-
Toy Story 5 ya está en cines y, pese a que Pixar no ha confirmado una sexta entrega, el equipo creativo ya fantasea con quién podría liderar el próximo capítulo.
-
La codirectora Kenna Harris señala a Slinky Dog y al nuevo trío tecnológico —Smarty Pants, Lilypad y Atlas— como los grandes candidatos a cargar con una futura historia.
-
El trío tech llega con voces de lujo (Conan O’Brien, Greta Lee y Craig Robinson) y, según la productora Lindsey Collins, apenas ha empezado a descubrir lo que es el juego.
Opinión: Que los creadores ya imaginen el futuro antes de que se enfríe la butaca dice mucho del cariño real que sienten por estos personajes. No huele a estrategia de marketing. Huele a que no quieren despedirse.
Hay algo curioso en cómo una saga sobre juguetes ha conseguido sostener, durante más de treinta años, preguntas que cabrían perfectamente en un seminario de filosofía. ¿Qué somos cuando nadie nos mira? ¿Tiene sentido existir si nadie te necesita? Woody, Buzz y compañía llevan décadas cargando con esas preguntas disfrazadas de aventuras de animación. Y, sin embargo, cada vez que Pixar dice «esta es la última», aparece alguien con una historia nueva que merece ser contada.
Toy Story 5 acaba de llegar a los cines. Y ya estamos hablando de la siguiente. No porque la industria no sepa frenar —que también—, sino porque parece que dentro de este universo quedan personajes que aún no han dicho lo que tienen que decir. Al menos, eso sugieren quienes están más cerca de ellos.
El equipo creativo ya mira hacia adelante
En una reciente entrevista con ComicBook, la codirectora Kenna Harris y la productora Lindsey Collins compartieron algo que, oficialmente, todavía no existe: sus ideas sobre quién podría protagonizar una hipotética Toy Story 6.
Conviene subrayar el «hipotética». Pixar ha dejado claro que no dará luz verde a otra secuela a menos que aparezca una historia con verdadero peso. Nada de secuelas por inercia. Nada de continuar porque el merchandising lo reclame. Si llega una Toy Story 6, tendrá que justificarse desde la narrativa.
Pero eso no impide soñar. Y cuando los responsables creativos sueñan en voz alta, vale la pena escucharles.
Slinky Dog y una broma que esconde algo verdadero
Harris fue directa: le gustaría ver a Slinky Dog en un papel protagonista. Y lo acompañó con una frase que tiene más capas de las que aparenta: «tiene una espalda lo suficientemente larga como para cargar con la historia».
Es un juego de palabras, claro. Pero también es una forma de decir que hay personajes que llevan demasiado tiempo en segundo plano y que merecen su momento en el centro. Slinky es uno de los juguetes originales, de los que estuvieron desde el principio. Su lealtad es casi proverbial dentro de la saga.
Podría ser interesante explorar qué hay detrás de esa fidelidad tan callada, tan constante. A veces los que menos hablan son los que más tienen guardado. Y una saga que siempre ha mirado a sus secundarios con ternura sabría darle a ese perro de muelle el peso emocional que su silencio promete.
El trío tecnológico: la nueva sangre de la franquicia
Pero si hay algo en lo que Harris y Collins coinciden con genuino entusiasmo, es en los nuevos personajes tecnológicos que Toy Story 5 introduce en el universo de la franquicia.
El trío lo forman Smarty Pants, Lilypad y Atlas. Tres juguetes de nueva generación, con una dinámica que, según Collins, funciona de manera especialmente natural. Las voces las ponen Conan O’Brien, Greta Lee y Craig Robinson, un reparto que ya de entrada promete una química particular.
Lo que más llama la atención del argumento de Collins es esto: estos personajes acaban de descubrir lo que es el juego. Están, literalmente, en el inicio de su historia. Y eso los convierte en un punto de partida narrativo casi perfecto para una continuación.
Collins lo expresó así: «El hecho de que apenas hayan probado lo que es el juego hace que sientas que van a querer más. Que van a estar deseando repetir.»
La tecnología como espejo
Aquí es donde, inevitablemente, me detengo a pensar un poco más.
Toy Story siempre ha sabido leer su época. Cuando se estrenó la primera, en 1995, el mundo aprendía a convivir con los videojuegos y los juguetes electrónicos. La tensión entre Woody y Buzz era también la tensión entre lo analógico y lo digital, entre lo que ya conocemos y lo que amenaza con sustituirnos.
Introducir ahora un trío de juguetes tecnológicos, en plena era de la IA, los asistentes virtuales y los dispositivos que nos hablan por las noches, no parece casual. La saga siempre ha usado los juguetes como metáfora de algo más grande. Y la tecnología, hoy, es quizás la metáfora más cargada de todas.
No puedo evitar pensar en Her mientras escribo esto. En esa Samantha que aprendía a sentir hablando con un hombre solo, o en los replicantes de Blade Runner que terminan deseando un tiempo que no les pertenece. Me pasé días dándole vueltas a aquella película de Spike Jonze, a esa idea incómoda de que el vínculo afectivo no necesita carne para ser real. ¿Qué significa, entonces, que un juguete tecnológico «aprenda a jugar»? ¿Es ese el primer paso hacia algo que se parece demasiado a querer?
Porque la pregunta de fondo no es técnica, es humana. ¿Qué tipo de vínculo puede construir con un niño un juguete que piensa? ¿Es distinto al de un peluche o un muñeco articulado, o es exactamente el mismo deseo de ser necesitado, solo que con otra carcasa? Son preguntas que una buena Toy Story 6 podría explorar con una profundidad que pocas franquicias se atreven a tocar.
El universo Toy Story ha sobrevivido tres décadas porque nunca ha sido solo una historia de juguetes. Ha sido una historia sobre el tiempo, sobre la pertenencia, sobre lo que dejamos atrás cuando crecemos. Si el trío tecnológico es capaz de cargar con ese peso, no tendrán una secuela: tendrán una historia que merece existir.
Y si Pixar encuentra la manera de contarla mirándonos de frente —preguntándonos qué clase de afecto estamos aprendiendo a sentir por las máquinas—, entonces no será otra secuela más. Será, otra vez, la saga diciéndonos quiénes somos cuando creíamos estar mirando juguetes.

