• Nintendo estaría preparando una película de Metroid inspirada en la trilogía Prime, lo que podría marcar su primera incursión seria en el cine de ciencia ficción adulto.
• Si ceden al espectáculo fácil y al ritmo frenético, habrán desperdiciado la oportunidad de crear cine de verdad, convirtiendo una obra maestra potencial en otro producto desechable más.
• El proyecto llega tras el lanzamiento de Metroid Prime 4: Beyond, aunque aún no hay estudio, director ni reparto confirmado oficialmente.
Hay franquicias que nacieron para el cine y tardaron décadas en llegar a él. Metroid es una de ellas. Desde 1986, la saga de Samus Aran ha construido un universo de soledad, exploración y terror espacial que bebe directamente de Alien de Ridley Scott. Y sin embargo, mientras Mario saltaba a la gran pantalla con éxito comercial, Metroid permanecía en el limbo.
Ahora, según informaciones recientes, Nintendo estaría preparando finalmente una adaptación cinematográfica inspirada en la trilogía Prime. La pregunta no es si llegará, sino si sabrán hacerla.
Porque adaptar Metroid no es adaptar un videojuego más. Es trasladar a la pantalla un lenguaje visual basado en el silencio, la atmósfera y la introspección. Es construir tensión sin diálogos innecesarios, como hacía Kubrick en 2001. Es entender que el verdadero protagonista no es la acción, sino el espacio vacío, hostil, claustrofóbico.
Si Nintendo y el estudio que finalmente asuma el proyecto comprenden esto, podríamos estar ante algo memorable. Si no, ante otro producto más de la factoría del entretenimiento desechable.
Según ha revelado el insider Daniel Richtman, Nintendo habría iniciado el desarrollo de una película basada en Metroid, aunque el proyecto se encuentra aún en fase muy temprana. No hay estudio confirmado, ni director, ni reparto. Apenas un rumor que, no obstante, cobra fuerza tras el reciente lanzamiento de Metroid Prime 4: Beyond.
Lo interesante no es tanto su confirmación —que aún no existe— como su enfoque. La película podría inspirarse en la era Prime, aquella trilogía que comenzó en 2002 y trasladó la acción a primera persona sin perder un ápice de la tensión que define la saga.
Esa decisión, de confirmarse, sería crucial. Porque Metroid Prime no es solo un cambio de perspectiva: es una declaración de intenciones estéticas. Es la exploración como acto contemplativo.
Recuerdo cuando jugué por primera vez a Metroid Prime y pensé: esto es Tarkovsky en un traje espacial. Esa capacidad de convertir el espacio en un personaje más, amenazante y bello a partes iguales. Ridley Scott lo sabía. Yoshio Sakamoto, creador de Metroid, también.
El cine de ciencia ficción ha dado obras maestras cuando ha sabido respetar el silencio. Pienso en la estación espacial de 2001: Una odisea del espacio, en los pasillos vacíos de Solaris, en la nave Nostromo.
Metroid tiene ese potencial. Samus Aran, cazarrecompensas solitaria, recorre mundos alienígenas hostiles, enfrenta piratas espaciales y desentraña misterios ancestrales en entornos que rezuman melancolía y peligro.
Pero también tiene el riesgo de convertirse en un espectáculo vacío de efectos digitales, como tantas producciones actuales que confunden ritmo con ruido y espectacularidad con profundidad.
Ya se habló de una película de Metroid en los primeros años 2000, cuando sonó el nombre de John Woo como posible director. Aquello no prosperó, quizá para bien. Woo es un maestro de la coreografía violenta, pero su cine es extrovertido, operístico. Metroid requiere lo contrario: contención, pausa, mirada interior.
En cuanto al reparto, han circulado nombres como Brie Larson o Charlize Theron para interpretar a Samus Aran. Theron tiene el físico y la presencia. Larson, el reconocimiento comercial.
Pero Samus no necesita una estrella: necesita una actriz capaz de transmitir soledad sin palabras, fuerza sin aspavientos. Pienso en Sigourney Weaver en Alien, en su capacidad para habitar el silencio. Ese debería ser el referente.
Este proyecto se enmarca en la estrategia cinematográfica más amplia de Nintendo, que ya cosechó un éxito notable con Super Mario Bros. La película en 2023 y prepara una adaptación en imagen real de The Legend of Zelda.
Pero el éxito comercial no siempre equivale a éxito artístico. Mario funcionó porque es color, movimiento, diversión inmediata. Metroid es otra cosa. Es oscuridad, introspección, vértigo existencial.
Si Nintendo tiene el coraje de respetar esa esencia, si encuentra un director que entienda que menos es más, que la cámara puede ser tan importante como el guion, entonces podríamos estar ante algo especial. Una película de ciencia ficción adulta, seria, que recupere la tradición del género en su vertiente más reflexiva.
Esperemos que busquen un Villeneuve, un Garland, alguien que sepa que la ciencia ficción no es solo naves y láseres, sino preguntas sobre la soledad, la identidad, el miedo.
Pero si ceden a la tentación del espectáculo fácil, del ritmo frenético, de los chistes para aligerar la tensión, habrán desperdiciado una oportunidad única. Metroid no es para todos los públicos. Y eso, lejos de ser un problema, debería ser su mayor virtud.
El cine necesita riesgos. Necesita producciones que confíen en la inteligencia del espectador, que no subestimen su capacidad para apreciar la belleza de un plano sostenido o el poder narrativo del silencio.
Metroid tiene todos los ingredientes para ser esa película. Tiene un universo visual potente, una protagonista icónica y una atmósfera que podría rivalizar con los grandes clásicos del género.
Porque si lo hacen bien, Metroid no será solo una buena adaptación de un videojuego. Será cine de verdad. Y de eso, últimamente, hay muy poco.

