• Los hermanos Duffer defienden la escena en la que Will sale del armario en Stranger Things, un momento construido durante nueve años que consideran esencial para la narrativa y el arco del personaje.
• Esta situación me recuerda por qué la ciencia ficción siempre ha sido el género perfecto para hablar de lo que nos incomoda: usa lo fantástico para hacer visible lo que preferimos ignorar.
• La serie ha sufrido un bombardeo masivo de críticas negativas tras el estreno del episodio 7, bajando su puntuación en Rotten Tomatoes al 56%, la más baja de toda su historia.
Hay algo profundamente revelador en cómo reaccionamos ante lo que siempre estuvo ahí.
Durante años, Stranger Things nos ha mostrado a Will Byers como un personaje marcado por la diferencia, por el no encajar. Y ahora, cuando ese subtexto se convierte en texto explícito, cuando el personaje finalmente se nombra a sí mismo, una parte del público decide que eso es demasiado.
Como si la incomodidad de algunos fuera más importante que la verdad de un personaje que hemos seguido desde que era un niño perdido en el Mundo del Revés.
Me pregunto qué dice esto de nosotros. No como espectadores de una serie de Netflix, sino como sociedad que todavía se estremece ante ciertos actos de honestidad.
Porque al final, eso es lo que los Duffer Brothers han puesto en pantalla: un momento de honestidad radical, de aceptación propia en medio del caos. Y la respuesta ha sido un aluvión de críticas negativas que poco tienen que ver con la calidad narrativa.
El bombardeo de críticas y los números que hablan
Los datos son contundentes.
El episodio 7 de la quinta temporada, titulado «The Bridge», ha recibido una puntuación de 5.6 sobre 10 en Rotten Tomatoes, con aproximadamente 96.000 reseñas. Es el episodio peor valorado de toda la serie.
La temporada completa ha caído a un 56% en la misma plataforma, muy lejos del 96% de la primera temporada, el 90% de la segunda, el 86% de la tercera o el 89% de la cuarta.
Pero los números, por sí solos, no cuentan toda la historia. Lo que revelan es una campaña organizada de rechazo, un fenómeno que hemos visto repetirse cada vez que una narrativa popular decide dar espacio a identidades que históricamente han sido marginadas.
No es casualidad. Es un patrón.
Nueve años construyendo un momento
Lo que me parece fascinante es que este momento no es improvisado.
Los Duffer lo han dejado claro en sus declaraciones a Variety: es el resultado de nueve años de construcción narrativa. Desde el primer episodio, Will ha sido diferente. Ha sido vulnerable. Ha sido el que no encaja en los moldes que se esperan de él.
Ross Duffer lo expresó con claridad: esta escena es importante tanto desde el punto de vista temático como narrativo. No es solo un momento emotivo aislado; es la pieza que completa el arco del personaje.
Y según los creadores, es fundamental para derrotar a Vecna, el antagonista de la temporada.
La aceptación de uno mismo como acto de resistencia. Como un «que te jodan» definitivo al mal que ha perseguido a Will desde el principio.
Hay algo casi poético en esa idea. Vecna, como muchos villanos de la ciencia ficción y el terror, representa el control, la imposición de una visión del mundo sobre los demás.
Y Will, al nombrarse, al aceptarse, está rechazando ese control.
Está diciendo: «Esto es lo que soy, y no voy a esconderlo más». Es un acto de rebeldía íntima que se convierte en arma narrativa.
Me recuerda a algo que siempre me ha fascinado de la ciencia ficción: su capacidad para usar lo fantástico como espejo. En Star Trek, Gene Roddenberry puso en pantalla el primer beso interracial de la televisión estadounidense disfrazándolo de aventura espacial.
En Blade Runner, la pregunta sobre qué nos hace humanos se esconde detrás de replicantes y neones.
Aquí, los Duffer usan un monstruo interdimensional para hablar de aceptación. Y funciona precisamente porque no es forzado: es la culminación lógica de todo lo que hemos visto.
La preparación y el cuidado detrás de la escena
Matt Duffer reveló que pasaron más tiempo escribiendo esta escena que cualquier otra en toda la serie.
Y Noah Schnapp, el actor que interpreta a Will, dedicó meses a prepararse para ese momento. La mayoría de lo que vemos en pantalla proviene de la primera toma.
Eso habla de un nivel de compromiso y autenticidad que va más allá de lo habitual.
Los creadores también han expresado su preocupación por el bienestar de Schnapp, manteniéndose en contacto constante con él tras el estreno. Querían asegurarse de que la escena se sintiera verdadera, no solo para el personaje, sino para el actor que lo encarna.
Y según sus palabras, Schnapp está orgulloso de su trabajo. Como debería estarlo.
Lo que no anticiparon
Lo que sí sorprendió a los Duffer fue la magnitud de la reacción homófoba.
Admitieron que no esperaban este nivel de rechazo, especialmente considerando que llevaban años construyendo hacia este momento.
Pero quizá eso es precisamente lo que incomoda: que algo que estaba implícito se haga explícito. Que lo que podíamos ignorar o reinterpretar ahora tenga nombre y apellido.
Es un recordatorio de que, por mucho que avancemos, todavía hay resistencia. Y esa resistencia no siempre es racional.
No se basa en la calidad de la escritura o la actuación. Se basa en el rechazo a ver reflejadas en pantalla realidades que algunos prefieren mantener invisibles.
Al final, lo que queda es una pregunta: ¿qué tipo de historias queremos contar?
¿Queremos narrativas que reflejen la complejidad del mundo en el que vivimos, o preferimos quedarnos en zonas de confort que no desafíen nuestras ideas preconcebidas?
Los Duffer Brothers han elegido el primer camino, y han pagado el precio en forma de críticas negativas y ataques en redes.
Pero también han creado un momento que, para muchos espectadores, será profundamente significativo. Un momento que dice: «Tú también puedes ser el héroe de tu propia historia».
Y eso, al final, es lo que la buena ciencia ficción siempre ha hecho: usar lo fantástico para hablar de lo real. Usar monstruos y mundos paralelos para explorar quiénes somos y quiénes podemos llegar a ser.
Stranger Things siempre ha sido una serie sobre outsiders, sobre los que no encajan.
Que Will Byers, el niño que empezó todo, sea quien cierre su arco aceptándose a sí mismo no es una traición a la serie. Es su culminación lógica.

