El guionista de Disclosure Day prohibió una palabra clave del género alien

David Koepp, guionista de Disclosure Day, eliminó por completo la palabra «alien» del guión desde el primer borrador. Una decisión de vocabulario que cambia cómo la película plantea el primer contacto.

✍🏻 Por Alex Reyna

junio 27, 2026
  • David Koepp, guionista de Disclosure Day, decidió eliminar por completo la palabra «alien» del guion desde el primer borrador.

  • En su lugar, la película recurre a «extraterrestre», «formas de vida biológicas» o «biológicos no humanos» para nombrar a las entidades del relato.

  • La elección tiene una doble raíz: creativa (el término está desgastado) y social (en el contexto estadounidense, «alien» arrastra connotaciones del debate migratorio que el equipo no quería activar).

  • Opinión: Nombrar las cosas importa más de lo que creemos. En ciencia ficción, el lenguaje no describe la realidad: la construye. Que un guionista piense en esto antes de escribir la primera escena dice mucho sobre la madurez del género.


Hay algo que los grandes relatos de ciencia ficción comparten con la filosofía: ambos empiezan por cuestionar las palabras que usamos. No como adorno, sino porque el lenguaje es el mapa con el que navegamos la realidad.

Cuando Ursula K. Le Guin inventaba idiomas para sus civilizaciones, no hacía un ejercicio estético. Se preguntaba qué dice nuestra forma de nombrar sobre lo que realmente pensamos.

Esa misma pregunta, más modesta pero igual de honesta, está detrás de una de las decisiones creativas más interesantes que ha dado el cine reciente. Y viene de un sitio inesperado: el guion de una película de Spielberg.

Una palabra que ya no dice lo que creemos

Disclosure Day llega a los cines con una premisa que, sobre el papel, suena a territorio conocido: un informante del gobierno y una meteoróloga forman una conexión psíquica mientras intentan exponer pruebas de vida extraterrestre. La dirige Steven Spielberg y la protagonizan Josh O’Connor y Emily Blunt, con Colin Firth, Colman Domingo y Wyatt Russell en el reparto.

Pero lo verdaderamente llamativo no está aún en la pantalla. Está en lo que su guionista, David Koepp, contó en una entrevista reciente.

Koepp reveló que tomó una decisión inusual desde el primer momento: borrar por completo la palabra alien del guion. No por imposición del estudio ni por capricho. Fue una elección consciente, con argumentos detrás.

El peso de una palabra gastada

La primera razón es creativa, y resulta bastante sólida.

«Alien» es una palabra que el cine ha vaciado de misterio. Tras décadas de invasiones, abducciones y criaturas de todo tipo, el término activa un catálogo mental muy concreto: naves, tentáculos, luces verdes, amenaza. Y ese catálogo cierra puertas antes de que la historia pueda abrirlas.

Al prescindir de la etiqueta, Disclosure Day puede acercarse al fenómeno desde otro ángulo: el de los científicos, el de los funcionarios, el de quienes tienen que gestionar lo desconocido con protocolos y terminología técnica. Eso genera una textura distinta. Más cercana, paradójicamente, a cómo reaccionaríamos si algo así ocurriera de verdad.

Yo fui de los que pausaron Arrival para apuntar frases en una libreta. Y la jugada de Koepp me recuerda mucho a lo que hizo Villeneuve allí: despojar al contacto extraterrestre de la grandilocuencia del espectáculo para convertirlo en algo profundamente humano. El misterio no se resuelve con una batalla, sino con la comprensión.

Cuando la ficción tropieza con la política real

Hay una segunda razón, y esta es más incómoda de ignorar.

La palabra «alien» no vive solo en el cine. En el discurso político anglosajón, y muy especialmente en el contexto estadounidense actual, se ha convertido en una forma de referirse a las personas migrantes. Una connotación que deshumaniza, que equipara lo extranjero con lo amenazante.

Koepp lo reconoce sin rodeos: no quería que nadie usara ese ruido político como excusa para desconectarse de la película o para proyectar sobre ella debates que no le corresponden.

Con «extraterrestre», «formas de vida biológicas» o «biológicos no humanos», la narrativa permanece anclada en lo que quiere ser: una historia sobre qué ocurre cuando la humanidad se enfrenta a algo que no puede clasificar.

Es un acto de precisión lingüística. Y en tiempos donde las palabras se han convertido en trincheras, eso tiene un valor que va más allá de lo cinematográfico.

El lenguaje como herramienta narrativa

En el fondo, Koepp hace lo que los mejores escritores de ciencia ficción siempre han entendido: el nombre que le das a algo determina cómo lo ves.

Lo pienso a menudo con Dune. Frank Herbert no inventó su vocabulario por capricho; cada palabra construye un mundo entero, una forma de creer y de temer. El lenguaje no decora la historia: la fabrica.

Aquí ocurre algo parecido a la inversa. Llamar «biológico no humano» a una entidad desconocida activa la curiosidad. Llamarla «alien» activa el miedo. Y el miedo, en este género, demasiadas veces es el final del pensamiento.

Que esa decisión se tomara desde el primer borrador no es un detalle menor. Es una declaración de intenciones sobre qué tipo de película quiere ser Disclosure Day.

Todavía está por ver si el resultado es tan reflexivo como su proceso de escritura. Pero ya que está en cines, parece un buen momento para preguntarse qué más asumimos por inercia: no solo en el lenguaje del cine, sino en el que usamos para describir todo lo demás.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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