Netflix perdió una película de 45 millones en un disco duro sin cifrar sobre una mesa

Netflix se enfrenta a una demanda de 105 millones por perder una copia sin cifrar de Fortitude, belicá inédita con Nicolas Cage y Ben Kingsley, en un disco duro sobre una mesa. El productor invirtió 45 millones. La película desapareció.

✍🏻 Por Lucas Ferrer

agosto 2, 2026
  • Netflix se enfrenta a una demanda de 105 millones de dólares por perder una copia digital sin cifrar de Fortitude, película bélica inédita con Nicolas Cage y Ben Kingsley.

  • El productor suizo Simon Afram, que invirtió 45 millones, acusa a la plataforma de no custodiar el material antes del estreno.

  • Netflix contraataca alegando que la copia llegó sin encriptar y que Afram exigió 165 millones antes de negociar.

💬 La opinión de Lucas: En una industria donde cada millón está contabilizado hasta el último céntimo, que un disco duro con una película de 45 millones «desaparezca» de una mesa de oficina me parece, como mínimo, surrealista. Y los números en juego cuentan una historia mucho más interesante que el propio robo.


Hay noticias que te hacen pausar, parpadear dos veces y releer para asegurarte de que lo has entendido bien. Esta es una de ellas. Netflix, el gigante del streaming que mueve miles de millones al año y presume de infraestructuras tecnológicas de primer nivel, ha perdido una película. No en el sentido metafórico de «no hemos podido adquirirla». La ha perdido físicamente, en sus propias oficinas, en un disco duro que estaba encima de una mesa.

Lo que parecía un tropiezo anecdótico es hoy una demanda de 105 millones de dólares, acusaciones cruzadas de extorsión y un escándalo que mezcla seguridad, confianza y los entresijos del negocio de una forma que, si fuera guion de ficción, nadie compraría. Pero aquí estamos, con Nicolas Cage en el centro del huracán —¿cuándo no?— y los abogados frotándose las manos a ambos lados del Atlántico.


La historia comienza en junio, cuando un productor asociado entregó en persona una copia digital de Fortitude, una producción bélica ambientada en la Segunda Guerra Mundial con Cage y Sir Ben Kingsley. El objetivo era que Netflix evaluara los derechos de distribución. Hasta ahí, rutina.

El problema es que la copia estaba sin cifrar. Y el productor lo sabía perfectamente.

Según la demanda, advirtió de forma explícita de esta circunstancia y pidió que el material se eliminara en cuanto terminaran de visionarlo. Una petición más que razonable para una película inédita valorada en decenas de millones. Lo que ocurrió después fue todo menos razonable.

La copia desapareció.

Sean Berney, director de cine original de Netflix, lo confirmó con una frase digna del diccionario del eufemismo corporativo: «Esto es una primera vez para nosotros. Por desgracia, alguien robó una buena cantidad de discos duros de las mesas de nuestra oficina la semana pasada. Hemos estado trabajando en esto con nuestros equipos de seguridad, sin éxito.»

El material, a día de hoy, sigue sin aparecer.

Simon Afram, el empresario suizo que financia la película, no se lo ha tomado con filosofía, y es comprensible. Cuando inviertes 45 millones, la exclusividad antes del estreno no es un capricho: es uno de tus activos más valiosos. Si esa copia acaba en manos equivocadas, el valor comercial puede evaporarse antes de que nadie compre una entrada. Desde la óptica de la taquilla, es como perder la carta antes de haberla jugado.

Nicolas Cage en la película Fortitude, en el centro de la demanda contra Netflix

La demanda, presentada el 29 de julio, exige esos 105 millones y acusa a Netflix de no garantizar la seguridad del material y de negarse a compartir los detalles de su investigación interna con el equipo legal del productor.

Netflix se defiende con dos argumentos. El primero: la película llegó sin las medidas de encriptación estándar del sector, así que no se considera responsable. El segundo: Afram no habría actuado de buena fe, sino que habría exigido inicialmente 165 millones —más de lo que pide la propia demanda— antes de explorar cualquier acuerdo. De ahí, alegan, su negativa a compartir la investigación: no negocian bajo presión.

Lo que sí ha ofrecido la plataforma es monitorizar los sitios de piratería. A fecha de publicación, no hay indicios de que Fortitude se haya filtrado.


Como analista que lleva años mirando cifras de taquilla, lo que más me llama la atención no es el robo, sino lo que revela sobre la economía del cine independiente de gran presupuesto. Recuerdo pasar tardes cruzando presupuestos con recaudaciones, y el caso Cage es un clásico de mis hojas de cálculo: capaz de encadenar un batacazo directo a plataforma con un rugido inesperado como Longlegs, que costó menos de 10 millones y superó los 100 en todo el mundo. Su nombre sigue vendiendo, y eso es exactamente lo que convierte esa copia perdida en un activo tan sensible.

Porque aquí está el detalle: 45 millones de presupuesto con dos actores de tirón, y el proyecto enterrado en una disputa legal antes de que nadie haya visto un fotograma en sala. El cine bélico rara vez es barato y depende casi siempre de una preventa de derechos sólida; que ese proceso descarrile así puede pesar más en las cuentas que cualquier fin de semana de estreno. El valor de una película antes de estrenarse es un concepto extraordinariamente frágil, y este caso lo ilustra de forma brutal.

Lo que está claro es que Fortitude ha logrado algo inusual: generar más ruido antes de su estreno que muchas películas después del suyo. Si Cage y Kingsley terminan llegando a las pantallas, lo harán cargando con una historia que ningún departamento de marketing habría podido inventar. Y en este negocio la atención también cotiza. Eso sí, probablemente no al precio que Afram habría elegido pagar: 105 millones de dólares y un disco duro perdido.


Apasionado por los números que cuentan historias, llevo más de 12 años desentrañando qué hay detrás del éxito (o fracaso) en taquilla. Para mí, cada cifra es un reflejo del público y la industria, y me encanta traducir esos datos en análisis claros y sorprendentes.

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