• Stellan Skarsgård utilizó su discurso en los Globos de Oro para defender las salas de cine, advirtiendo que están al borde de la desaparición en la era del streaming.
• El actor sueco de 74 años ganó como Mejor Actor de Reparto por Sentimental Value, y aprovechó el momento para lanzar un mensaje incómodo a una industria dominada por plataformas digitales.
• Sus palabras llegan cuando los datos muestran una caída brutal en el número de pantallas, mientras las plataformas celebran cifras de visualización que nadie puede verificar.
Vamos con un dato que duele: en España hemos perdido más del 15% de las salas de cine desde 2019. En Estados Unidos, la cifra es aún más dramática. Y mientras tanto, las plataformas de streaming presumen de millones de visualizaciones que, curiosamente, nunca audita nadie externo.
Stellan Skarsgård acaba de poner el dedo en la llaga de algo que los números llevan gritando desde hace años.
El veterano actor sueco subió a recoger su Globo de Oro como Mejor Actor de Reparto por Sentimental Value y soltó una verdad incómoda delante de una audiencia repleta de ejecutivos de Netflix, Amazon y compañía: «El cine debe verse en cines». Así, sin rodeos.
Y aquí viene lo interesante: Skarsgård no habla desde la nostalgia. Habla desde la experiencia de alguien que ha trabajado en todo tipo de formatos durante décadas. Desde Good Will Hunting hasta el universo Marvel, pasando por series de prestigio. Conoce el negocio por dentro.
«En un cine, donde las luces se apagan, y eventualmente compartes el pulso con otras personas. ¡Eso es magia! El cine debe verse en cines», declaró Skarsgård. Puede sonar romántico, pero los números le dan la razón de una forma que muchos no quieren ver.
Porque aquí está el tema: una película que funciona en streaming genera conversación durante 48 horas en Twitter. Una película que triunfa en cines genera fenómeno cultural durante semanas. Y eso se traduce en dinero real.
Mirad Top Gun: Maverick. Recaudó 1.490 millones de dólares en taquilla mundial. Pero es que además generó un ecosistema completo: merchandising, reediciones en IMAX, proyecciones especiales. Todo eso desaparece cuando una película se estrena un martes por la mañana en una plataforma.
El actor sueco mencionó que las salas se están convirtiendo en una «especie en peligro de extinción». Y no exagera. Los datos de exhibición en Europa muestran que el número de pantallas activas ha caído en picado, especialmente en ciudades medianas y pequeñas.
Lo que Skarsgård está defendiendo no es solo una experiencia emocional. Es un modelo de negocio completo que sostiene a miles de profesionales.
Pensad en la cadena: distribuidores, exhibidores, trabajadores de salas, empresas de publicidad exterior, medios especializados. Todo ese ecosistema se tambalea cuando normalizamos que el estreno «de verdad» sea en streaming.
Y luego está el tema de la ventana de exhibición. Antes, una película tenía meses en exclusiva en cines antes de llegar a otros formatos. Ahora, algunas plataformas estrenan simultáneamente en salas y en casa. ¿El resultado? Caídas de taquilla del 40-50% en muchos casos.
Los exhibidores lo tienen claro: sin exclusividad temporal, no hay negocio. Y sin salas de cine, se pierde algo que ninguna métrica de streaming puede medir: el impacto cultural compartido.
Skarsgård ganó este Globo de Oro después de llevarse también el Astra Award en la misma categoría por Sentimental Value. Curiosamente, nunca ha sido nominado al Oscar en sus más de 40 años de carrera. Algo que dice bastante sobre los criterios de la Academia, pero esa es otra historia.
Lo relevante es que utilizó esta plataforma para lanzar un mensaje que debería hacer reflexionar a toda la industria.
Porque el streaming tiene ventajas evidentes: accesibilidad, catálogo infinito, comodidad. Pero pretender que sustituye a la experiencia cinematográfica es como decir que escuchar un disco en Spotify es lo mismo que ir a un concierto en directo.
Son experiencias diferentes. Y ambas deberían coexistir.
El problema es que el equilibrio se ha roto. Y los números lo demuestran: la taquilla global sigue sin recuperar los niveles pre-pandemia, mientras las plataformas acaparan cada vez más presupuestos y talento.
Aquí está la cuestión de fondo: ¿cuánto vale realmente una visualización en streaming?
Las plataformas no publican datos verificables. Dicen que una película ha sido vista por X millones de personas, pero no sabemos si eso significa que la vieron entera, la dejaron a los 10 minutos, o simplemente la pusieron de fondo mientras cenaban.
En taquilla, cada entrada vendida es un dato real. Alguien pagó dinero, se desplazó hasta una sala, y dedicó dos horas de su tiempo a ver esa película sin distracciones.
Esa diferencia es brutal. Y afecta a cómo se mide el éxito, cómo se negocian contratos, y cómo se decide qué proyectos se financian.
Skarsgård habla de «compartir el pulso» con otros espectadores. Y cualquiera que haya vivido una proyección memorable sabe exactamente a qué se refiere. Ese momento en que una sala entera contiene la respiración antes de un giro argumental. O cuando estalla en aplausos espontáneos al final.
Eso no pasa en tu sofá. Por muy grande que sea tu tele.
Las palabras del actor sueco llegan en un momento crítico. La industria sigue debatiendo modelos de negocio y ventanas de exhibición, pero alguien con su credibilidad recuerda lo esencial: el cine nació para verse en salas.
Y los datos sugieren que cuando eso desaparece, perdemos algo irreemplazable.
Si queremos que las salas sobrevivan, necesitamos más voces como la de Skarsgård. Y también público que vote con su cartera. Porque cuando se cierre la última sala de cine de tu ciudad, no habrá vuelta atrás.
Entonces entenderemos, demasiado tarde, qué era exactamente esa magia de la que hablaba un actor de 74 años con un Globo de Oro en la mano y una verdad incómoda en los labios.

