• Los Critics Choice Awards consolidan a «One Battle After Another» de Paul Thomas Anderson como favorita al Oscar, aunque su victoria sin premios interpretativos plantea interrogantes históricos que no conviene ignorar.
• La verdadera sorpresa de la noche es «Sinners» de Ryan Coogler, cuatro galardones que revelan una coalición transversal capaz de alterar por completo el guion previsto para esta temporada.
• Jacob Elordi logra un triunfo inesperado por «Frankenstein» que rompe con todos los precedentes: ningún ganador de reparto en Critics Choice ha fallado después en la nominación al Oscar.
Los premios de la crítica no predicen el futuro, pero sí cartografían el presente. Y la 31ª edición de los Critics Choice Awards, celebrada justo antes de que se abriera el periodo de votaciones para las nominaciones al Oscar, ha dejado sobre la mesa certezas, dudas y alguna sorpresa que merece análisis riguroso.
Porque los premios no se ganan únicamente con calidad. Se ganan con coaliciones, con momentum, con esa capacidad de convertir una película en «la película del año». Y este año, mientras Paul Thomas Anderson parece haber recuperado el favor de la Academia, otros nombres como Ryan Coogler o Guillermo del Toro acechan en los márgenes.
El dominio de Anderson: ¿inevitable o frágil?
«One Battle After Another» arrasó en las categorías principales: mejor película, mejor dirección y mejor guion adaptado. Es el tipo de triunfo que envía un mensaje inequívoco.
Anderson ha construido una obra que parece diseñada para seducir a votantes de todas las ramas de la Academia. En la era del voto preferencial, donde la amplitud de apoyos supera a la intensidad de las pasiones, este tipo de consenso resulta letal para la competencia.
Sin embargo, conviene no dejarse llevar por el entusiasmo. La historia del Oscar nos recuerda que ganar mejor película sin llevarse al menos un premio interpretativo o técnico es una rareza estadística.
Desde 1952, solo tres filmes lo han logrado: «El mayor espectáculo del mundo», «Cowboy de medianoche» y «Spotlight». Y si «One Battle After Another» aspira a acercarse a las veinte nominaciones, resulta contraintuitivo imaginar que solo se alzará con dos estatuillas.
Lo más probable es que siga el camino de «La forma del agua», que combinó los premios principales con victorias selectivas en apartados técnicos. Pero ahí reside precisamente la fragilidad de su posición: necesita demostrar que no es solo una película admirada, sino también amada.
«Sinners»: la amenaza que nadie vio venir
Si hay una revelación en estos Critics Choice, esa es «Sinners» de Ryan Coogler.
Cuatro premios —guion original, mejor actor joven para Miles Caton, mejor reparto y mejor banda sonora— no son fruto de la casualidad. Representan una coalición emergente que podría traducirse en apoyo real cuando llegue el momento de marcar las papeletas.
El premio al guion original resulta particularmente significativo. La Academia suele divergir de los críticos en esta categoría, inclinándose por trabajos ricos en diálogos antes que por innovaciones estructurales.
Que Coogler haya conquistado a los críticos sugiere que su película ha trascendido las etiquetas de género y ha conectado con algo esencial. Si «Sinners» logra mantener este impulso en los Globos de Oro y convertirlo en nominaciones del Sindicato de Actores y del Sindicato de Guionistas, podríamos estar ante el spoiler definitivo de la temporada.
Recuerdo la primera vez que vi «Moonlight». No era solo una película: era un acto de resistencia estética, una reivindicación de que el cine puede ser íntimo y universal al mismo tiempo. Si «Sinners» posee aunque sea una fracción de esa potencia, su ascenso no debería sorprendernos.
Jacob Elordi y el enigma de «Frankenstein»
La victoria de Jacob Elordi como mejor actor de reparto por su interpretación de la Criatura en el «Frankenstein» de Guillermo del Toro constituye uno de esos momentos que obligan a recalibrar las predicciones.
Hasta esta ceremonia, Elordi apenas había cosechado dos premios de círculos críticos menores. Su triunfo podría interpretarse como un espejismo, pero hay un dato que lo cambia todo: ningún ganador del Critics Choice en esta categoría ha fallado después en lograr la nominación al Oscar. Ninguno.
La diferencia fundamental con casos anteriores es que «Frankenstein» está sólidamente instalada en la conversación de mejor película. Del Toro, maestro indiscutible del gótico cinematográfico, ha construido una obra que dialoga con la tradición expresionista alemana y con el cine de monstruos de la Universal, dotándola de una sensibilidad contemporánea.
Elordi, en ese contexto, no es un capricho interpretativo sino una pieza esencial del engranaje. Que esté nominado no significa que vaya a ganar, pero su presencia en la carrera ya no es una hipótesis: es un hecho.
Las otras batallas interpretativas
Jessie Buckley se alzó con el premio a mejor actriz de reparto por su Agnes Shakespeare en «Hamnet» de Chloé Zhao. Su discurso, emocionalmente resonante, ofreció a los votantes algo que la Academia valora especialmente: la posibilidad de recompensar una interpretación memorable en una película que quizá no llegue a mejor película.
Buckley, actriz de una intensidad casi insoportable en pantalla, tiene ahora ventaja sobre Renate Reinsve y Rose Byrne, aunque la carrera está lejos de resolverse.
En mejor actor, Timothée Chalamet refuerza su condición de favorito con su victoria por «Marty Supreme». Sin embargo, la historia nos invita a la cautela.
Con treinta años, se convertiría en el segundo ganador más joven de la categoría en toda la historia del Oscar. La Academia ha demostrado reticencia a coronar a actores jóvenes —Leonardo DiCaprio tuvo que esperar hasta los cuarenta y uno—, y esta carrera ha sido extraordinariamente reñida.
Los precedentes no son alentadores: Chadwick Boseman, Christian Bale y Michael Keaton ganaron en Critics Choice y después perdieron en los Oscar, pese a entrar como favoritos indiscutibles. El cine, como bien sabía Billy Wilder, no perdona las certezas prematuras.
Amy Madigan ganó como mejor actriz de reparto por «Weapons», un triunfo esperado pero que plantea interrogantes. ¿Premiará la Academia una interpretación de género si resulta ser la única nominación de la película?
La historia es implacable con las nominadas solitarias en esta categoría. La última excepción fue Penélope Cruz en 2008, y aun así requirió del cambio de categoría de Kate Winslet para abrirse paso.
El camino que queda por recorrer
Con las votaciones para las nominaciones al Oscar ya abiertas, la semana que viene podría importar más que cualquier ceremonia previa. Los Globos de Oro, el Sindicato de Actores, los premios de los distintos gremios técnicos… cada uno aportará una pieza más al rompecabezas.
Y en ese proceso, no sería extraño que emergieran uno o dos contendientes adicionales que hoy ni siquiera contemplamos.
Asistimos, pues, a una temporada de premios que promete ser de las más disputadas de los últimos años. Paul Thomas Anderson lidera la carrera, pero no con la holgura que algunos anticipaban.
Ryan Coogler acecha desde los márgenes con una película que podría convertirse en el gran spoiler. Guillermo del Toro ha colocado a Jacob Elordi en el mapa de los nominados. Y en las categorías interpretativas, nada está escrito.
Los Critics Choice han cumplido su función: no la de predecir el futuro, sino la de cartografiar el presente. Y ese presente nos dice que estamos ante una cosecha cinematográfica rica, compleja y llena de matices.
Ojalá la Academia esté a la altura y sepa reconocer no solo lo evidente, sino también lo audaz. Porque el cine, cuando se atreve, siempre merece la pena.

