Eli Roth mintió sobre el uso de IA en su película — y le pillaron en redes

Eli Roth describió varias secuencias de Ice Cream Man como animación tradicional hecha a mano. Fueron los usuarios de redes quienes descubrieron que eran IA. Roth lo admitió después. Hollywood lleva años haciendo esto en silencio.

✍🏻 Por Alex Reyna

agosto 7, 2026
  • Eli Roth reconoció haber usado inteligencia artificial en algunas secuencias de Ice Cream Man después de haber descrito inicialmente esas escenas como animación tradicional hecha a mano.

  • Fueron los usuarios de redes sociales, y no el equipo creativo, quienes destaparon la participación del estudio de efectos con IA Dark Half, lo que encendió el debate público.

  • El caso encaja en una tendencia clara en Hollywood: la IA ya está dentro de muchísimas producciones, pero los cineastas evitan admitirlo por miedo al rechazo.

  • Opinión: la transparencia no debería ser opcional cuando hablamos de cómo se hace una película; el secretismo solo alimenta la desconfianza y frena una conversación que ya es inevitable.

  • Estas polémicas se van a repetir cada vez más, y lo verdaderamente relevante no es si se usa IA, sino cómo decidimos hablar de ello.


Hay algo perturbador en la idea de que una herramienta pueda estar en todas partes sin que nadie quiera reconocerlo. No porque sea peligrosa en sí misma, sino porque su ocultamiento revela algo mucho más interesante: el miedo que rodea a una revolución que ya ha empezado.

La inteligencia artificial lleva tiempo infiltrándose en el cine de la misma forma en que HAL 9000 se colaba en las conversaciones del Discovery One: en silencio, sin pedir permiso, y planteando preguntas que incomodan a quienes creían tener el control. El caso de Eli Roth y Ice Cream Man es solo el último capítulo de una historia que va a redefinir cómo entendemos el proceso creativo en el audiovisual.

Lo que Roth dijo… y lo que no dijo

Todo empezó con una secuencia animada. En Ice Cream Man hay un dibujo animado inquietante que hipnotiza a los niños, y Roth lo describió con todo lujo de detalles: él mismo había hecho los bocetos, inspirándose en un corto de Mickey Mouse de los años veinte. Los animadores suavizaron el movimiento y otro artista añadió ese estilo antiguo y tembloroso que buscaba.

Una historia creativa perfecta. Quizás demasiado perfecta.

Fueron usuarios de redes sociales quienes descubrieron que Dark Half, un estudio especializado en efectos visuales asistidos por IA, había participado en la producción. Las especulaciones no tardaron en llegar.

La respuesta de Roth fue calculada: «Me expresé mal. La IA se utilizó en una pequeña porción de algunas escenas de la película. Fue una oportunidad donde la tecnología y la creatividad se unieron para ayudar a dar vida a mi visión.»

Breve. Controlado. Suficiente para apagar el fuego, pero no para responder la pregunta más incómoda.

Un patrón que se repite

Lo interesante no es que Roth haya usado IA. Lo interesante es el patrón que rodea a su uso en la industria.

El director Eli Roth, envuelto en la polémica por el uso de IA en Ice Cream Man

Late Night with the Devil vivió algo parecido cuando se descubrieron imágenes generadas por IA en el montaje definitivo. Adam Shankman, director de Stop That Train, negó directamente el uso de IA tras las críticas masivas en internet.

En todos estos casos hay un denominador común: la revelación no viene del equipo creativo, sino de la audiencia.

Y eso dice mucho sobre el estado de la conversación.

No se trata solo de si la IA es una buena o mala herramienta. Se trata de que el cine siempre ha celebrado su proceso tanto como su resultado. Cuando ese proceso se oculta, la obra pierde algo difícil de definir pero fácil de sentir.

Lo que ya está pasando sin que lo veamos

Aquí está la paradoja: la IA ya forma parte del cine. No como una amenaza futura, sino como una realidad presente.

Se usa en arte conceptual, en previsualizaciones, en limpieza de planos, en mejoras de postproducción. Muchas producciones la incorporan de formas que el espectador nunca llega a identificar. La mayoría de cineastas prefieren no mencionarlo.

El miedo al rechazo está condicionando las decisiones creativas. No la ética. No la transparencia. El miedo.

Y, paradójicamente, eso es lo más humano de toda esta historia.

Me acordé de Blade Runner mientras pensaba en todo esto. En aquella película, la pregunta incómoda no era si los replicantes existían, sino si algo fabricado podía sentirse auténtico. Décadas después, seguimos haciéndonos la misma pregunta, solo que ahora la aplicamos a un fotograma, a un plano, a una textura que no sabemos si nació de una mano o de un algoritmo. Y Her ya nos avisó de que convivimos con estas herramientas mucho antes de estar dispuestos a admitir qué significan para nosotros.


El cine siempre ha absorbido la tecnología disponible. El sonido, el color, el CGI… cada innovación generó resistencia antes de integrarse con naturalidad. La diferencia con la IA es que esta vez la resistencia no viene solo del público, sino de los propios cineastas que la utilizan y después la niegan.

Lo que está en juego no es una técnica, sino la propia idea de autoría. Cuando pausé Arrival para apuntar aquella frase sobre cómo el lenguaje moldea nuestra manera de pensar, no imaginaba lo mucho que se parecería a este momento: estamos aprendiendo un idioma nuevo para hablar de creación, y todavía no sabemos pronunciarlo sin miedo.

La pregunta que queda flotando no es si la inteligencia artificial tiene lugar en el cine. Esa pregunta ya tiene respuesta. La pregunta real es si vamos a ser capaces de hablar con honestidad sobre ello. Porque la IA no va a esperar a que Hollywood decida si es bienvenida. Ya está aquí. Y cuanto más tardemos en aceptarlo, más incómodas serán las conversaciones que todavía nos quedan por tener.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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