos mediático, Peter acude al Doctor Strange, que lanza un hechizo para que nadie recuerde que es Spider-Man. Pero Peter lo va modificando sobre la marcha para proteger a sus seres queridos, y eso fractura el multiverso trayendo a villanos de otras realidades: el Duende Verde, el Doctor Octopus, Electro, el Hombre de Arena, el Lagarto.

La única solución real resulta ser un hechizo definitivo que hace que todo el mundo, en todos los universos, olvide que Peter Parker existe. No que es Spider-Man. Que existe como persona.

Y Peter lo acepta sin dudar.

Después va al trabajo de MJ. La mira durante unos segundos. Y se marcha sin decirle nada, porque sabe que reaparecer en su vida solo la pondría en peligro. La última imagen de este arco es Peter solo en un pequeño apartamento, cosiendo su traje a mano, sin la tecnología de Stark, sin nadie que le recuerde quién fue.

Y aquí es donde a los que venimos de los cómics se nos encoge algo por dentro. Porque este final es, en el fondo, la versión cinematográfica de One More Day, aquel arco de 2007 en el que Peter también sacrifica su vínculo con MJ, allí a través de un pacto con Mefisto. En las viñetas aquello se sintió como una imposición editorial que muchos odiamos; aquí, en cambio, es una decisión que nace del propio personaje. Marvel ha cogido una de sus ideas más polémicas y le ha dado, por fin, el peso emocional que siempre debió tener.

La razón de la ausencia

Los Vengadores no pueden llamar a alguien que no recuerdan que existe. Es así de sencillo y así de brutal. Peter Parker no fue excluido del grupo. Se borró a sí mismo del mundo para proteger a las personas que quiere. Eso es exactamente lo que Spider-Man lleva haciendo en los cómics desde los años sesenta: cargar solo con una responsabilidad enorme, perder más de lo que gana, y seguir haciéndolo de todas formas.


La ausencia de Spider-Man en los nuevos Vengadores no es un descuido narrativo ni una laguna de continuidad. Es la consecuencia directa y honesta de uno de los arcos más completos que ha producido el MCU hasta la fecha. Peter Parker pagó el precio máximo de ser un héroe: desaparecer para que los demás estén seguros.

Y honestamente, parte de mí espera que Marvel no tenga prisa en deshacerlo. Vivimos en una franquicia adicta a los botones de reset, donde cada muerte y cada sacrificio parece llevar fecha de caducidad. Por eso me aferro a este Peter solo en su apartamento: es de las pocas veces recientes en que una consecuencia se siente permanente, real, ganada. Si vuelve algún día, ese reencuentro tiene que estar a la altura de lo que se sacrificó. La barra está altísima. Y eso, para variar, es una señal de que todavía hay razones para tener fe en esta franquicia.


Crecí con los cómics de Marvel y me enamoré del MCU desde el primer “I am Iron Man”. Me encanta seguir teorías, analizar tramas y perderme en cada nuevo estreno, pero también sé cuándo algo no está a la altura. Disfruto del hype, pero escribo con criterio. Porque si no le exigimos al cine que mejore, ¿entonces para qué estamos aquí?

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